Opinión

El día después

SEBASTIAN CISTERNAS/ ATON CHILE

El verdadero debate no terminó con la votación del proyecto de reconstrucción nacional en la sala del Senado. Comienza al día siguiente, cuando los chilenos perciban si esa decisión producirá el tan esperado giro hacia un mayor crecimiento y empleo.

Esta reforma constituye –en términos gruesos– un primer paso fundamental para generar un punto de inflexión y recuperar la capacidad de crecer, pues crea las condiciones para aumentar y mejorar la inversión, la empleabilidad y la productividad.

Son varias las razones que permiten volver a generar esas condiciones. Entre ellas figuran la rebaja del impuesto corporativo del 27% al 23% y una fórmula escalonada de invariabilidad tributaria, elementos clave para dar predictibilidad y certeza jurídica a los inversionistas que toman decisiones de largo plazo y que, en definitiva, materializan la inversión. No olvidar: estamos compitiendo por atraer capital en un escenario internacional turbulento.

Otro aspecto a observar es el incentivo tributario para trabajadores de empresas exportadoras de servicios basados en conocimiento de la economía digital, en especial ante la emergencia laboral que nos tiene al borde de los dos dígitos de desempleo.

Aumentar las exportaciones de servicios, un creciente pilar del comercio exterior chileno que cobra particular relevancia en el complejo e incierto escenario internacional, es fundamental. Las recientes crisis macroeconómicas de nuestra época (la pandemia y las guerras, por ejemplo) evidenciaron –y siguen evidenciando– la resiliencia del comercio de servicios frente al intercambio de bienes, cuya sensibilidad ante los shocks externos que alteran la cadena de suministro es muy superior. ¿Es este sector una apuesta interesante? Pareciera que sí: las exportaciones de servicios de este tipo en Chile, durante el primer semestre de 2026, aumentaron un 17,2% respecto al mismo periodo del año anterior, confirmando un dinamismo sostenido desde 2023.

Por lo tanto, esta reforma también puede tener efectos positivos para el comercio exterior de Chile y para el fortalecimiento de la diversificación de nuestra canasta exportadora. Para ello, es también necesario que el mandato de negociación e implementación de acuerdos comerciales (como el DEPA, el CPTPP y el AMA con la UE, entre otros) incluya al comercio de servicios y a la economía digital de manera preferente y ambiciosa.

La opción no es quedarse de brazos cruzados, sino apoyar con coraje políticas públicas que fomenten la inversión, que simplifiquen la “permisología”, que otorguen certeza jurídica y que permitan recuperar una competitividad tributaria razonable.

El verdadero día después no comienza con el resultado de la votación de esta reforma. Comienza cuando Chile demuestre su capacidad de “dar vuelta” el escenario, transformando acuerdos en más inversión, más empleo y más crecimiento para las personas y sus familias. No nos privemos –una vez más– de esa oportunidad.

Por Rodrigo Yáñez, secretario general de Sofofa

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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.

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