Por Pablo Retamal N.La Batalla de Chile llega a Mubi: la huella del histórico documental que registró la utopía y la caída de la UP
Compuesto por tres partes y considerado el hito más importante del cine documental latinoamericano, el filme de Patricio Guzmán llega a la plataforma este 11 de septiembre. Un recorrido por su historia de rodaje, el testimonio del director y la visión de los críticos.

Se iba a llamar El primer año, pues la idea del joven cineasta Patricio Guzmán era registrar, cámara en mano, todo lo que aconteció con el año inicial del gobierno de Salvador Allende, cuando la Unidad Popular intentaba implantar la Vía chilena al socialismo, es decir, cambios estructurales dentro del marco de la legalidad y el sistema democrático. Con el tiempo, El primer año fue un filme aparte y todo el resto del material pasó a otro proyecto aún más monumental: se llamó La batalla de Chile, la lucha de un pueblo sin armas, que pasó a la historia como el mayor hito del cine documental chileno y latinoamericano.
Compuesto por tres películas La insurrección de la burguesía (1975), El golpe de Estado (1976) y El poder popular (1979), el filme -que hasta ahora estaba en la plataforma Ondamedia y que en televisión abierta solo se ha emitido por el canal La Red- llega a la plataforma de steraming Mubi este viernes 11 de septiembre, en la conmemoración de un nuevo aniversario del golpe militar de 1973.

Lo que narra Guzmán es esa vorágine del proyecto popular. “Chile era una fiesta”, anotó en el libro La batalla de Chile (Catalonia, 2020), donde narra la historia de filme. “En el verano de 1971, cuando me bajé del avión (después de mi larga ausencia en Madrid) una mañana estupenda del mes de febrero, lo primero que me llamó la atención fue un gran afiche que decía: ‘Chile comienza su segunda independencia’”.
Y sigue el cineasta: “Desde el primer momento, Chile me pareció un país motivado, activo, exultante, como si la gente estuviera viviendo una larga fiesta que ya duraba muchos meses. Había una actitud de jubilo, de satisfacción, especialmente en los barrios pobres, en los ‘campamentos’, en las ‘poblaciones’. Pero los pobres también estaban en el centro de la ciudad. Por primera vez yo vi gente humilde paseando cerca de La Moneda, como turistas, que recorrían por primera vez Santiago. En muchas calles la gente marchaba con banderas y voceando consignas. Había reuniones, fiestas, mitines. Mucha gente se saludaba sin conocerse. Era como un estado de enamoramiento colectivo. Nunca creí que un proyecto entusiasmara hasta tal punto a la gente. ¿Cuál era la causa? ¿Por qué tanto arrebato? Era la revolución".

Consciente de que vivía un momento único en la historia de Chile, Guzmán se decidió a filmarlo. “En ese momento lo único que yo quería hacer era filmar -recuerda el cineasta en el mencionado libro-. Filmar la realidad sin perder tiempo. Venía saliendo de una escuela. Traía mucha energía y tenía los ojos llenos de imágenes. Era un cineasta en su ‘punto de partida’. Tuve la suerte de encontrar algunos recursos financieros y rápidamente formé un equipo. Teníamos una cámara de 16 milímetros, dos reflectores portátiles y una grabadora de sonido. Disponíamos de suficiente película en blanco y negro”.
Con cámaras y fotografía de Jorge Müller Silva (posteriormente, detenido desaparecido) y el argentino Gustavo Moris, más el valioso aporte del cineasta francés Chris Marker, quien facilitó el material para la filmación: 43 mil pies de cinta de película, más 134 cintas magnéticas, Guzmán comenzó un proceso que tenía mucho de artesanía, de cuidado.
“La batalla de Chile fue una gran aventura. Éramos totalmente libres, solo dependíamos de nosotros mismos y de nuestra creatividad. Era una situación privilegiada y única. No teníamos mucha película, pero era suficiente; teníamos un coche modelo 1959, teníamos una cámara Eclair con dos lentes, algunos chasis, un solo trípode, una Nagra-4 y un solo micrófono Sennheiser”, relata Guzmán en el citado libro.

“Lo importante era ser sincero y mostrar mi propio punto de vista”
A medida que el filme avanza, las tensiones del Chile de la UP van quedando registradas en el filme, eso sí, Guzmán aclara que esto fue posible gracias a que había, aún, un respeto a la legalidad y la Constitución. “Con La batalla de Chile pasamos de la euforia a un clima de guerra civil. La legalidad democrática nos permitía filmar con libertad todo lo que queríamos. Era filmar la lucha de clases como un paisaje. Y poco a poco apareció a nuestro alrededor una masa de opositores agresivos que combatían toda iniciativa de Allende. Si en ese momento se hubiera roto la institucionalidad no hubiéramos podido seguir filmando”.
“El estilo de trabajo de La batalla de Chile fue posible gracias al Estado de derecho -agrega-. Sin esa protección no hubiéramos llegado a ninguna parte. Cuando se rompe la institucionalidad y empieza una guerra, ya no puedes filmar así. Tienes que esconderte, camuflarte, saltar de trinchera en trinchera. Pero cuando el país está ‘dentro de la legalidad’ puedes filmar casi todo”.
En su segunda película, el documental retrata tanto el levantamiento del 29 de junio (el “tancazo”) al martes 11 de septiembre de 1973, el día del golpe de Estado. Ese día, crucial, Guzmán lo relata con una particular narrativa. “Lo más importante, sin duda, es el equilibrio. Mantener las dos fuerzas casi al mismo nivel...mantener la lucha de contrarios...y sobre todo construir un relato convincente. Lo único que el espectador quiere es verosimilitud, credibilidad, autenticidad...ser objetivo, ser parcial, no es lo más importante. Lo importante para mí, en este caso, era ser sincero y mostrar mi propio punto de vista de una forma convincente”.
Guzmán también contó cómo se hizo la toma de ese día, incluyendo el bombardeo a La Moneda. “La segunda parte de La batalla de Chile es una sola secuencia. Desde la sublevación de una unidad de tanques hasta el golpe, toda la película se desenvuelve como una sola secuencia. A cada acción de la derecha se le opone una acción de la izquierda, y vice-versa; no hay tregua para el espectador, el comentario informa de lo que cada parte hace. Es relato de acción y reacción atrapa al público. En cambio, si solo tienes asam-bleas y desfiles...no hay ninguna manera de construir una curva dramática. En la tercera parte hay un cambio de tono. Es la más plana y la más difícil de fabricar porque no tiene grandes conflictos”.
“El 11 de septiembre el barrio estaba lleno de militares, oíamos el ruido de los tanques, una columna de carros ha bía ocupado el parque Forestal que estaba detrás de nuestra oficina. Se nos heló la sangre, tuvimos la evidencia de que todo el ejército se volvía contra nosotros. Jorge (Müller) y yo salimos hacia La Moneda para ver si había condiciones para filmar. A medida que avanzábamos nos encontramos con algunos camarógrafos que venían en sentido contrario. Nos decían: ‘Es imposible filmar, hay soldados por todas partes’. Regresamos a nuestra oficina y hablamos. Mi opinión era que si filmábamos el golpe mismo nos arriesgábamos a perder todo lo que ya habíamos hecho, pues corríamos el peligro de ser detenidos o algo peor. Con los cinco rollos que aún nos quedaban, el flaco podría seguir rodando frente a un aparato de televisión. Acordado esto nos pusimos en marcha. Jorge salió con la cámara envuelta en un trapo junto con la Nagra, acompañado de Federico, Bernardo y Angelina. Yo salí con José Bartolomé hacia mi casa. Tenía en la mano los rollos del ‘Tancazo’. ¡Se había terminado el rodajel".

La parte de los críticos
Para la crítica de cine Sol Márquez, de Radio 13c, La batalla de Chile es un filme ineludible. “La batalla de Chile es una película fundamental en la cinematografía nacional, y creo que también tiene un lugar en el cine mundial por el trabajo documental que propone y porque habla del Zeitgeist de ese momento en la historia. Es de las experiencias cinematográficas que más recuerdo en mi vida desde la primera vez que la vi, porque logra dar cuenta de una era, hablar de un Zeitgeist a nivel mundial y local. Además, refleja la diferencia fundamental de esta revolución en términos chilenos: el llegar al poder por las urnas y no por las armas, lo cual fue la tónica de lo que ocurrió en otros países, pensando principalmente en Latinoamérica”.
“Creo que también hay que destacar que la forma y el fondo se reúnen de alguna manera. Es una película a una escala muy grande en términos de salir a las calles, mostrar lo polarizado que estaba el país en las marchas y entrar a las reuniones y a todo el trabajo de base que se estaba haciendo. Muestra ese momento de inmensa ilusión de pensar en un cambio que finalmente se ve truncado con el golpe cívico-militar. De hecho, recuerdo la imagen de Pinochet con sus anteojos y esa idea de la potencia de la imagen como un arma de alguna manera; esa fuerza de decir ‘hasta acá no más llegamos, esto se acabó’. Se marca el inicio de otra era que uno sabe que tiene muchísima oscuridad”.
“Es muy impresionante lo combativa que es, el ritmo que se siente y esa urgencia en un momento del cine latinoamericano donde quizás Chile había optado por un camino distinto a lo que ocurrió en Brasil o Argentina en términos de la búsqueda del cine. No quiero decir panfletario, pero sí más contestatario y movilizador. El nuevo cine chileno tomó otra ruta, pero siento que La batalla de Chile conecta con eso y con la particularidad del proceso de la llegada de Allende al poder por la vía democrática”.
Por su lado, Rodrigo González, crítico de cine de Culto, indicó: “Patricio Guzmán no sólo es el documentalista chileno más reconocido en el mundo, sino que gracias a él tenemos el registro audiovisual más completo e intenso de los agitados días de la Unidad Popular y el posterior Golpe Militar. Es un privilegio para nuestro país que un artista con el talento y el olfato de Guzmán haya estado en el momento preciso y el lugar indicado para filmar La Batalla de Chile. No todos los países pueden presumir de aquello”.
Consultado en 2020 por Culto si acaso consideraba La Batalla de Chile como su película más importante, Guzmán se quedó pensativo y soltó: “Es una buena pregunta porque es una película que te persigue. Sí, es importante, pero también Nostalgia de la luz yo considero que es una obra que tiene peso, ¿no? y El botón de nácar también. Creo que con las últimas, he hecho obras que van a perdurar en el tiempo. Pero claro, La batalla narra algo tan clave en la historia chilena que obligatoriamente se va a recurrir a ella”.
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