Tres hitos de acusaciones salvajemente constitucionales en el Congreso

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ENRIQUE ESTAY - DIPUTADO - UDI - LLEGADA - CONGRESO NACIONAL - CAMILLA - VOTACION - ACUSACION CONSTITUCIONAL CONTRA YASNA PROVOSTE - POLITICA - VALPARAISO - CHILE

Diputados en camilla, senadores retando a ministras y funerales vikingos en La Moneda. Antes de que el martes arranque en la Cámara el juicio político contra Marcela Cubillos, tal vez sea hora de recordar algunos crispados pasajes de lo que son capaces de provocar en parlamentarios y ministros las acusaciones constitucionales. Las últimas dos destituciones derribaron, precisamente, a titulares de Educación.




No va poder viajar al extranjero para el feriado largo de Fiestas Patrias. Tal cual. Pocos lo saben o recuerdan, pero cuando una autoridad encara una acusación constitucional, también enfrenta una suerte de orden de arraigo. Les ha pasado a todas y todos quienes han pasado por este trago amargo en las 25 veces que ha ocurrido desde 1991, y también le tocará a la ministra de Educación, Marcela Cubillos: a contar del martes, después que se dé cuenta a la sala de la Cámara de Diputados del inicio del juicio político  en su contra, La secretaría de la misma debe oficiar al jefe de Extranjería de la Policía de Investigaciones de que automáticamente le estará prohibido salir del país hasta que termine el proceso, invocando "el artículo 52, N°2, inciso tercero, de la Constitución Política de la República" y el "artículo 399, inciso final, del a Ley 18.918 orgánica constitucional del Congreso Nacional".

Después de eso viene el típico "Dios guarde a Ud" y la firma de Miguel Landeros, secretario de la Cámara. Pero pese a la formalidad casi marmórea de los escritos, documentos y transcripciones de intervenciones donde abundan los "sus señoría", los "¿me permite, señor Presidente?", los "si le parece a la sala", las incontables veces en que se usa el vocablo "libelo acusatorio", las discusiones bizantinas sobre si tiene o no "mérito jurídico" y todos los otros demases que suenan a griego para los ajenos al Legislativo, estas acusaciones no son otra cosa que batallas políticas donde el gobierno y la oposición de turno se dan con todo con tal de medir fuerzas y tratar de provocarle dolorosas bajas al rival (o evitarlas). En parte por eso luchan por alcanzar o rozar una amplia mayoría en cada elección parlamentaria.

La que comenzará la próxima semana, como casi todas las anteriores que han pasado por el Parlamento, en el papel parece no tener los votos suficientes; pero nunca se sabe porque todo depende de pactos, escaramuzas y pequeñas traiciones que se cobran más tarde. En el conteo, han sido precisamente dos ministros de Educación los últimos que han perdido el cargo en Valparaíso: Yasna Provoste Campillay (2008, Michelle Bachelet, Parte I) y Harald Beyer Burgos (2013, Sebastián Piñera, Parte I). También han pasado por esto intendentes, ex ministros que después fueron Presidentes (como Ricardo Lagos Escobar, 1998), jueces de la Corte Suprema y hasta Augusto Pinochet, cuando estaba cambiando el uniforme por el traje de senador vitalicio (1998).

¿Sacan estos juicios políticos lo mejor o lo peor de sí de algunos parlamentarios? ¿Hasta dónde son capaces de llegar los bandos en pugna con tal de derribar a un ministro? ¿Se pierde tiempo o no en nimiedades en la sala? Revisando, conversando con veteranos y haciendo memoria, acá van algunas microescenas de lo "especial" de esta expresión fiscalizadora del Congreso.

1992: Piñera patea el último penal contra Cereceda, cuando todo ya está decidido

Fue hace tanto tiempo que muchos de los diputados y senadores -todavía existían los designados- que la votaron ya no están con nosotros. Otros siguen más que vivos aunque no estén en el Congreso, algunos continúan allí y uno de ellos es Presidente de la República por segunda vez. Los acusados eran los entonces ministros de la Corte Suprema Hernán Cereceda, Lionel Béraud, Germán Valenzuela y el entonces famoso auditor general del Ejército, Fernando Torres Silva, El Fiscal Torres. Pinochet había dejado La Moneda hace apenas dos años y seguía en la comandancia en Jefe. Patricio Aylwin era Presidente aunque "en la medida de lo posible", porque le tocaban boinazos y ejercicios de enlace cada vez que su antecesor se sentía amenazado.

Impensable y todo, la Concertación y parte de la derecha de entonces unieron fuerzas y votos en un complejo proceso en que dividió el proceso en capítulos y causales, separando las votaciones -además- por cada ministro. Cereceda, el único de los cuatro que fue destituido, cayó por la causal de notable abandono de deberes: se le acusaba de denegación de justicia por retrasos injustificados en el proceso por el secuestro y desaparición del militante del MIR Alfonso Chanfreau (1974).

En los últimos cincuenta metros de esa trama se mezclaron nombres como el del Presidente Piñera, entonces senador RN por Santiago Oriente; el del hoy dirigente del PRI Hugo Ortiz de Filippi, entonces senador, y el ex ministro Jaime Campos, en ese tiempo diputado radical. En la sala de la Cámara Alta también estaban Eduardo Frei Ruiz-Tagle (antes de ser presidente, y mucho antes de ser estafado por su hermano Francisco) y su hermana Carmen (antes de pelearse con aquel).

La acusación motivó una agria disputa por lo que estaba en juego (Pinochet y sus aliados perdían a uno de sus hombre en la Corte Suprema). En la Cámara, Jaime Campos había motejado a Cereceda de "el arquetipo del juez venal", así que si el proceso se perdía, arriesgaba un juicio penal. Y la derecha más cercana a la defensa de la dictadura se ofuscó cuando vio que se desmarcaban Piñera, Ortiz de Filippi y otros senadores RN, como Ignacio Pérez Walker.

El desenlace, entre dimes y diretes, llegó en una larga y tensa votación en la sala, en la que los tres últimos se sentaron juntos. Senadores designados como Santiago Sinclair (ex vicecomandante en jefe del Ejército) intentaron disuadirlos pasándoles mensajes de Pinochet, según relata Ascanio Cavallo en la Historia Oculta de la Transición. Algunos llegaron a citar en sus discursos a Bernardino Piñera. Al final de los turnos de la votación, les tocó a Ortiz de Filippi y luego a Pérez Walker, quien con el suyo sentenció el destino de Cereceda.

A Piñera le tocó cuando ya estaba todo decidido, pero igual argumentó. El diario de sesiones perpetuó su argumento, en línea con lo que una acusación es y no lo que parece: "No somos un tribunal letrado que debe actuar en base a prueba regulada".

2008: La maratón en camilla de Estay para destituir a Provoste

Fue el primer aviso que la Concertación perdía el poder, como le pasó dos años después con el primer triunfo de Piñera. Andrés Allamand y Marcela Cubillos -vaya vueltas de la vida- la enarbolaron como símbolo del "desalojo" en su libro La Estrella y el Arcoiris. Fue tan dolorosa para la entonces destituida ministra, que seis años más tarde (tuvo que esperar los cinco años de castigo inhabilitante para cargos públicos) regresó triunfal al Congreso como diputada DC recién electa: todavía estaban ahí algunos de los diputados UDI que la habían derrotado, extrañados porque "pasa por delante de nosotros y no nos saluda".

Pero es por lejos recordada porque la oposición de derecha de entonces se empeñó tanto en derribarla, que hizo viajar a uno de sus diputados de Temuco a Valparaíso en camilla para votar, pese a estar hospitalizado por una dolencia lumbar que lo tenía postrado. Traslados en avión, en ambulancias, balizas, flashes y todo un despliegue hicieron que nunca un voto, como el del entonces diputado UDI Enrique Estay Peñaloza, motivara tanto esfuerzo. Por lo mismo, sus adversarios tacharon todo eso de "show" y "tongo".

Once años después, Estay cuenta que aún le pesan ambas palabras. "Todavía me queda el sentimiento amargo de que la gente creyera que fue un show, incluso hasta gente del lado de uno", relata. Recuerda que estaba internado en la Clínica Alemana de Temuco por una crisis lumbar "que me tenía inmovilizado. Me habían infiltrado, pero no me hacía efecto y el dolor no se me pasaba", y que tenía que guardar reposo. Pero el día que tenía que votarse la acusación contra Provoste en la Cámara "me empezaron a llamar insistentemente de la presidencia de la UDI, no recuerdo si Jovino Novoa o Juan Antonio Coloma. Me insistían que tenía que llegar lo antes posible a Valparaíso, que no podíamos sufrir el chascarro de perder por un voto".

Sigue: "Les dije que era casi imposible. Pero la presión siguió y me volvieron a llamar. Tomé conciencia de mi obligación y entonces le pedí el alta al médico, pero -obviamente-, me dijo que no, que era una irresponsabilidad. No voy a decir quién era, porque es conocido. Le dije que tenía tres asientos reservados en LAN para irme tendido en el avión, y al final el gallo, de muy mala gana, me dio un alta o certificado, pero salvando su pellejo".

Estay relata que se fue acostado en el vuelo, "y que en Santiago había todo un operativo. Yo no tenía idea de nada, porque esto corría por cuenta del partido o no sé de quién, pero yo no pagué. Ellos me decían que tenía que llegar como fuera. Tampoco entendía la parafernalia de cámaras y prensa, y al llegar al Congreso sufrí una funa de los partidarios de la Yasna, que me gritaban que era un tongo. Y ahí mi amigo Juanito Lobos, que en paz descanse, me llevó al policlínico del Congreso para que me dieran otro sedante, con lo que me pude sentar en una silla de ruedas".

Recuerda además que cuando logró instalarse en el hemiciclo "se produjo una escena humana: la Yasna me fue a saludar a mi silla. Me preguntó cómo estaba y le dije que como ves, pero vine a cumplir con mi obligación, y ella me contestó está bien, pero tienes que cuidarte, y regresó a su lugar.

Al final, Estay y sus dolencias viajaron casi por nada. Su voto no era vital: esa tarde del 3 de abril del 2008, Provoste fue destituida por 59 votos a favor, 55 en contra y dos abstenciones. O sea, cuatro votos de diferencia. "Me podría haber quedado perfectamente en Temuco y no haberme expuesto, pero me quedo con la conformidad de que se consiguió el objetivo. Pero no fue un show, y hasta hoy tengo dos hernias lumbares".

2013: ¿Beyer, Báyer o Béyer? y un show en el Senado

Cuando fue destituido, la Moneda hizo de sede de un funeral vikingo. El Presidente Piñera, sus ministros, subsecretarios, asesores, funcionarios y demases colmaron el Patio de Los Naranjos para homenajear y despedir al ilustre caído. Hubo discursos. Lágrimas. Abrazos y palmoteadas en la espalda en ese amargo abril piñerista, antesala de la aplastante derrota electoral municipal de unos meses más tarde, y anticipo del regreso de Bachelet.

Después, Piñera y Harald Beyer se distanciaron. Se comentó mucho que lo dejaron un poco botado. Pero durante la lucha en el Congreso el gobierno cerró filas con furia, porque además vivió en carne propia la venganza por el sacrificio de Provoste. El mismo Beyer dijo que había sido una injusticia y hubo muchas alusiones durante el debate. Los senadores oficialistas salieron a la cancha, algunos de ellos enardecidos porque culpaban al entonces presidente del PS y diputado, Osvaldo Andrade, de haber celebrado la fase anterior en la Cámara diciendo que "¡Ya matamos a uno!", cosa que él niega hasta hoy.

Escenas hubo muchas, pero quizás casi ninguna tan sabrosa como la que recogió el Diario de Sesiones del Senado de ese 16 de abril, cuando iba a hacer uso de la palabra el senador Alejandro Navarro. El UDI Juan Antonio Coloma intentó intervenir para que se le impidiera hablar, porque no había estado "en la vista de la causa" por haber ido a Venezuela. Navarro acusó a la derecha de "no haber tenido piedad" con Provoste y tachó al ministro acusado de "el ideólogo, el padre de la criatura, el defensor, el protector, el guardián del lucro".

Luego, mientras hablaba, la ministra vocera Cecilia Pérez -sentada junto a Beyer y a Cristián Larroulet- musitó algo en voz baja que muchos leyeron como un insulto, el DC Jorge Pizarro (que presidía) la retó a viva voz y el debate se fue penosamente por las ramas de las ramas, llegando incluso a una discusión sobre cómo se pronunciaba el apellido del ministro. Textual:

El señor NAVARRO: Al Ministro lo llaman "Harold Bayer". Hasta la Ministra Matthei le dice "Bayer". Todo el mundo se equivoca con su nombre. ¡Y es Harald Beyer, guardián del lucro...! Ese es el nombre. Y creo, señor Presidente, que si es procedente y hay mayoría para destituirlo, le habremos hecho un bien a Chile.

El señor PIZARRO: Perdón, Su Señoría.

Señora Ministra, ¡no tiene ningún derecho a insultar al señor Senador!

¡Acabo de verla!

El señor NAVARRO: ¡La señora Ministra tiene patas grandes, señor Presidente...!

El señor PIZARRO (Presidente): ¡Así que, por favor, le pido respeto al interior de la Sala! ¡A usted más que a nadie!

El señor NAVARRO: ¡La señora Ministra insulta a la candidata Bachelet y no va a insultarme a mí...!

El señor PIZARRO (Presidente): ¡Y no me venga a decir que no, porque acabo de verla!

La señora ALLENDE: ¡No me extraña, señor Presidente!

El señor PIZARRO (Presidente): ¡Lo que le corresponde es pedir disculpas! ¡No venga a mentir! ¡Repito que acabo de verla! ¡Por favor...!

Puede proseguir el Senador señor Navarro.

El señor NAVARRO: Señor Presidente, la derecha se irrita cuando le dicen la verdad. Termino diciendo: ¡Patagonia sin represas! ¡Nueva Constitución, ahora! ¡No más AFP! Voto a favor de la acusación contra el Ministro Harald Beyer.

Después, Pizarro le dio la palabra a Novoa. Después, a Jaime Orpis. Eran otros tiempos. Después, a Lily Pérez, quien tampoco sigue en el Senado:

La señora PÉREZ (doña Lily): Y aquí he escuchado durante todo el día a Senadoras y Senadores que, después de hacer un largo balance y decir que no hay nada personal contra el Ministro Beyer (pronunciado como "Báyer")...

El señor NAVARRO: ¡"Béyer", Senadora!

La señora PÉREZ (doña Lily): ¡"Báyer"!

Presidente, le pido que los colegas de las bancadas de enfrente no interrumpan, porque yo los escuché atentamente. Y el apellido, en todo caso, se pronuncia "Báyer".

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