Cómo las olas de calor potencian la crisis del agua en Francia
Con gran parte del país imponiendo distintas limitaciones al uso de los recursos hídricos, el verano de 2026 será recordado como un punto de quiebre en el cambio climático en Europa.
Como fenómenos que van de la mano, el alza de la temperatura en Francia ha fomentado al mismo tiempo la sequía en los ríos, que ven reducidos sus caudales hasta puntos que provocan emergencia en distintos departamentos. Ahora mismo, el país europeo vive su tercera ola de calor del año, después de que las temperaturas récord de junio provocaran más de 2 mil muertes adicionales en todo el país.
Dieciséis de los 96 departamentos del país se encontraban bajo alerta naranja por ola de calor el lunes pasado, con máximas previstas de 40 grados Celsius en algunas zonas del suroeste. La sequía se agrava, y la gran mayoría de los departamentos están sujetos a algún tipo de alerta en este ámbito. Las reservas de agua también se han visto llevadas al límite, mermadas por la combinación de calor y escasas precipitaciones.
Las prolongadas olas de calor en Francia están teniendo repercusiones devastadoras para los ríos del país. El 16% de los cursos de agua franceses se habían secado el pasado mes de junio, frente al 6% registrado en junio de 2025. Y las medidas que se le piden a los franceses para ahorrar agua, en medio de todo esto, son vistas como insuficientes.
Según Météo-France, a finales de junio los suelos se acercaban a sus niveles de sequedad más extremos jamás registrados en las regiones de Alsacia, Aquitania, Auvernia, Lemosín y Mediodía-Pirineos. La vegetación reseca ya está sirviendo de combustible para los incendios forestales; 10.000 personas se han visto obligadas a evacuar en el suroeste de Francia, donde un siniestro avivado por fuertes vientos ha calcinado 4.600 hectáreas.
Las alertas por sequía en Francia se basan en una escala progresiva: partiendo desde vigilancia y subiendo a alerta, alerta reforzada y crisis. El nivel más alto prohíbe prácticamente cualquier uso no esencial del agua. Las restricciones se establecen municipio a municipio, por lo que localidades vecinas dentro de un mismo departamento pueden estar sujetas a normas diferentes.
Según la plataforma gubernamental VigiEau, a fecha de 1 de julio, 84 de los 96 departamentos de la Francia continental tenían al menos un municipio sujeto a algún tipo de restricción en el suministro de agua corriente. Si se incluyen las restricciones de agua para uso agrícola, la cifra de departamentos afectados asciende a 92 de los 96.
A 1 de julio, casi una docena de departamentos contaban con al menos un municipio en el nivel máximo de “crisis” respecto al agua corriente, lo que conlleva restricciones para regar plantas, lavar vehículos y llenar piscinas particulares.
La situación indigna a los franceses, que aseguran no es su uso particular el que más agua gasta. Los ciudadanos han recurrido a las redes sociales para expresar su malestar ante la situación, y son muchos los que critican el impacto de los centros de datos, que consumen enormes cantidades de agua: “pongan freno a esos centros de datos insaciables antes de pedirnos que nos limitemos a la hora de regar el huerto, las flores, etc.”, comenta Galinette Cendrée en una publicación de Facebook del servicio meteorológico La Chaîne Météo.
Otros señalan los cultivos de maíz que requieren mucho riego y las infraestructuras con fugas como factores que contribuyen a la crisis inminente.
“Al final, será el ciudadano de a pie quien tenga que dejar de regar sus dos geranios, mientras la red de distribución de agua subterránea, que data de los años 60, pierde agua por todas partes... Los agricultores seguirán teniendo excepciones para bombear o regar, incluso si tienen cultivos inadecuados para el clima. Es una broma de mal gusto”, apunta Fred Lordhebus, usuario de Facebook, bajo una publicación sobre restricciones de agua de Météo Basse-Normandie.
Otra persona insta a cumplir las restricciones y señala: “Ya va siendo hora de que los usuarios dejen de regar las flores y el césped. Es solo una ‘gota de agua’, pero si todos lo hiciéramos, el ahorro sería considerable”.
La crisis del agua de Francia no es un hecho aislado: los recursos hídricos renovables del país han disminuido de forma constante, registrando una caída del 14% entre los períodos 1990-2001 y 2002-2018.
Este fenómeno se ve impulsado por inviernos más secos y cálidos, con un deshielo más temprano, y por una mayor evaporación derivada del calor estival creciente. A ello se suma la elevada demanda de agua para la agricultura, el consumo doméstico y las necesidades de refrigeración de las centrales nucleares francesas.
Durante la ola de calor de junio, los reactores nucleares situados en los ríos Sena y Ródano se vieron obligados a detener su actividad debido al aumento de la temperatura del agua.
Y este domingo, el principal proveedor de energía de Francia informó que tres reactores nucleares fueron cerrados temporalmente y que otros ocho funcionan con una potencia reducida debido a la ola de calor que afecta al país.
“Debido a las condiciones meteorológicas y para cumplir con las normas sobre vertidos de agua de refrigeración, y proteger así el medioambiente”, fueron detenidos reactores de las centrales de Golfech, Bugey y Chooz, situadas respectivamente a orillas de los ríos Garona, Ródano y Mosa, indicó el grupo energético EDF a la agencia AFP.
La medida responde a una exigencia de protección ambiental destinada a evitar el vertido excesivo de agua caliente en ríos cuya temperatura ya está aumentando por la ola de calor.
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