Caminar: clave de la calidad de vida urbana
"La pregunta no es si Santiago es caminable, sino quiénes pueden caminarla, en qué condiciones y con qué beneficios. Responderla implica pasar del reconocimiento a la acción", dice Beatriz Mella, investigadora del Campus Creativo UNAB y directora alterna del centro CATLEC.
Santiago se ubicó recientemente dentro de las 25 ciudades más caminables del mundo según el ranking Best 100 Walking Cities, elaborado por la plataforma GuruWalk. A partir de más de 467.000 reseñas reales de usuarios, que combinan uso efectivo y satisfacción, este ranking mide la experiencia de caminar la ciudad.
Se trata de un enfoque basado en comportamiento que considera recorridos registrados, valoraciones y experiencias. Sin embargo, también refleja sus propias limitaciones, ya que tiende a concentrarse en sectores donde caminar ya es posible, dejando fuera amplias zonas donde esa experiencia es más difícil u hostil.
Más allá del ranking, la caminabilidad se ha consolidado como un indicador de calidad de vida urbana. No se trata solo de movilidad, sino de un fenómeno que articula transporte, salud, medioambiente, cohesión social y funcionamiento de la ciudad.
La evidencia es clara, ya que cuando la ciudad permite caminar, las personas caminan más. Esto tiene efectos directos en salud, reduciendo entre un 20% y un 30% el riesgo de enfermedades cardiovasculares, además de mejorar el bienestar y disminuir el estrés, entre varios indicadores que mejoran la calidad de vida.
A nivel económico, la evidencia muestra que entornos caminables favorecen el comercio local, dinamizan el turismo y mejoran la productividad al facilitar el acceso a servicios y oportunidades.
Interpretar estos resultados, sin embargo, requiere cautela. Que Santiago esté bien posicionada no significa que sea una ciudad homogéneamente caminable, sino que existen sectores donde las condiciones lo permiten. Sabemos que, mientras algunos barrios cuentan con buena conectividad, servicios cercanos y espacio público adecuado, otros enfrentan entornos fragmentados o inseguros para el desplazamiento a pie.
En este contexto, el rol de la evidencia aplicada es clave. El Centro de Transporte, Logística y Competitividad (CATLEC) es un ejemplo de cómo avanzar hacia evaluaciones más precisas, integrando datos de movilidad, accesibilidad y funcionamiento urbano. Esto no sólo permite medir cuántas personas caminan, sino comprender en qué condiciones lo hacen, cómo se vincula con la última milla, cómo se vincula con la logística urbana, y qué impactos genera en salud, emisiones y actividad económica. La caminabilidad es una expresión de cómo se organiza la ciudad.
La pregunta, entonces, no es si Santiago es caminable, sino quiénes pueden caminarla, en qué condiciones y con qué beneficios. Responderla implica pasar del reconocimiento a la acción, y de la percepción a la evidencia.
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