Escuchar a dos Pritzker
No fue un encuentro para hablar de sus edificios, aunque podría haberlo sido. En el ciclo “La Ciudad y las Palabras” -coordinado por Loreto Villarroel- del doctorado en Arquitectura y Estudios Urbanos de la UC, Fernando Pérez (Premio Nacional de Arquitectura) reunió a Alejandro Aravena y Smiljan Radić (ambos chilenos galardonados con el Premio Pritzker, el máximo reconocimiento mundial de la disciplina) para conversar sobre el oficio de arquitecto y el camino que ambos habían recorrido.
Lo más interesante fue lo que no apareció. No hubo recetas para el éxito ni relatos sobre el talento. La conversación giró, bajo la guía de Pérez (que fue profesor de ambos) una y otra vez hacia el aprendizaje, sobre las maneras en que se construye progresivamente el conocimiento.
Aravena recordó a profesores que lo desafiaron —incluso a los malos, porque obligaban a discutir—, los viajes que ampliaron su mirada y lo aprendido junto a los maestros de obra. Radić habló de los cuadernos con que rindió un examen en Venecia, de la importancia de leer y viajar, y de rodearse de personas que alimenten el trabajo. Ninguno describió la arquitectura como un acto de inspiración solitaria.
También coincidieron en reivindicar el error. Radić desconfía de herramientas, como la impresión 3D, que convierten demasiado pronto una idea en un objeto terminado, ya que la maqueta siempre fue un lugar para descubrir lo que no funcionaba. Aravena sostiene que es mejor que los proyectos sufran en el papel y no durante la construcción. Equivocarse pronto y barato no es un fracaso: es una forma de conocimiento.
Hubo, además, una idea provocadora. Aravena recordó que cerca de dos tercios de lo que se construye en el mundo se hace sin arquitectos. Allí están, dijo, los mayores desafíos de la disciplina. Y agregó algo aún más sugerente: la experiencia chilena, acostumbrada a trabajar con restricciones e incertidumbre, podría tener algo que enseñar incluso a las grandes escuelas del mundo.
Salí del conversatorio pensando que había asistido a una defensa del aprendizaje, de las precauciones frente a las abstracciones que no tocan la realidad y de las herramientas que prometen eliminar el error. En tiempos en que la inteligencia artificial promete respuestas inmediatas y las herramientas digitales reducen cada vez más la distancia entre imaginar y producir, resultó llamativo escuchar una defensa tan explícita de los procesos lentos.
Esta es una lección que trasciende la arquitectura. También interpela a las universidades y a cualquiera que crea que aprender consiste más en encontrar respuestas que en seguir haciéndose buenas preguntas, o en llenar el “disco duro mental” de certezas más que entrenarlo en buscar lo que no se sabe. Escuchar a estos dos arquitectos reconocidos mundialmente reivindicar el valor de la búsqueda, la prueba, lo colectivo, la duda y el error resultó contracultural, sobre todo para los muchos estudiantes que repletaron el enorme espacio donde tuvo lugar el encuentro.
Por Ricardo Abuauad, decano Campus Creativo UNAB y profesor UC
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