Iniciativa busca regular estereotipos de género en publicidad

ONG y candidatos a diputados impulsan crear entidad y un proyecto de ley para normar estos mensajes.

En Francia, desde el 1 de octubre de este año, todas las imágenes comerciales que sean editadas o retocada por algún programa informático para adelgazar o ensanchar la silueta de las mujeres deben ir acompañadas del mensaje “Fotografía retocada”.

La medida es parte de una ley para evitar la promoción de ideales de belleza inaccesibles y la promoción de la anorexia, explicó el Ministerio de Salud de ese país.

Hoy existe un movimiento global que cuestiona los estereotipos de género presentes en los medios de comunicación. Grupos que cuestionan que la belleza de las mujeres, por ejemplo, sea sólo lo que las campañas de publicidad muestran, es decir, mujeres jóvenes, delgadas, altas, de cabello largo, entre otros atributos.

La tendencia en Chile es representada por la ONG La Rebelión del Cuerpo, grupo que alerta que los estereotipos presentes en la publicidad atentan contra la seguridad y autoestima de niñas y mujeres.

Por eso, la organización firmó el viernes, junto a ocho candidatos a diputado de diversas tendencias políticas, un compromiso para eliminar los estereotipos de género en la publicidad y el marketing.

La diputada Marcela Sabat (RN) y los candidatos a diputado Pablo Vidal (RD), Nicolás Muñoz (DC), Luis Larraín (independiente-Evópoli), Bárbara Soto (UDI), Manuela Veloso (MA), Karina Delfino (PS) y Andrea Salazar (MA) se comprometieron a colaborar en la denuncia, comunicación, educación e investigación de los estereotipos de género, y, en el caso de resultar electos, a impulsar la creación de una entidad que regule los anuncios de publicidad y marketing.

Insatisfacción

En 2004, la encuesta Dove Global Survey reportó que sólo el 4% de las entrevistadas se consideraba “lindas”, y el 63% declaró estar “de acuerdo” con la afirmación “se espera que las mujeres de esta generación sean más atractivas físicamente que las mujeres de la generación de sus madres”.

En 2014, un informe del All Party Parliamentary Group on Body Image del Reino Unido mostró que las niñas de tan sólo cinco años ya están preocupadas por su apariencia, y que una de cada cuatro niñas de siete años ha tratado de perder peso.

En 2016, otro reporte global sobre belleza y autoaceptación indicó que el 85% de las mujeres (entre 18 y 64 años) y el 79% de las niñas (entre 10 y 17 años) había dejado de practicar alguna actividad importante, porque “no se sentían bien con su apariencia”. Mientras que nueve de cada 10 mujeres señalaron que “dejarían de comer en caso de ser necesario para mejorar su apariencia”.

En Chile, un estudio de ONU Mujeres y Adimark en 2016 mostró que una de cada dos adolescentes dicen “sentir presión por verse más bonitas”. Además, agrega el estudio, el 36% ha dejado de hacer alguna actividad o dar su opinión para no ser vista.

Y un estudio exploratorio realizado por La Rebelión del Cuerpo en agosto, mostró que el 89% de las entrevistadas declaran que “su imagen física afecta su éxito personal”. “La industria de la belleza, de la moda y alimentación se ha encargado de hacernos sentir insuficientes e incompletas. Se ha encargado de bombardearnos de inseguridad. Esto es violencia simbólica y es parte de los fundamentos de la violencia de género”, señala Nerea de Ugarte, psicóloga y fundadora de este movimiento.

La diputada Marcela Sabat indica que con la firma del compromiso se busca que se transforme en un proyecto de ley, “y que sea una entidad similar a lo que hoy realiza, por ejemplo, Sernac”.

Más candidatos se están sumando a la iniciativa, indica De Ugarte. “El próximo paso es capacitar a las voluntarias que participan en Rebelión del Cuerpo, para hacer talleres en colegios y así visibilizar y que los niños se cuestionen si lo que ven es verdad. Y entendiendo eso, se entiende todo”, aclara.

Este es un problema social. La presión por alcanzar el ideal de belleza femenino y la constante reducción del potencial femenino a la apariencia física son temas de interés público, porque sus consecuencias son individuales y colectivas. “La violencia simbólica que se impone dentro de la publicidad también está dentro de la violencia de género; si se inseguriza a las mujeres, se aumenta la brecha de género”, explica Nicole D’Alencon, psicóloga y directora de educación del organismo.

La campaña, dice De Ugarte, no busca cohibir la industria del marketing y la publicidad, sino promover formas de venta que no violenten ni inseguricen a las niñas. “Queremos ver un compromiso y una responsabilidad social en lo que se transmite a través de medios masivos, de los cuales nuestras niñas son espectadoras cotidianas”.

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