Opinión

El feminismo en un ciclo conservador

En cuestión de días, José Antonio Kast comenzará a habitar La Moneda, lo que parte del feminismo considera una amenaza existencial. Pese a que el Presidente electo tiene un historial narrativo que puede resultar intimidante al respecto, su guion de “emergencia” debiera alejarlo de ideas como terminar con el Ministerio de la Mujer o con el aborto en todas sus formas, aunque es probable que frene iniciativas de educación sexual y de perspectiva de género, entre otras medidas. En este escenario, distintas líderes feministas han planteado sus aprensiones sobre los retrocesos que Chile podría sufrir durante los próximos cuatro años en esta materia. Les preocupa que un eventual debilitamiento de la democracia liberal propicie esta situación.

No deja de ser paradójico. Efectivamente, los mayores progresos en el propósito de cerrar la brecha de género se encuentran en democracias liberales (Gender Gap Index 2025, WEF). Sin embargo, por acción u omisión, distintas corrientes del feminismo han descuidado estos valores, que constituyen el terreno más fértil para que sus ideas florezcan, o directamente los han maltratado. Por acción, lo han hecho quienes promueven la funa, la censura de intelectuales y de sus obras y, en fin, quienes no ven virtud más allá de sus ideas, incluso en las de quienes adhieren a varios de sus propósitos cuando no comulgan con sus métodos. Por omisión, quienes, formando parte de ese ecosistema, han guardado silencio frente a las formas iliberales de perseguir sus objetivos, otorgándoles, de facto, la propiedad de la “marca feminismo” a sus exponentes más radicales, quienes están haciendo mucho por alimentar a sus bases y poco por ampliarla. El resultado es que muchos de quienes se sienten interpretados por los principios de diversidad, equidad e inclusión se sienten, a la vez, agobiados por la pesada mochila que el feminismo radical busca poner sobre sus hombros, esa lógica de amigo o enemigo, de todo o nada. Resulta revelador que el 78% de los chilenos se considere poco o nada feminista (63% entre mujeres), pero lo es más aún que entre las personas adultas menores de 30 años el feminismo tenga su menor penetración (21%) y que casi la mitad de las mujeres esté de acuerdo con que los avances en igualdad de género han derivado en una discriminación hacia los hombres (IPP-UNAB, 2026).

Los progresos logrados en materia de género no están tan amenazados por lo que pueda hacer el próximo gobierno como por los excesos del feminismo radical. Las exponentes más dialogantes del movimiento necesitan escuchar el mensaje detrás del avance conservador en Chile y el mundo, no para encontrar nuevos enemigos, sino para instalar un sello nuevo al feminismo. Es fundamental que la fuerza de su acción, que indiscutiblemente ha permitido corregir inequidades de las que las mujeres son objeto, ahora se amplíe hacia un compromiso con la sustancia de la democracia liberal, esos valores que, en muchos casos, han despreciado y que hoy empiezan a extrañar.

Por Rafael Sousa, Socio en ICC Crisis, profesor de la Facultad de Comunicación y Letras UDP

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