Feminista y mestiza: la vigencia de la cueca en el siglo XXI

El conjunto Las Niñas fue decisivo en el cambio de la cueca a inicios del milenio. Foto: Claudio El Poc.

En los últimos 30 años, la cueca urbana no sólo se ha expandido, sino que además ha buscado equiparar géneros. “Las mujeres han sido muy importantes en estos procesos”, dicen los expertos.




Hace 20 años, la irrupción de la cueca brava en una ceremonia oficial irritó sensibilidades conservadoras cuando Hiranio Chávez y Rita Núñez -hija de Nano- bailaron tres pies de cueca de Los Chileneros en la gala del recién asumido Presidente Ricardo Lagos. La entonces diputada María Angélica Cristi reclamó en el Congreso que “no representaba en nada a la música chilena” y que no era “folklor auténtico”.

Sin embargo, esa cueca que no se viste de huaso ni de china, tenía raíces profundas. “La cueca urbana reaparece con mucha fuerza con la recuperación de la cultura popular que se produce al llegar la democracia y la aparición de Los Chileneros, a mediados de los años 90”, dice el musicólogo Christian Spencer, director del Centro de Investigación en Artes y Humanidades de la Universidad Mayor y autor de libros referenciales sobre la cueca.

“Desde entonces la cueca urbana empieza a ocupar un espacio muy grande, que hoy es superior al que ocupa la cueca huasa”, agrega. Una de sus variantes principales es la cueca centrina, chilenera o brava, que es heredera de la tradición cuequera de barrios populares y que se practica en mercados y ferias. “La referencia más temprana que he encontrado es de 1943, pero sabemos que surge en los años 30”, apunta Spencer.

Ha sido tanta la expansión de esta cueca que uno de sus elementos estilísticos esenciales, el canto a la rueda, cuenta Spencer, “se empezó a masificar más o menos para el Bicentenario, y hoy está por todas partes”.

El canto a la rueda es muy exigente: como los cantores se van turnando en las distintas partes de la misma cueca, requiere dominar un amplio repertorio. Otros elementos clave de esta expansión tienen que ver con cambios profundos que ha experimentado la práctica, y que dan cuenta de su vínculo con el contexto social.

“La transformación principal que ha vivido la cueca en los últimos 30 años es que se ha hecho participativa. Antes era un baile de las típicas dos personas que sabían y que la gente los aplaudía. Ahora, en cambio, es una práctica cultural participativa. La gente baila entre sí, puede haber baile entre mujeres, de viejos con jóvenes, de personas sin arreglar con personas muy arregladas”, comenta el musicólogo.

La irrupción de Las Niñas

Las mujeres, asegura Christian Spencer, “han sido muy importantes en estos procesos. En los últimos diez años la cueca se volvió feminista”. Hubo un momento clave a mediados de los años 2000, con el conjunto Las Niñas. “Ellas cantaban a la rueda, pero con voces femeninas, y eran extraordinarias. Eso impresionó mucho en los círculos de cueca, y dejó en claro que existía una cultura súper vertical y una idea de tradición basada en las enseñanzas de los varones. Y ellas vinieron a dar vuelta todo eso, sin enfrentarse, sin provocar una guerra de sexos, y finalmente surgieron muchos otros grupos que permitieron que desapareciera la masculinización que había en la cueca. Ahora lo que la lleva son las cuecas de las mujeres”, detalla Spencer.

Este movimiento, revela, lo lideran jóvenes estudiantes universitarias que se reencuentran con su cultura de origen. Asimismo, se conectan con una tradición temática que quizás sea desconocida para el amplio público, pero que se mantuvo con fuerza en la segunda mitad del siglo pasado.

Lo explica la historiadora Karen Donoso, especialista también en cueca, con varios libros publicados: “Patricia Chavarría dice que en el repertorio de las cantoras campesinas ellas denuncian los abusos a los que estaban sometidas. Hacen cuecas donde expresan su sentimiento profundo frente al abandono por ejemplo del marido, situación que está repartida por la historia de Chile”.

Las cuequeras feministas actuales, aclara, “están dando cuenta de un contexto contemporáneo, pero ellas también se reencuentran con una tradición dentro de la cueca. Eso es la cultura popular: reflejo de las demandas contemporáneas y reencuentro con las tradiciones”.

Se trata de temáticas que existieron en paralelo a las omnipresentes cuecas de letras patrióticas y paisajísticas. “Son cuecas que no estaban situadas en un lugar hegemónico de la cultura, sino subalterno, no tenían difusión. La política cultural y la propuesta estética de la dictadura busca reinstalar como representante de la identidad nacional chilena a la estética y a la sonoridad de la cueca huasa, y la privilegian. La utilizan en ceremonias oficiales, es la que se difunde a través de los medios de comunicación y la que se enseña en las escuelas”, dice Donoso.

“Con la dictadura, la cueca quedó instalada como sólo un baile, una danza. No nos enseñaron en el colegio la poesía de la cueca. Pero en los últimos 30 años, fundamentalmente por la arremetida de la cueca urbana, se recordó que la cueca ha sido la crónica de la historia popular chilena, y que puede expresar las demandas del feminismo”, agrega.

Mezclada y popular

La nueva vitalidad de la cueca urbana reafirma también su naturaleza mestiza, según indica Christian Spencer. “Como la cueca no es sólo un baile, sino una práctica social, depende de la transculturación, se le van agregando elementos de afuera. Y eso sigue ocurriendo; hoy, por ejemplo, tenemos cueca landó y cueca salsa”, apunta.

“La cueca es mestiza; es indígena, es negra y también es hispana. Durante cien años se nos quiso hacer ver que la cueca era blanca, únicamente hispana, porque concordaba con una idea de nación europeizada”, agrega.

A su juicio, es sólo un mito, igual que la creencia de que la cueca viene de las clases altas. “Siempre ha sido un baile popular. El único dato empírico concreto que tenemos es lo que dice José Zapiola, en su libro Recuerdos de 30 años: que la trajeron los ejércitos libertadores desde Lima, y los batallones no estaban formados por gente de la élite. Eso habría sido aproximadamente entre 1824 y 1825. Y a partir de 1831, ya la encontramos en las celebraciones oficiales, en las chinganas y en los salones de la élite. Al mismo tiempo”.

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