Culto

Reseña de libros: de Fleur Jaeggy a Christopher Domínguez Michael

El último de la estirpe, un volumen de 20 relatos inquietantes y magnéticos de la fascinante escritora suiza italiana; un conjunto de perfiles biográficos de autores italianos y su vínculo con el fascismo, del reconocido crítico mexicano, y una divertida novela ilustrada protagonizada por un ingenioso perro, en las lecturas de la semana.

La escritora suiza residente en Milán, Fleur Jaeggy.

El último de la estirpe, de Fleur Jaeggy (Tusquets)

No sabemos su nombre; él se presenta así: “Soy el hermano de XX. Soy el niño del que ella hablaba. Y soy el escritor del que ella nunca ha hablado”. El primer cuento del libro presenta una voz que se define en relación a esa hermana: mientras ella habla, él prefiere callar; si ella quiere llamar la atención, el preferiría ser invisible. Una vez le preguntaron qué quieres hacer cuando seas mayor. “De mayor quiero morir”, dijo. Sus padres murieron muy pronto, pero de ellos, dice el narrador, “no quiero hablar, porque esta es la historia de un hermano, más bien mi historia, y de una hermana, más bien la suya, la de una espía”. De algún modo, el cuento que abre este conjunto de 20 relatos es una muestra del universo inquietante, extraño y de un poderoso magnetismo de Fleur Jaeggy, la escritora suiza que escribe en italiano: un universo de familias rotas, habitaciones frías, niños solitarios, animales, la fascinación por la muerte. El volumen incluye homenajes, entre otros, a su amigo Oliver Sacks, durante un almuerzo junto a Roberto Calasso en un restaurante en Nueva York, donde la mirada de la narradora se dirige y se concentra en un pez en un acuario, que sabe o intuye que pasará a la cocina. Una prosa contenida, delicada, elegante y a menudo perturbadora.

Retrato, personaje y fantasma, de Christopher Domínguez Michael (UDP)

“Los prejuicios sirven para morir, no para vivir”, le dijo el filósofo Alejandro Rossi a su amigo Christopher Domínguez Michael. Crítico inteligente y culto, Domínguez Michael guardaba una pobre imagen de Pier Paolo Pasolini: la de un comunista histérico que murió producto de un crimen habitual entre los clientes de prostitución masculina. Pero una vez que profundizó en su obra aparecieron las evidencias, dice. “Fue un extraordinario filólogo”, escribe, “lo mismo que un crítico literario penetrante y universal”. Expulsado del PC italiano por homosexual, fue un conflictivo compañero de ruta de los comunistas y “un azote” de los políticos corruptos. Poeta y novelista, “fue en el cine donde prosperó su narrativa poética”. Personalidad compleja, crítico de la Iglesia, fue sin embargo opositor del aborto, un homosexual puritano que desplegó una lucha infatigable y obstinada contra las señas del fascismo. Pasolini es uno de los tres perfiles biográficos que, con agudeza y profundidad, ofrece el autor y que completan Gabriele d’Annunzio y Curzio Malaparte, todos con relaciones polémicas con el fascismo. Publicado originalmente en México, la edición chilena agrega textos sobre Marinetti y la biografía de Mussolini por Antonio Scurati.

Mi nombre es ¡No, Sam!, de Drew Daywalt (FCE)

Sam es un pug ingenuo, ingenioso y divertido. Claro que él no lo sabe; más bien piensa que es un humano. A las personas las llama monos-desnudos, y está convencido de que su nombre es ¡No, Sam! Después de huir de un dueño poco preocupado, Sam fue adoptado por la familia Peterson. Con ellos descubrió por primera vez lo bien que se sienten las caricias. Al llegar a su nueva casa Sam se sintió tan feliz que vio la alfombra, pensó que estaba dispuesta para él y, para no apenarlos, se apresuró a hacer caca. “¡No, Sam!”, le dijeron y se sintió complacido. Durmió con Justin, el hijo de la familia, y se sintió muy contento: descubrió que los monos-desnudos eran cálidos. Pero no entendió cuando al día siguiente Justin lo sacó al jardín y le dijo “Haz, Sam”. Más bien, se quedó mirándolo y esperando volver a su alfombra para usarla de nuevo. Desde luego, Sam comienza a generar dolores de cabeza en la casa, pero tendrá la oportunidad de convertirse en héroe. Escrita por Drew Daywalt, el autor de El día que los crayones renunciaron, esta novela ilustrada por Mike Lowry es una graciosa historia, una comedia de enredos que combina narración, viñetas y dibujos y que mira el mundo de los humanos desde la perspectiva de un cachorro.

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