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Más que lluvias intensas: lo que el fenómeno climático “Niño Godzilla” podría traer para Chile

Un evento de tal magnitud implica una “reconfiguración del régimen hidroclimático”, explica la geógrafa Francesca Machiavello, de la Universidad Andrés Bello. ¿Qué significa eso? Que la gran cantidad de lluvias que caerán en un corto período de tiempo pondrán a prueba a un país -y un territorio- ya adaptado al déficit hídrico. La preocupación está puesta especialmente en las zonas afectadas en el verano por los incendios.

El fenómeno de “El Niño” podría intensificarse este año, elevando el riesgo de precipitaciones extremas en gran parte del país. Foto: ATON.

La próxima llegada del invierno traerá de regreso el ya conocido fenómeno de “El Niño”, según un reciente reporte de la Organización Meteorológica Mundial (OMM).

Cuando “El Niño” no está presente, “el viento cálido recorre desde Sudamérica hacia Oceanía a través de los vientos alisios”, lo que permite el afloramiento de la corriente de Humboldt y las bajas temperaturas del mar en la costa chilena, explica el geólogo Cristian Vera, investigador y académico de la carrera de Geología de la Universidad Andrés Bello en Concepción.

Sin embargo, señala Vera, cuando aparece “El Niño” los vientos pierden fuerza y las aguas cálidas se desplazan o permanecen frente a Sudamérica, generando un aumento de las temperaturas y, por ende, de las precipitaciones.

El calentamiento anómalo del Pacífico frente a Sudamérica altera los patrones climáticos y favorece inviernos más lluviosos.

Este año, los especialistas esperan que este fenómeno traiga, además, nuevos e intensos cambios meteorológicos; por eso lo han llamado “Niño Godzilla”.

El climatólogo Raúl Cordero, académico de la Universidad de Santiago, explica que dicho término se acuñó la última vez que hubo un evento de gran intensidad, en 2015-2016.

“Los eventos de El Niño pueden tener distintas magnitudes”, precisa el experto. Por ejemplo, cuando la anomalía en la temperatura superficial del Pacífico Tropical, frente a las costas de Ecuador y Perú, supera los dos grados de calentamiento anómalo, se habla de un “Súper Niño”.

Un aumento superior a dos grados en la temperatura del océano puede dar paso a eventos de gran magnitud, conocidos como “Súper Niño”.

Si bien reconoce que la denominación “Niño Godzilla” es algo exagerada -y no se usa en términos oficiales- sí sirve para comunicar y captar la atención de las personas sobre un escenario que, por su potencia, este año puede tener consecuencias relevantes. Es más: la OMM plantea una alta probabilidad de que el sistema se desarrolle entre mayo y julio, con una intensificación progresiva en los meses siguientes.

Más lluvia, más riesgo

El problema, recalcan los especialistas, no es sólo un aumento en la caída de precipitaciones, ya que “El Niño” de por sí aumenta las probabilidades de que el invierno y la primavera sean lluviosos.

“Durante el próximo invierno, la primavera de 2026 y el otoño de 2027 existe un riesgo mayor que en otros años de registrar eventos extremos de precipitación que pueden dar lugar a aluviones”

Raúl Cordero, climatólogo

Si pensamos que Chile ha enfrentado largos períodos de sequías, gran parte del territorio se ha adaptado a condiciones de escasez. Así lo explica la geógrafa Francesca Machiavello, académica de Administración en Ecoturismo en la Universidad Andrés Bello en Concepción. El problema de haberse “acostumbrado” a ese escenario es que la tierra -por decirlo de alguna manera- deja de estar preparada para recibir grandes cantidades de agua.

La geógrafa Francesca Machiavello explica que el país enfrenta un desajuste entre la disponibilidad de agua y su capacidad de gestión, tras años de adaptación a la sequía.

“Se genera un desajuste entre la oferta hídrica y la capacidad de gestión”, resume. La consecuencia es que el aumento de precipitaciones puede activar, además de aluviones, desbordes de ríos y remociones en masa, con impactos que van mucho más allá del clima.

Esa advertencia se vuelve más concreta en zonas ya fragilizadas. El geólogo de la UNAB Cristian Vera lo avizora: “El riesgo de remociones en masa en zonas afectadas por los incendios en Ñuble y Biobío es inminente”.

La exposición de laderas que perdieron su vegetación, o suelos que han perdido su cohesión, pueden transformarse en escenarios que faciliten deslizamientos frente a precipitaciones intensas. Y en regiones como Biobío, donde existen áreas urbanizadas en pendientes, el riesgo se multiplica. Por estos días, específicamente sectores como Penco, Tomé, San Pedro de la Paz y Santa Juana concentran la preocupación de los expertos.

Exceso de lluvias: tan dañino como el déficit

Que aumenten las precipitaciones en un país con un déficit hídrico de muy larga data podría ser una gran noticia. Sin embargo, recibir un exceso hídrico puede ser igual de problemático que no tener agua, “ya que genera múltiples riesgos”, explica la geógrafa Francesca Machiavello.

Desde el punto de vista social, añade la especialista de la UNAB, también puede haber interrupción de los servicios básicos, lo que profundizará las desigualdades territoriales.

Pero lo de las lluvias no es sólo una cuestión de cantidad. Para el doctor Francisco Lang, académico del Departamento de Geofísica de la Universidad de Concepción, el hecho de que estos eventos sucedan en un corto lapso profundiza su potencial destructivo.

A esto se suma un factor clave: el aumento de las temperaturas. “La isoterma cero va a estar más alta”, detalla, lo que “va a impedir que se acumulen aguas nieves”. En términos prácticos, más agua caerá como lluvia en lugar de nieve, aumentando el escurrimiento y la presión sobre ríos y quebradas.

¿Estamos preparados para el “Niño Godzilla”?

Cuando ocurren fenómenos como el “Niño Godzilla”, el impacto no es sólo a nivel climático: también deja ver todas las falencias que existen en la organización territorial. “La expansión urbana y las deficiencias en la planificación inciden directamente en la amplificación del riesgo”, advierte Francesca Machiavello.

“Incertidumbre”: en qué fase del fenómeno El Niño estamos y cómo afectará el clima en Chile

La experta explica que factores como la impermeabilización del suelo reducen la capacidad de absorción del agua, aumentando la escorrentía superficial y saturando los sistemas de drenaje. A esto se suma la ocupación de zonas de riesgo, como quebradas o planicies de inundación, lo que acrecienta la exposición frente a eventos extremos.

“Muchos de estos espacios son habitados de manera informal o no regulada, lo que incrementa significativamente el riesgo”

Francesca Machiavello, geógrafa

La zona centro-sur concentra gran parte de estas vulnerabilidades. “Existe exposición de infraestructura crítica, sistemas de drenaje insuficientes y alta dependencia del sector agrícola”, señala. A esto se suma la desigualdad territorial, que aumenta la vulnerabilidad de ciertos grupos.

Pese a esta realidad, los especialistas coinciden en que el país ha avanzado en su capacidad de respuesta. “Chile ya no es el mismo de los años 80. Somos mucho más resilientes”, afirma el académico UNAB Raúl Cordero.

Hoy existen sistemas de alerta temprana y una mayor capacidad de anticipación, junto a un avance tecnológico que permite adelantarse a decisiones claves. “Podemos saber que viene con meses de anticipación… no nos coge desprevenidos”, explica. Además, los eventos específicos pueden anticiparse con varios días de margen.

El geólogo Cristian Vera advierte que las lluvias intensas, sumadas a suelos debilitados por incendios, podrían detonar remociones en masa en zonas del centro-sur del país.

Sin embargo, las brechas se mantienen. La geógrafa UNAB advierte que “persisten limitaciones en la capacidad adaptativa”, especialmente frente a eventos que superan las condiciones consideradas normales. El panorama combina mayor riesgo con mayor capacidad de anticipación. Para Cordero, el mensaje es claro: “No hay que sobre reaccionar, sino estar alerta”.

En un contexto donde el evento puede preverse, la preparación se vuelve clave. “Alerta, pero sin pánico”, sentencia el geólogo de la UNAB Cristian Vera.

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