El efecto inesperado del fenómeno de El Niño: la desaparición de la temporada de huracanes en el Atlántico
Aunque se han formado ocho tormentas con nombre, ninguna ha llegado a convertirse en huracán, pese a que algunas tenían los componentes necesarios para serlo, pero se disiparon en cuestión de días.
Por primera vez en más de 30 años, el Océano Atlántico no produjo ningún huracán en el mes de septiembre, lo que implica un nuevo hito para el fenómeno de El Niño extremo que puede convertirse en el más fuerte de la historia.
Aunque se han formado ocho tormentas con nombre, ninguna ha llegado a convertirse en huracán, pese a que algunas tenían los componentes necesarios para serlo, pero se disiparon en cuestión de días, indicó The Wall Street Journal.
Por ejemplo, la tormenta tropical Fay fue la que más se acercó a la intensidad de huracán. Sus vientos se quedaron a 6 km/h de alcanzarla, pero existe la posibilidad de que Fay sea reclasificada como huracán en la revisión final del Centro Nacional de Huracanes.
El año pasado ocurrió una situación similar y estuvo por debajo del promedio, con cinco huracanes, pero cuatro ya se habían registrado a principios de octubre, tres de ellos en septiembre.
Según los registros que datan de 1950, solo en otros tres meses de septiembre no se han registrado huracanes en el Atlántico. La última vez que ocurrió fue en 1994, y antes de eso en 1972 y 1962, indicó a CNN el doctor Phil Klotzbach, experto en huracanes de la Universidad Estatal de Colorado.
La cadena sostuvo que solo ha habido dos años sin un huracán en el Atlántico: 1914 y 1907. Pero ambos tienen una salvedad, ya que ocurrieron antes de que los satélites y los aviones comenzaran a rastrear los huracanes con mayor precisión, por lo que es posible que alguno no se haya detectado.
En los registros más recientes -desde 1950- no ha habido una sola temporada en el Atlántico sin un huracán. Las temporadas de 1982 y 2013 registraron la menor cantidad, con solo dos.
Septiembre suele ser la época ideal para la formación de huracanes, ya que las aguas cálidas que alimentan las tormentas alcanzan su máxima extensión y temperatura, junto con condiciones atmosféricas propicias. En promedio, se desarrollan entre dos y tres huracanes durante este mes, sostuvo CNN.
Esta temporada, sofocada por El Niño, ya había superado el récord más fiable de mayor tiempo de espera hasta que se materializara el primer huracán, y la ausencia de alguno al comenzar octubre sienta las bases para una temporada atlántica completa sin huracanes.
En los años de El Niño, explicó The Wall Street Journal, el aire cálido que asciende desde el Océano Pacífico genera vientos de gran altitud que soplan hacia el este, en dirección al Atlántico tropical.
“Este aire genera vientos potentes en las capas altas de la atmósfera. Estos vientos soplan con mayor velocidad que los que se encuentran más cerca de la superficie terrestre. Los científicos denominan a la diferencia entre los vientos a distintas alturas cizalladura vertical del viento”, añadió.
“Este año, la cizalladura del viento se concentra en el mismo lugar donde históricamente se forman los huracanes. Un huracán es como un motor que absorbe calor y gira impulsado por el viento. Cuando los vientos son fuertes y constantes, la tormenta puede ganar impulso. Si el viento es muy fuerte en las capas altas de la atmósfera y débil en la superficie, toda la tormenta comienza a inclinarse”, sostuvo.
“Aunque se den todas las demás condiciones propicias para una tormenta poderosa, la cizalladura del viento puede detener un huracán en seco. Todo el aire que fluye hacia el Atlántico proviene del Pacífico, lo que provoca que la cizalladura del viento en esa zona sea inusualmente baja. Dado que El Niño calienta enormemente las aguas del Pacífico, nada impide que las tormentas se alimenten de ellas y se formen en rápida sucesión”, indicó.
Según Klotzbach, la cizalladura ha alcanzado niveles récord desde este verano en algunas zonas de la denominada principal región de desarrollo del Atlántico, que se extiende desde África hasta el Caribe. Como su nombre indica, es allí donde se originan muchas tormentas en el punto álgido de la temporada -desde mediados de agosto hasta principios de octubre-, pero este año prácticamente no se han producido.
Las tormentas tropicales Dolly y Gonzalo son los únicos sistemas que se han formado hasta ahora en esta parte del océano, y una fuerte cizalladura del viento las disipó a ambas. Dolly duró un día; Gonzalo casi se extendió por dos.
Mientras tanto, las aguas extremadamente cálidas provocadas por El Niño han intensificado la temporada de huracanes en el Pacífico oriental y central. Un total de 20 tormentas con nombre, incluyendo tres huracanes de categoría 5, han azotado esas cuencas oceánicas.
La rápida intensificación del huracán Polo hasta alcanzar la categoría 5, con vientos de 290 km/h frente a las costas de México la semana pasada, lo convirtió en el tercer huracán más fuerte registrado en el Pacífico oriental.
En agosto, el huracán Lala azotó Hawái, convirtiéndose en una de las tormentas más devastadoras que ha sufrido el estado en más de un siglo. A principios de septiembre, el huracán Lowell rozó la zona, provocando cortes de energía generalizados. El huracán Polo está trayendo vientos huracanados y fuertes lluvias a la costa oeste de México tras tocar tierra recientemente.
Aún quedan dos meses, y en octubre se forma un promedio de un huracán al año; ocasionalmente, también puede formarse alguno en noviembre. Pero cuanto más avanza el mes, mayores son las probabilidades de que la temporada termine sin que se forme ninguno.
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