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Ludovic Slimak, paleoantropólogo francés: “El problema fundamental para los jóvenes es el colapso de su sistema de valores”

El influyente arqueólogo, autor de "El último neandertal", plantea que "la visión global de la extinción de los neandertales, y de las extinciones humanas en general, se ha basado en una perspectiva catastrófica. Necesitamos encontrar una causa".

Destacado arqueólogo y paleontólogo francés, Ludovic Slimak inició su camino profesional en una cueva en el sur de Francia, hace 36 años, estudiando las huellas de los neandertales, sobre quienes es uno de los mayores expertos mundiales. Los neandertales son la especie humana más cercana a los homo sapiens y, una vez que se extinguieron (hace alrededor de 40 mil años), nos convertimos en la única especie humana del planeta.

Slimak ha dirigido un total de 54 expediciones arqueológicas en tres continentes, 20 de las cuales se llevaron a cabo en Turquía, Etiopía, Yibuti, Rusia y la región mediterránea de Francia. Es autor de más de 230 estudios científicos centrados tanto en la organización e historia de las sociedades neandertales, como en la estructura de las primeras poblaciones de homo sapiens en el continente europeo.

Su investigación, al decir de los expertos, ha redefinido profundamente nuestra comprensión de las relaciones percibidas entre estas dos ramas de la humanidad- neandertales y sapiens- reconfigurando el marco cultural e histórico de las últimas sociedades neandertales. Tomando como base sus investigaciones, Slimak también intenta iluminar la condición humana actual, de lo que habla en esta entrevista.

“Yo hablo desde mi experiencia, de 36 años, durante los cuales me he sumergido en la organización de la humanidad que no éramos nosotros: en su vida cotidiana, en sus oficios, en sus conocimientos, en sus territorios. Después, trabajé en el contacto, trabajé en la extinción, en el colapso de las poblaciones. Cuando hablamos de los neandertales, es una excusa para hablar de nosotros mismos”, dice vía Zoom desde su oficina en Francia, entre Toulouse y Los Pirineos.

En su reciente libro, El último neandertal, asegura que estos no se extinguieron por factores exógenos, o solo por ellos, sino a causa de la eficacia superior de los sapiens.

Comencemos con la extinción de los neandertales. Usted dice que fue un suicidio. ¿Por qué?

La visión global de la extinción de los neandertales, y de las extinciones humanas en general, se ha basado en una perspectiva catastrófica. Necesitamos encontrar una causa. Así como buscamos un asteroide para explicar la extinción de los dinosaurios, ahora necesitamos uno para explicar la de los neandertales. Y este asteroide neandertal podría ser el cambio climático, las erupciones volcánicas o la radiación estelar. En todas las hipótesis principales que se han planteado, parece que hemos buscado la misma historia de los dinosaurios para explicarlo. Excepto que las poblaciones humanas no funcionan así. La extinción de los dinosaurios no fue la extinción de una sola población; fue un evento de extinción global que afectó a todos los seres vivos de la Tierra. Por lo tanto, en este caso, tenemos que imaginar un evento catastrófico que afecte a una población y a ninguna más en la Tierra. Y cuando examinamos las sociedades humanas, ya sean neandertales o todas las demás formas humanas que se extinguieron en esa época, nos enfrentamos a que no hubo extinción de la toda humanidad, ya que el homo sapiens todavía existe. Y vemos con mucha claridad cómo funcionan los colapsos de las sociedades humanas.

¿Cómo colapsan las sociedades humanas?

El colapso puede producirse efectivamente mediante el encuentro de dos poblaciones. Por ejemplo, cuando los europeos llegaron a América se produjeron colapsos demográficos muy marcados, muy intensos y terribles.

Pero, efectivamente, se podría decir: “Miren, los colonos europeos llegaron a América y fueron portadores de gérmenes, por ejemplo”. Pero si lo analizamos en profundidad, si las poblaciones de América, los pueblos indígenas o todas las poblaciones que han estado en contacto con los europeos se han visto diezmadas, no ha sido a causa de los gérmenes. El quid de la cuestión es qué ocurre en la mente de las poblaciones que entran en contacto con otras poblaciones… Se verán desestabilizadas en sus actividades tradicionales, sus estructuras y sus valores. Su relación social con sus vecinos, sean amigos o enemigos, cambiará por completo.

MATTHIEU RONDEL

¿Es por conflicto con los otros?

En el momento del contacto, no se trata de conflicto, ni de ser más fuerte por tener armas, sino de que los niños se vean a sí mismos como fuertes, guapos y mejores que sus vecinos. Eso es inherente a todos los seres humanos, así son las cosas. Y esta relación es muy importante en la transmisión generacional; los niños necesitan sentirse orgullosos del sistema de valores de sus padres. Y cuando los niños ven que existen otras poblaciones que no comparten los mismos valores, que no cuentan las mismas historias, que no tienen los mismos dioses, las mismas leyendas, las mismas costumbres, pero que son objetivamente mucho más eficaces, todo el sistema… todas las historias que nos contábamos, todas esas estructuras de valores, pierden todo significado para los niños. Es un colapso de los sistemas de valores que ya no se transmiten entre los ancianos, entre padres y abuelos, y los hijos, porque los niños ya no creen en ellos.

¿Eso es lo que le ocurrió al neandertal al encontrarse con el homo sapiens?

Eso es lo que planteo, esa interpretación concreta, que es una verdadera lectura, no sólo filosófica, sino también de antropología cultural. ¿Qué ocurre cuando dos poblaciones se encuentran? Pues bien, el gran punto en común entre el Cuerno de África, los aborígenes de Australia y los pueblos de América es que se produce un colapso de los sistemas de valores. ¿Y por qué va a ser sustituido? Por el alcohol, el tabaco, las drogas e incluso, en el caso de los aborígenes, una especie de adicción al café y al té (...). Trabajé en Yibuti, por ejemplo, en el Cuerno de África. Lo aterrador es que en la capital de Yibuti la gente está tirada en las aceras, esperando cada mañana a que lleguen camiones con lo que se llama CAT, una droga. De hecho, la gente ya no quiere vivir. Así que pasan el día, toman CAT por la mañana y duermen en las aceras. La mayor parte de la población se encuentra en un estado de suicidio colectivo inconsciente. La gente ya no quiere vivir.

Ludovic Slimak

¿Y por qué?

Se trata de personas que vienen —no de la ciudad de Yibuti, sino de poblaciones nómadas que vivían en los alrededores, en el Cuerno de África— y cuyo sistema de valores se ha derrumbado por completo. Piensan: “Voy a la ciudad, voy a Yibuti, voy a encontrar la buena vida, la vida fácil”. Luego piensan: “Vamos a Yemen”. Y después van a Europa. Y cada vez, dicen: “Vamos a encontrar la buena vida”. Y cada vez intento explicarles: “Pero solo están empeorando las cosas. Si van a Yemen, serán esclavos”. Son poblaciones tradicionales que viven un estilo de vida nómada. Y de repente, llegan a la ciudad, y lo único que les espera allí no es la buena vida, sino las drogas y el colapso. No hay nada que hacer. Nadie los espera. Cuando dos poblaciones extremadamente diferentes se encuentran, y cuando una no es superior, sino más efectiva, más eficiente que la otra, induce un colapso de la sociedad opuesta.

Es un riesgo interno...

El riesgo es interno. Exactamente. El riesgo de percepción de obsolescencia. No es que seamos obsoletos porque siempre somos exactamente iguales, sino que ya no creemos en nosotros mismos y, por lo tanto, tenemos una sensación de obsolescencia. Y esta sensación de obsolescencia es lo que sería extremadamente peligroso si entráramos en contacto con una inteligencia externa a nosotros. Y eso es lo que es extremadamente peligroso hoy en día en el desarrollo de las inteligencias artificiales, que se están volviendo cada vez más efectivas, cada vez más eficientes, y donde el problema son nuestros hijos.

Lo que los niños ven sobre las capacidades humanas versus las capacidades de la inteligencia artificial.

Exactamente. Pensarán: “¿Para qué voy a aprender geografía? ¿Para qué voy a aprender historia? Nunca lo sabré tan bien como lo que me dice la inteligencia artificial”. Y ahí radica el colapso de su capacidad para imaginar que algún día será un buen dibujante, poeta, escritor, albañil, o lo que quiera. Ahora mismo nos enfrentamos a esto. Estamos en un momento crucial, un encuentro con otra inteligencia. Lo terrible es que estamos en un punto de inflexión, encontrándonos con una inteligencia externa a nosotros mismos, una que creamos pero que no es nuestra propia inteligencia, y que se está volviendo autónoma, capaz de auto-mejorarse sin intervención humana. El problema fundamental para los jóvenes es el colapso de su sistema de valores, como dije. El colapso de su mitología, en la que creen que ellos, los homo sapiens son los mejores del mundo en términos de inteligencia. Y desde el momento en que perdemos esa creencia, nos colocamos, creo, en la misma posición que los neandertales hace 40.000 años. Los sapiens no tenían por qué ser maliciosos con los neandertales. Es simplemente la confrontación en la que las generaciones más jóvenes ya no quieren participar ni creer.

Y ahora entiendo por qué ha dicho que pasó de explorar cuevas a intentar comprender quiénes somos, y que lo que ocurrió con los neandertales puede ayudarnos a comprender mejor el presente. ¿Cómo convencer a los jóvenes de creer en un futuro mejor, en medio de crisis climática, geopolítica, y tanta polarización?

Sí, lo que me pides es muy difícil porque, en realidad, lo terrible es que ese discurso no se lo podemos transmitir a las nuevas generaciones. Tal y como acabas de describir (el mundo) es muy cierto, es muy acertado, pero al mismo tiempo ese no es el mensaje que debemos transmitir a los niños. Somos muy conscientes de que cuando se tienen hijos se asume una responsabilidad inmensa, titánica. Y la cuestión es no sólo en qué mundo los dejamos, sino qué palabras les damos para hablar de nuestro mundo. Y creo que a eso debemos prestar muchísima atención, ya que los colapsos se producen, de hecho, por la desesperación de los niños. Por lo tanto, debemos estar muy atentos, y recordarles la realidad básica.

¿Cuál?

Que están en un mundo extremadamente hermoso, es una especie de pequeño oasis en un vasto vacío a millones de años luz de distancia. Y este oasis, hoy, en su estado actual, sigue siendo increíblemente hermoso. Su diversidad y belleza son absolutamente impresionantes. El segundo punto es que el mensaje que debemos darles no es: “Bien, ahora que están aquí, están en serios problemas”. No, no es eso. Debemos ofrecerles una perspectiva diferente, una en la que les digamos que cada generación nos hemos enfrentado a esto. Y la generación de nuestros padres o abuelos ciertamente se encontraba en una situación geopolítica mucho más complicada y difícil. Hasta 1990, estábamos en la Guerra Fría, con un mundo dividido y superpotencias nucleares listas para aniquilar el planeta. Si das un paso atrás, una generación, caemos en 1939-45; si retrocedemos otra generación, caemos en 1914-1918. Así que lo importante para la generación más joven es comprender que la situación actual no es excepcional. La vida consiste en gestionar desastres; todos intentamos improvisar y arreglárnoslas, pero eso también significa que aún tienen cierto control sobre las cosas. Si el imperio soviético pudo colapsar sin un conflicto nuclear total, si pudo terminar pacíficamente, si pudimos salir del nazismo sin que todo el viejo mundo estuviera dominado por los nazis, bueno, hemos salido de todo eso… Y hoy, el mundo en el que vivimos tiene todos sus defectos, pero también todas estas cosas magníficas. Y lo más importante, que yo desarrollo en el libro, es que no hay que dejar que la generación joven tenga la sensación de que el futuro está escrito, porque si no, no se puede hacer nada. No, no, no: el mundo les pertenece.

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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.

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