Las memorias de Jill Biden: su visión de la salud de su esposo y la pérdida de la Casa Blanca
En "View from the East Wing" (Vista desde el Ala Este), libro de 288 páginas publicado este martes, la exprimera dama estadounidense entrelaza la historia de la campaña de 2020 y el breve mandato presidencial de su esposo Joe Biden con temas más amplios como la salud mental, la pérdida, la familia y las relaciones que se forjaron durante ese tiempo.
A más de un año de haber dejado la Casa Blanca, la exprimera dama de Estados Unidos, Jill Biden escribió sus memorias en las que da cuenta de distintos episodios de su vida y de su familia, así como de la enfermedad de cáncer que padece su marido, el expresidente Joe Biden.
Jill Biden, de 74 años, confesó que su esposo podría haber estado sufriendo de cáncer durante su último año en el poder. “El año anterior a que dejáramos la Casa Blanca, Joe empezó a despertarse repetidamente por la noche”.
Añadió que consultó con médicos sobre sus problemas para ir al baño. “Anoche se despertó siete veces”, dice. “Estoy preocupada por él”, escribe, y añade que confiaba en que los médicos lo tratarían correctamente.
“Ahora que los médicos estaban al tanto del problema, confiaba en que Joe sería examinado y tratado. Pero, por lo que pude ver, el problema persistía. Aun sabiendo esto, jamás imaginé que la causa de este síntoma tan común de la edad resultaría ser cáncer”, escribe.
En el libro “View from the East Wing” (Vista desde el Ala Este), de 288 páginas que sería publicado este martes en Estados Unidos, Jill Biden entrelaza la historia de la campaña de 2020 y el breve mandato presidencial de su esposo con temas más amplios como la salud mental, la pérdida, la familia y las relaciones que se forjaron durante ese tiempo. “Al final, queda claro que Jill Biden es la partidaria más fiel y la consejera de mayor confianza de Joe Biden, aunque reconoce que su casi medio siglo de matrimonio podría haberla cegado”, escribió CNN.
Tras el diagnóstico de cáncer de próstata de su marido una vez que dejó la Casa Blanca, ella escribe que el tiempo que tardaron en detectar sus síntomas “no tenía sentido”.
“La pregunta era: ¿cómo era posible que el presidente de Estados Unidos, el hombre más poderoso del mundo, un hombre que cuenta con un equipo médico -no solo un médico, sino un equipo médico- a su alrededor las 24 horas del día, terminara con un cáncer tan avanzado?”, escribe. “Joe no podía ni golpearse el dedo del pie sin que 10 personas corrieran hacia él agitando fardos de gasas. ¿Envuelven al presidente en plástico de burbujas y termina con cáncer de próstata en etapa cuatro? No tenía sentido”, apunta.
En cuanto a su edad, la exprimera dama afirma que creía que Joe Biden -hoy de 83 años- estaba “definitivamente envejeciendo” en el cargo, pero “totalmente capacitado para el puesto”.
Jill Biden defendió la decisión de su esposo de indultar a su hijo Hunter Biden, de 56 años, semanas antes de dejar la Casa Blanca. El indulto cubrió el período comprendido entre el 1 de enero de 2014 y el 1 de diciembre de 2024, en momentos en que había sido condenado por cargos federales de compra ilegal de armas y evasión fiscal. “No podíamos permitir que nuestro hijo fuera a la cárcel”.
En una entrevista con CBS señaló que el “Departamento de Justicia cambió y creo que el proceso no fue justo para Hunter”.
“Cuando Trump fue elegido, las cosas cambiaron, y sabíamos que atacaría a Hunter. Y simplemente no podíamos permitir que nuestro hijo fuera a la cárcel por un cargo por el que… nadie había ido a prisión jamás”, señaló.
Jill Biden lamenta no haber hablado antes con la familia sobre la adicción de Hunter Biden, hasta que sus hijas le pidieron ayuda para organizar una intervención. “Me criaron para ser estoica y reservada. Sin importar lo mal que se viera la situación, creía que Hunter se recuperaría solo. Ahora me arrepiento de no haber intentado hablar de ello antes. Mucha gente sabía lo grave que era la situación, pero no dijeron nada, y yo no pregunté”, reconoció.
Relación con Harris
Jill pensó que Joe Biden estaba sufriendo un derrame cerebral durante el debate de Atlanta en 2024 con Donald Trump, que prácticamente puso fin a la campaña del demócrata. Durante los 90 minutos que duró el debate, se quedó paralizado, tuvo dificultades para terminar las frases y perdió el hilo de sus pensamientos con frecuencia.
El presidente Donald Trump -a quien ella nombra como “Donald” solo una vez y a quien en otros momentos se refiere como “el oponente de Joe”, “el expresidente” o “el presidente entrante”- tiene una gran influencia, y su eficacia para deshacer las políticas de su esposo durante su segundo mandato es claramente una fuente constante de desesperación para la familia Biden, escribió la cadena CNN.
Jill Biden se describe a sí misma como una esposa introvertida casada con un marido muy extrovertido. Respecto a temas y políticas, relata cómo animó a su marido a “ampliar su círculo de asesores” y cómo dio su opinión sobre conflictos como la guerra entre Israel y Hamas.
También reflexiona sobre lo que significa ser compañero de un presidente, un papel que incluye “(sentarse) con personas que están pasando el peor día de su vida”.
Eso incluyó la retirada de Estados Unidos de Afganistán, que ella considera un “punto de inflexión para la administración de Joe”. Cuando se reunieron con las familias de los 13 militares estadounidenses que murieron en el aeropuerto de Kabul en agosto de 2021, dice que fue “la primera vez que nos reunimos con un grupo de familias de militares y no nos recibieron como amigos, sino, por parte de algunos, como enemigos”.
La exprimera dama habla con cariño de sus relaciones con otras mujeres que han desempeñado los cargos de primera o segunda dama, incluidas Hillary Clinton y Karen Pence, así como con sus homólogas en el extranjero.
Su relación con la exvicepresidenta Kamala Harris parece más complicada. Comenzó con mal pie tras lo que Biden describió como una “hipocresía” durante un debate demócrata en 2019. Y aunque la considera la opción “clara” para la vicepresidencia, la exprimera dama parece resentida por la rápida presión que Harris ejerció sobre su marido para obtener su apoyo cuando este se preparaba para poner fin a su campaña de reelección.
Añade que el marido de Harris, Douglas Emhoff, era “una persona auténtica, un regalo que a veces en Washington puede sentirse como un salvavidas en el océano”.
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