Opinión

Endieciochando septiembre

Santiago, 14 de septiembre de 2022. Imagenes referenciales de Fiestas Patrias. Jonnathan Oyarzun/Aton Chile JONNATHAN OYARZUN/ATON CHILE

Tenemos razón en mirar ante todo al futuro, el pasado no puede ser cambiado. Pero tampoco olvidado. Hay que asumir en común algo de lo vivido. Por ejemplo, los sueños de ese torrente popular que en las elecciones de marzo de 1973 creció en número y pasión respecto a 1970, a pesar del desabastecimiento, la inflación y del desorden; y el dolor imperecedero del hijo asesinado, del padre desaparecido, del amigo torturado, del familiar exiliado. Pero asumir también la desesperación de los que vivían el desabastecimiento, que sufrían la pérdida de sus tierras o empresas; que huían de Chile cuando nada tenían fuera; que legitimaban la violencia porque sentían vivirla. Pero sobre todo, compartir las consecuencias de llegar a una democracia que se deteriora y a una violencia que se hace consenso extendido para resolver diferencias entre chilenos. Años después, esos mismos seres humanos, enemigos irreconciliables, fueron capaces de construir un Chile democrático, en paz y más próspero. Guardo desde entonces con celo, más que las palabras exactas, el mensaje profundo con que el Presidente Aylwin, inaugurando su gobierno en el Estadio Nacional, calló unas pifias a las FF.AA.: “Hemos venido a gobernar para todos los chilenos. Tenemos que ser capaces de reconstruir la unidad de la familia chilena. ¡Chile es uno solo!”.

Eso vuelvo a reclamar hoy cuando vivimos dificultades. No olvidemos las grandezas de Chile. El retorno a la democracia y el triunfo del Rechazo, sabiduría institucional ciudadana que cuida a Chile. O las oportunidades económicas que se nos refriegan en las narices y no vemos: nos entrampamos en males muy reales -como empleo y vivienda– pero que podemos resolver. Nunca en la historia el precio del cobre y el litio han estado tan altos, mientras la electrificación anuncia que el petróleo pierde peso en la economía mundial y en la nuestra, aunque vivamos hoy un “bencinazo”. Somos más ricos que antes en cobre y litio; y potencia en alimentos que la humanidad demanda con fuerza: agricultura mediterránea y acuicultura de la corriente de Humboldt. Se anuncian políticas públicas que sí favorecen el empleo y la inversión nacional y extranjera. Y aceleraría las cosas postergar ajustes dado el alivio fiscal. Contamos con un empresariado grande y pequeño experimentado y ganoso que ve bien los nuevos cambios legales.

El gobierno ha defraudado expectativas y mostrado inconsistencias, pero si se ordena y piensa como Aylwin en un país para todos y no para su barra brava, apuntará adonde debe. Y me alienta que parte de la oposición tome conciencia del daño hecho por años con políticas erradas y comience a recapacitar.

El momento no es fácil, pero como pocas veces percibo que si actuamos pensando en Chile y su gente tenemos una gran oportunidad. Por eso me hace más sentido “endieciochar” este septiembre, que “cuatrearlo” u “oncearlo”.

Por Óscar Guillermo Garretón, economista

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