Respirar hoy: cómo la vida moderna aumentó los casos y la gravedad del asma
Más de 363 millones de personas en el mundo viven con asma y la cifra no para de crecer. La contaminación, la obesidad, los antibióticos, las cesáreas y hasta los niños que ya no juegan en la tierra tienen algo que ver. Los especialistas advierten: es más frecuenten y más difícil de tratar que antes.
El asma, la enfermedad respiratoria crónica no infecciosa más prevalente en el mundo, no está cerca de convertirse en una “epidemia”, pero sí avanza con seguridad. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), hay más de 260 millones de personas que la padecen a nivel global. En Chile, la realidad no es distinta.
“Algunos estudios nacionales en escolares han mostrado prevalencias relevantes, de alrededor de un 15%”
“En la década de los 90, la prevalencia en niños menores de 7 años era de aproximadamente el 7% de la población. Ahora puede llegar a un 15%; es decir, se ha duplicado. En los adultos se mantiene más o menos estable, entre un 7% y un 10%, que no deja de ser una prevalencia importante”, agrega Sebastián Bravo, médico intensivista de la red UC Christus.
Pero ¿qué explica este aumento? ¿Este fenómeno de salud a nivel mundial podría deberse a una sola causa?
Los expertos son tajantes a la hora de decir “no”. Es multifactorial.
“Probablemente influyen la contaminación ambiental, el humo del tabaco, la urbanización, el sedentarismo, la obesidad, los cambios en la microbiota, una menor exposición temprana a ciertos microorganismos, las infecciones virales, los alérgenos intradomiciliarios, la calefacción contaminante y, además, un mejor diagnóstico”, enumera la doctora Mónica Núñez.
La lista de variables es larga, pero la mayoría de ellas tienen que ver con cómo ha cambiado la forma de vivir en las últimas décadas.
“Se explica por múltiples factores, ambientales y de estilo de vida, que están fuertemente asociados a la modernización y la urbanización de los últimos años, más que por cambios genéticos en la población”, indica Miguel Antúnez, médico broncopulmonar de la Clínica Alemana y coordinador nacional de la Comisión de Asma en la Sociedad Chilena de Enfermedades Respiratorias.
Crisis severísimas
El asma es una enfermedad inflamatoria que afecta las vías respiratorias, “aquellas que tienen la misión de conducir el aire que inhalamos a diario desde el ambiente hasta la zona más profunda de nuestros pulmones, que son los alvéolos”, explica el doctor Miguel Antúnez.
“Cuando estas vías respiratorias se inflaman, sus diámetros, el espacio por donde conducen el aire, se empiezan a estrechar, lo que produce dificultad para respirar y sensación de pecho cerrado, silbidos y tos”, agrega.
Estos síntomas, explican los médicos, son intermitentes, recurrentes en el tiempo y tienen desencadenantes muy específicos: las infecciones respiratorias, las alergias, los contaminantes ambientales y el tabaquismo.Pero, además de ser más frecuentes, han aumentado en severidad conforme ha avanzado la prevalencia de la enfermedad.
“Cada vez es más frecuente tener que utilizar herramientas más complejas y de mayor costo para poder manejar el asma”
“No es tan raro que nos lleguen pacientes con crisis asmáticas severísimas, con asmas que han sido refractarias, que están con tratamientos de segunda y tercera línea, utilizando tratamientos biológicos –que bloquean moléculas clave que la desencadenan– y aun así, terminan hospitalizados en cuidados intensivos”, explica.
Lo alarmante es que estos casos graves no corresponden sólo a pacientes que descuidaron su tratamiento. “Tenemos gente que efectivamente sigue al pie de la letra el tratamiento y aun así puede tener crisis obstructivas súper severas”, afirma Sebastián Bravo.
Esta realidad ha obligado, incluso, a ampliar la cobertura GES del asma en Chile, vigente desde 2010, para incluir fármacos de mayor complejidad y costo. En 2025, se sumaron medicamentos biológicos de última generación para la canasta del asma grave, lo que facilita el acceso transversal al mejor tratamiento.
“Con lo que teníamos no era suficiente. Y eso también hace evidente que ha aumentado la gravedad, porque al tener que poner fármacos que son más serios es porque con el tratamiento más sencillo, entre comillas, no se la pueden todos los pacientes”, dice el médico intensivista.
Las 7 variables que inciden en una mayor prevalencia
¿Por qué hay más asma y por qué es más grave? La respuesta no es simple. Aquí, una lista de acuerdo con lo que los especialistas señalan como lo más relevante:
1. Hoy existe una detección más eficaz
“Hay una mayor precisión diagnóstica, ya que contamos con mejores herramientas”, explica Mónica Núñez. “Cuando aumentan las prevalencias es porque muchas veces cuadros de bronquitis crónica ahora se catalogan como asma porque ha mejorado la capacidad diagnóstica”, comenta Sebastián Bravo.
Sin embargo, pese a la efectividad de nuevas tecnologías médicas para identificar la enfermedad, el doctor Miguel Antúnez señala que aún persiste el subdiagnóstico, para confirmar que el aumento de casos no es aparente:
“Hay hasta un 50% de pacientes asmáticos que no son identificados ni tratados, por lo tanto, es gente que anda circulando por la vida sintomática, con dificultad para respirar y que pueden tener crisis”.
2. Contaminación ambiental + cambio climático sí afectan
La polución del aire es el enemigo silencioso que acecha a los asmáticos de forma permanente. “La contaminación empeora síntomas y crisis”, dice la doctora Mónica Núñez, académica de la Universidad Andrés Bello.
Miguel Antúnez explica cómo influye la contaminación ambiental: “Hace que las partículas que están en suspensión en el aire ingresen por la respiración y eso provoca un fenómeno de irritación e inflamación persistente y crónica en los bronquios y hace que reaccionen más fácilmente”.
Además, como consecuencia de la polución, está el cambio climático. Las alteraciones en las estaciones y los ciclos de floración generan períodos más prolongados y abundantes de liberación de polen.
El doctor Antúnez, médico broncopulmonar de la Clínica Alemana, menciona el ejemplo de Australia. Allí, lluvias torrenciales inéditas en ciertas áreas producían un fenómeno reactivo de floración. Por ende, había más polen en suspensión, y la población de esas zonas desarrollaba más enfermedades alérgicas.
3. Obesidad: Un problema de peso
Para el doctor Antúnez, “la obesidad es el factor de riesgo modificable más importante que está incidiendo en esto en el mundo”. Pero ¿cuál es la relación?
El doctor Bravo lo explica en términos concretos: “La obesidad es una enfermedad en sí misma y produce una reacción inflamatoria crónica en el cuerpo. Entonces eso también hace que el sistema inmune se active y se pueden producir varias enfermedades mediadas por esto, incluyendo el asma”.
4. ¿La higiene nos enferma?
Una de las variables más inesperadas que inciden es la “Teoría de la higiene”, propuesta en 1989 por el epidemiólogo británico David P. Strachan, quien postuló que la reducción del contacto con bacterias y microorganismos del entorno, consecuencia directa de la urbanización y la vida moderna, ha alterado el desarrollo del sistema inmunológico. Esto lo hace más propenso a sobre reaccionar de frente a agentes inocuos como el polen o los ácaros.
“Cuando no existía tanta urbanización, había más contacto con la naturaleza, con la tierra, con las bacterias. Eso permitía que nuestro sistema inmunológico se fuera acostumbrando, se fuera entrenando”, dice Miguel Antúnez.
“Y en poblaciones muy modernas, por ejemplo: en Europa, en los países nórdicos, que son sociedades muy desarrolladas, muy limpias, súper higienizadas, la incidencia del asma es altísima”, agrega.
Por otro lado, el mayor control de enfermedades infecciosas graves mediante vacunas y mejoras sanitarias ha desplazado el foco del sistema inmune desde la defensa frente a infecciones hacia una hiperreactividad de tipo alérgico.
“Es el costo que uno paga por bajar el tema infeccioso”, reflexiona Sebastián Bravo. “Hubo un cambio en nuestro patrón inmunitario porque nos expusimos menos a enfermedades, nos morimos menos”.
5. Nuestros amigos del intestino
Directamente ligado a la teoría de la higiene, pero con su propia especificidad, está el papel de la microbiota. Este concepto se refiere al ecosistema de bacterias, virus y hongos que habita en nuestro intestino y que influye directamente en el sistema respiratorio.
El médico broncopulmonar Miguel Antúnez identifica dos fenómenos actuales que están perturbando la microbiota de manera significativa. El primero es el uso indiscriminado de antibióticos.
“Los cambios de la microbiota, de las bacterias buenas, nuestros amigos que viven en el intestino y en el sistema respiratorio suceden fundamentalmente por el uso indiscriminado que hay de antibióticos en el último tiempo”. Al eliminar sin distinción bacterias patógenas y benéficas, los antibióticos empobrecen la diversidad microbiana que el sistema inmune necesita.
6. ¿Afecta haber nacido por cesárea?
El doctor Antúnez lo explica detalladamente: “Los niños pierden este paso maravilloso que hay por el canal vaginal de la mamá, donde se produce un baño de bacterias buenas. El niño aspira esto y sus pulmoncitos se llenan de bacterias que son maravillosas y que permiten que el sistema inmune florezca”, señala.
7. Los enemigos indoor
Un factor que incide y muchos desconocen es el aumento de la exposición a los alérgenos intradomiciliarios, apunta la doctora Mónica Núñez, como consecuencia directa del estilo de vida actual.
Sebastián Bravo coincide: “Hace veinte, treinta años, los niños estaban afuera en el patio jugando; ahora están mucho adentro de la casa, con la tablet o viendo pantallas. Pero hay alérgenos, como los ácaros, que están en la casa, en la ropa de cama. Entonces si uno está expuesto más tiempo a ellos también aumenta la incidencia y la prevalencia de la enfermedad”.
Un tratamiento permanente
El asma es crónica. No tiene cura, pero sí tratamiento. “Bien diagnosticada, e iniciado rápidamente el tratamiento, en más del 90% de los casos podemos lograr buenos resultados”, indica el doctor Miguel Antúnez.
El tratamiento es necesario, porque el asma tiene una alta carga sintomática, la que produce un impacto muy importante en la calidad de vida de los pacientes. El pilar fundamental para controlar la patología es el uso de corticoides inhalados a diario.
El mayor problema del asma no está en la falta de tratamientos efectivos sino en la dificultad para mantenerlos en el tiempo. La naturaleza intermitente de la enfermedad, con períodos alternados de síntomas intensos y otros totalmente ausentes, genera en los pacientes la falsa sensación de que, cuando se sienten bien, ya no necesitan medicarse.
Abandonar el tratamiento o nunca iniciarlo tiene consecuencias que van mucho más allá de los episodios agudos. Así funciona el mecanismo de deterioro progresivo: “Eso le va a significar dificultad al paciente. Los pacientes no pueden caminar, no pueden hacer ejercicio, empiezan a sentirse mal, y los niños empiezan a faltar al colegio, empieza a producirse ausencia laboral”.
Entonces, el daño más serio es el estructural. Ya advertían los especialistas acerca del fenómeno de la remodelación bronquial, una fibrosis progresiva e irreversible de las vías respiratorias que puede dejar secuelas permanentes.
“Una persona de 45 o 50 años puede tener una capacidad funcional equivalente a un adulto mayor de 80 u 85 por no haberse tratado el asma”. Como explica Sebastián Bravo, el daño pulmonar no tratado puede llegar a ser totalmente invalidante. Y no podemos perder de vista que también existe la posibilidad de padecer crisis graves que pueden producir la muerte.
El asma es una enfermedad que crece, que se complejiza y que castiga especialmente a quienes la ignoran. Pero existen tratamientos eficaces, lo importante es que los pacientes los usen todos los días.
“El éxito depende de confirmar bien el diagnóstico, educar al paciente y su familia, revisar la técnica inhalatoria en cada control, evaluar adherencia al tratamiento. Es importante informar a los pacientes cuando está cubierto por el GES, tanto en niños como adultos para la confirmación y el tratamiento oportuno, que son la parte central del manejo”, concluye
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