Alfa, la generación de niños chilenos que nunca ha visto a la Roja en un Mundial
La última experiencia mundialera de Chile ocurrió en 2014, por lo que los menores nacidos desde esa fecha, e incluso antes, no han podido ver a la selección en una cita planetaria. Esto, según un especialista, conlleva un desapego con el combinado nacional.
En Chile, la Generación Alfa -niños nacidos entre 2010 y 2025- está compuesta por aproximadamente 3.434.898 personas menores de 14 años según las cifras demográficas del Instituto Nacional de Estadísticas (INE). Esto representa alrededor del 17,1% de la población del país.
El 60% de los niños de esta generación en el país son descritos por sus padres como más informados y creativos, además de tener una inmersión digital y tecnológica sin precedentes. Pese a estas bondades, también comparten un fenómeno inusual: una generación completa de niños y preadolescentes que jamás han visto a la selección chilena de fútbol participar en una cita mundialista.
En rigor, cuando los niños de más de edad de esta generación estaban naciendo, Chile jugaba en Sudáfrica 2010 y Brasil 2014, el último mundial en el que participó. Si acaso hay recuerdos, son vagos.
Y así, tras las ausencias de Chile en Rusia 2018, Qatar 2022 y el presente Mundial de 2026, la denominada Generación Alfa sólo conoce los hitos de la Roja a través de videos en redes sociales, fotografías o los relatos nostálgicos de sus padres o hermanos mayores. De hecho, tampoco pudieron disfrutar en plenitud los títulos de la Copa América de 2015 y la Copa América Centenario 2016.
“Para ellos, figuras como Alexis Sánchez, Arturo Vidal y Claudio Bravo o incluso la histórica dupla Za-Sa de Iván Zamorano y Marcelo Salas pertenecen más a hitos históricos antiguos que a la experiencia viva", indica Gerardo Riffo, director de la Carrera de Psicología de la Universidad de las Américas.
El especialista señala que durante un mundial se producen fenómenos de cohesión comunitaria donde las personas, incluyendo a los niños, logran sentirse parte de un colectivo que trasciende las fronteras familiares o escolares y experimentan la categoría social de “ser chilenos” en un escenario positivo y cohesionado.
“Por lo tanto, la principal consecuencia de quedar marginados es que las infancias actuales se ven privadas de vivenciar ese espacio de comunión colectiva donde el país completo se sintoniza bajo una misma emoción, perdiendo una oportunidad de aprendizaje en torno a la identidad social y la validación colectiva”, explica.
Desde la psicología social, explica el académico de la UDLA, este tipo de eventos no deben entenderse únicamente como un juego, "sino como un potente ´organizador social´. El fútbol a escala de selecciones brinda un sentido identitario y de pertenencia único. La Teoría de la Identidad Social de Henri Tajfel postula que parte fundamental del autoconcepto de una persona surge de su pertenencia a grupos sociales y del valor emocional que le otorga a ser parte de este".
Sin embargo, agrega, “si analizamos esto desde el modelo bioecológico de Urie Bronfenbrenner, el que postula que el desarrollo humano se basa en la interacción continua, entendemos que el desarrollo psicológico infantil ocurre a través de interacciones en distintos sistemas. Aunque a nivel macro la cultura globalizada se brinda ídolos e hitos internacionales, el desarrollo psíquico saludable sigue necesitando anclajes concretos, inmediatos y territoriales a nivel micro“, como su familia, sus pares del barrio o del colegio“.
“Si bien la globalización amortigua este vacío al ofrecerles poder ver a las distintas potencias mundiales, en el plano de la experiencia local subyace un proceso latente de resignación. La felicidad global es, en muchos casos, un mecanismo para afrontar la falta de una narrativa local y cercana con la cual identificarse cara a cara con sus pares”, añade Riffo.
Considerando lo anterior, ¿qué efecto podría acarrear esta situación? “El principal efecto es un fenómeno que denominamos ´desapego protector´. Como una estrategia de afrontamiento para evitar la frustración de las derrotas constantes o la exclusión, los niños se distancian emocionalmente de la selección chilena. El riesgo de este repliegue afectivo es el debilitamiento del sentido de comunidad y el desinterés por los símbolos nacionales o los espacios de encuentro local”, señala el académico.
A lo anterior se suma la hipótesis de que a los niños de hoy, al ser nativos digitales, no les afecta mayormente esta ausencia. “Se argumenta que la globalización diluye las fronteras, permitiéndoles ver el fútbol internacional, usar camisetas de equipos importantes a nivel mundial como el Real Madrid o el Manchester City, y conectar con sus ídolos mediante el uso de videojuegos”, explica.
Riffo explica que esta ausencia de logros deportivos puede ser transformada en una valiosa oportunidad para fomentar la resiliencia y la tolerancia a la frustración en las salas de clases, así como también en los hogares. “Nos invita a enseñarles el valor del trabajo cohesionado, el espacio de apoyo en contextos de crisis y la persistencia, demostrando que el sentido de pertenencia debe sostenerse firme, incluso cuando los resultados no son los esperados”, cierra.
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