Bienvenido nuevo gobierno: futuro con esperanza
El gobierno de Boric llega a su fin dejando un balance ampliamente negativo y decepcionante para la mayoría ciudadana. El diagnóstico ya está hecho, puede todavía empeorar. Lo relevante ahora es mirar hacia adelante.
La llegada del nuevo gobierno abre una oportunidad que el país necesita con urgencia: recuperar la capacidad y probidad de las instituciones para enfrentar los problemas reales de las personas y restablecer un horizonte de estabilidad y progreso.
La primera de esas urgencias es la seguridad. El avance del crimen organizado, la expansión del narcotráfico y episodios de violencia cada vez más frecuentes han erosionado una de las fortalezas históricas del país: el orden y la tranquilidad en la vida cotidiana. Restablecer la vigencia efectiva del Estado de Derecho es una condición básica para la convivencia social.
El segundo desafío es económico. Chile necesita volver a crecer con fuerza. El crecimiento es el fundamento material del bienestar social. Sin inversión, productividad y dinamismo económico, las promesas de progreso terminan siendo inevitables frustraciones. La tarea del nuevo gobierno será retejer un clima de confianza que permita movilizar inversión, reactivar la capacidad emprendedora y generar empleo forma.
La inmigración irregular constituye otro reto que exige respuestas firmes y responsables. Un país abierto al mundo debe ser también uno capaz de ordenar sus fronteras y establecer reglas claras. La ausencia de control no solo tensiona las capacidades del Estado, sino que termina afectando tanto a las comunidades locales como a los propios migrantes.
Pero un gobierno que aspira a encauzar al país no puede limitarse a enfrentar las urgencias más visibles. Debe abordar con realismo y determinación otras demandas sociales no satisfechas. La presión sobre el sistema de salud, las brechas persistentes en educación y el déficit habitacional requieren políticas públicas serias y orientadas a resultados concretos.
Junto con ello, Chile necesita mirar más lejos. El desarrollo científico y tecnológico se ha convertido en un factor decisivo para la competitividad de los países. Fortalecer la investigación, impulsar la innovación y vincular el conocimiento con el desarrollo productivo permitirá proyectar al país hacia una economía más sofisticada y resiliente.
Pero, el camino no estará exento de riesgos. Existe el peligro de que sectores de izquierda más radicales vuelvan a apostar por la presión en la calle como mecanismo de desestabilización, alentando protestas, conflictividad e incluso episodios de violencia.
El esfuerzo del nuevo gobierno será doble: enfrentar las urgencias del presente y, al mismo tiempo, preservar la estabilidad institucional que permite que las transformaciones se consoliden en el tiempo. Si el país logra combinar orden, crecimiento, progreso social y una mirada estratégica hacia el futuro, esta nueva etapa política podría ser el inicio de una recuperación nacional de largo aliento. Esa es la esperanza.
Por Álvaro Pezoa, Director Centro Ética y Sostenibilidad Empresarial, ESE Business School. U los Andes
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