¿Puede el K-Pop ser subversivo? Expertos cuestionan su influencia política en Chile

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El grupo surcoreano BTS.

Luego que el pop coreano apareciera mencionado en un informe del Ministerio del Interior sobre el estallido social y la influencia extranjera en los disturbios, productores e investigadores ligados a este género ponen en duda ese vínculo y analizan de qué manera este movimiento ha penetrado en una generación de jóvenes chilenos. "El K-Pop en sí no tiene afiliaciones políticas específicas, sino que tiene ciertos objetivos, como la superación personal", dice la investigadora de la Usach, Constanza Jorquera.




A más de veinte años de su consolidación local y a siete de su llegada oficial a Chile, con los primeros conciertos de este estilo en Santiago, el K-Pop, el género musical que Corea del Sur exporta al mundo, vuelve a ser tema país.

Un fenómeno que The New York Times consignó en un comentado reportaje de 2017, donde dio cuenta del singular culto local a esta música, y que ahora vuelve a reflotar, luego que La Tercera revelara este fin de semana parte del informe que el Ministerio del Interior entregó a Fiscalía con datos de actividad en redes sociales desde el viernes 18 de octubre, donde se realiza una caracterización de los jóvenes ligados a la protesta social. Entre los datos que incluye el reporte, se destaca que "son aficionados al K-pop".

Si bien el informe gubernamental no establece un vínculo concreto entre este tipo de música y las causas de las protestas y los actos de violencia, ha llamado la atención de los propios usuarios de redes sociales que este género musical aparezca mencionado en un documento que intenta presentar pruebas para establecer la "influencia de extranjeros" en la agitación social de los últimos dos meses. Principalmente, porque el pop que se exporta desde Seúl no contiene en sus letras alusiones a temas sociales o a política contingente. Más bien los prohíbe.

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El grupo Super Junior.[/caption]

Manejada por un puñado de gigantescas agencias, la industria del K-Pop recluta a sus artistas (o "ídolos", como se les conoce) desde muy jóvenes para inculcarles disciplina de trabajo y los valores de la conservadora sociedad surcoreana. Además del rígido entrenamiento al que son sometidos, con clases de baile y canto, los cantantes firman contratos que incluyen varias restricciones, entre ellas, la prohibición de beber alcohol y consumir drogas y -en algunos casos- para referirse públicamente a sus relaciones de pareja o a sus opiniones políticas.

Este contrato casi absoluto de su vida personal por parte de las agencias, sumado al intenso ritmo de trabajo y a la sobreexposición a la que están expuestos, ha sido cuestionada desde el resto del mundo en el los últimos años, sobre todo después de los comentados suicidos de algunas estrellas del pop coreano, como Kim Jong-hyun, Sulli y Seo Min-Woo.

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Kim Jong-hyun.[/caption]

Si bien estilísticamente combina diversos sonidos y épocas del pop anglo -como R&B, electrónica y otros ritmos-, su propuesta no contiene las alusiones sexuales o más deslenguadas que hoy incluyen otros ritmos de gusto masivo, como el pop anglo, el hip hop o la música urbana latina. En cuanto a su conexión con las problemáticas sociales, lo único que parece ser tratado por los ídolos, en especial luego de su expansión al mercado anglo, son algunas causas planetarias más amplias, ligadas a organismos como la ONU y Unicef.

"Pensemos que la sociedad coreana también es muy resguardada en lo políticamente correcto, para bien o para mal. Los idols tienen tanta presión que el último tiempo hemos visto una seguidilla de suicidios de tanto que se les exige ir por el camino correcto", comenta Lorena Miki, periodista y conocedora de este género musical, con experiencia en algunos conciertos de pop coreano que se han hecho en Chile, como el SM Town Live, que marcó un hito en enero con dos shows consecutivos en el Estadio Nacional.

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El grupo femenino Twice.[/caption]

"Absolutamente el K-Pop no tiene nada que ver con política", asegura. "Yo creo que el K-Pop se ha tomado las calles, ha hecho que muchos jóvenes salgan incluso de sus casas, bailando, haciendo muchas cosas, incluso realizando labores muy positivas, porque los fandoms del K-Pop tienden a seguir a sus ídolos y ayudan a los jóvenes en riesgo social, por ejemplo. Hay una influencia pero en ese sentido, porque las conductas de los llamados 'idols' van siempre por lo positivo, por lo legal, por cumplir las leyes".

Constanza Jorquera, investigadora asociada del Centro de Estudios Coreanos de la Usach, comenta: "No me gusta hablar de apolítico, porque para mi todo es político, pero sí veo que acá la lógica es que el K-Pop en sí no tiene afiliaciones políticas específicas, sino que tiene ciertos objetivos, como la superación personal, lo de salir adelante, trabajar duro, que es algo muy asiático y que puede hacer eco acá".

Según la investigadora, "este estallido demostró que los jóvenes sí están interesados en política y sí quieren una sociedad mejor", aunque necesitaban una narrativa. "Y como hoy no tienes partidos políticos, ni grandes himnos, si bien se ha rescatado a Víctor Jara y a la cultura popular, los jóvenes no tienen eso, obviamente toman sus intereses, los fanatismos que tienen, para canalizarlo en forma de  movilizaciones, entonces lo pueden poner en un cartel o compartir contenido alrededor de eso, pero no es que el K-Pop en sí llame a eso".

Fenómeno local

Gonzalo García, de la productora Noix, realiza shows en Chile de pop coreano desde hace ocho años -incluyendo el SM Town Live- y ha seguido de cerca la expansión local de un fenómeno que se ha traducido en cada vez más conciertos de este estilo en Chile, bloques dedicados al género en televisión y radio y hasta el debut de un grupo de K-Pop en la Teletón del año pasado.

"Una de las cosas que tiene y que nunca he visto en ningún otro género es que tiene una cierta pureza, son cabros que se instalan en el parque San Borja bailando, compartiendo, no ves a nadie tomando, drogándose. Es un movimiento muy sano, de niños pequeños y de adultos también, en pro de un gusto musical muy particular. Pero diría que mayoritariamente chicos sanos. Nunca hemos tenido problemas en los conciertos, manifestaciones de ningún tipo, como quizás sí se puede ver en un concierto de rock, por ejemplo", comenta el productor.

Los orígenes de este culto entre el público nacional y la música pop de Seúl es algo más complejo de descifrar y rastrear, aunque todos quienes han seguido de cerca el fenómeno coinciden en que los jóvenes chilenos fueron claves en la expansión global de esta industria y en especial de sus grupos más populares, como Super Junior, Monsta y BTS.

"Chile mostró un enorme entusiasmo por BTS desde el principio de su carrera", comentó a este medio el autor estadounidense Adrian Besley, biógrafo del popular conjunto coreano. "Es un fenómeno que que me parece integral para el poder de la Ola coreana. Parecieron ser uno de los primeros públicos fuera de Asia que logró que este sonido y estilo cruzara fronteras internacionales y borrara los límites geográficos", agregó.

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