Opinión

Chile envejece: los cuidados como oportunidad

Economía del cuidado: El 25% del PIB chileno ampliado que sigue invisible

Está en todos lados: Chile envejece aceleradamente. Según el INE, los nacimientos se han reducido un 46,9% en 32 años y, en el mismo período, la tasa global de fecundidad ha caído un 59,4%. Hacia 2035, la esperanza de vida seguirá aumentando para hombres y mujeres, y ese año el 18,9% de la población tendrá 65 años o más, mientras solo el 16,1% tendrá 14 años o menos. En 2002, esas proporciones eran 7,9% y 26,5%, respectivamente. Se dio vuelta la ecuación.

Y eso no es todo. El 9,8% de la población adulta del país -casi 1,5 millones de personas- se encuentra en situación de dependencia, y un 2,7% (420 mil personas) en dependencia severa. Ambos fenómenos son más frecuentes entre las personas mayores y en los hogares de menores ingresos (ENDIDE, 2022).

Con solo estos datos ya vemos que estamos frente a una olla a presión. Para enfrentarla debemos preguntarnos quién sostiene hoy las demandas de cuidados o cómo eso nos deja, como país, preparados para el futuro.

A nivel global, la gran mayoría de las necesidades de cuidados se cubren mediante trabajo no remunerado, realizado principalmente por mujeres (OIT, 2024). En Chile la situación no es distinta: más del 85% de las personas cuidadoras son mujeres. Y cuando el cuidado es remunerado -en educación, salud y el sector social-, existe también una alta presencia de mujeres: conforman el 65% de la fuerza laboral de cuidados a nivel mundial.

Pero eso no siempre significa trabajo decente ni liderazgo. En el sector salud en América Latina, por ejemplo, las mujeres ocupan menos del 30% de los cargos directivos, pese a representar el 72,8% del personal sanitario (OPS, 2025).

En un contexto en que el desempleo femenino en Chile alcanza el 10,5% (INE, 2025), vale la pena preguntarse cómo cerrar estas brechas para enfrentar lo que viene. Porque frente al acelerado cambio demográfico no solo debemos responder a la baja natalidad -tema, por supuesto, urgente-, sino también fortalecer el sector de los cuidados para convertir una necesidad creciente en una estrategia de desarrollo e inclusión.

Y es que la presión sobre el sistema de cuidados será enorme. Eso es un desafío en sí mismo, pero también una increíble oportunidad: a 2018, el sector formal de cuidados sumaba unos 381 millones de empleos -cerca del 11% del empleo mundial- y cerrar la brecha entre demanda y oferta de cuidados podría generar cientos de millones de empleos adicionales (OIT, 2018; OCDE, 2024).

Si esos empleos se crean con condiciones que aseguren el trabajo decente y medidas que permitan el acceso equitativo de las mujeres a puestos de decisión, el cambio demográfico puede convertirse en una de las mayores oportunidades de empleo formal para las mujeres en las próximas décadas. Está en nuestras manos tomar esa oportunidad hoy y transformarla en desarrollo futuro.

Por Cristina Vio, Directora ejecutiva de ComunidadMujer

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