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Los socialdemócratas ganan elecciones en Suecia, pero el país queda al borde del empate entre bloques

En medio del conteo oficial de los votos, la televisión pública sueca proyectaba que el bloque de centroizquierda, liderado por los socialdemócratas, sumaría 175 escaños en el Riksdag, frente a los 174 de la coalición de derecha.

Los socialdemócratas celebran los sondeos a boca de urna que los sitúan a la cabeza en las elecciones de Suecia. Foto: Archivo

Suecia cerró este domingo sus centros de votación tras una campaña tensa y polarizada, con ataques personales entre los líderes y anuncios de estilo trumpista. Los primeros sondeos a boca de urna de las elecciones parlamentarias, difundidos tras el cierre de las mesas a las 20.00 hora local, dieron la ventaja al bloque opositor de centroizquierda liderado por la socialdemócrata Magdalena Andersson.

Según la proyección de la cadena pública SVT, la coalición de Andersson alcanzó el 51,3% de los votos, frente al 46,8% del bloque de derecha que gobierna el país desde 2022. El canal privado TV4 ofreció un panorama similar, con una ventaja algo menor para la oposición: 51,3% frente al 47%.

Con alrededor del 74% de las mesas escrutadas, el recuento oficial preliminar entregado por la Autoridad Electoral Sueca daba al bloque de centroizquierda un 50% de los votos y a la coalición de gobierno un 49%, cifras que deberán actualizarse conforme avance el conteo definitivo, que demorará toda la semana según la reglamentación electoral del país escandinavo. El escrutinio no se completará hasta el miércoles, cuando se contabilicen los votos en el extranjero y una parte del voto anticipado.

La proyección de la televisión pública pronostica para los socialdemócratas un resultado peor al cosechado en 2022, cuando obtuvieron el 30,3% de los apoyos. No obstante, sus probables socios (los centristas, La Izquierda y Los Verdes) obtendrían un apoyo ligeramente mayor al de hace cuatro años.

El desglose por partido situó a los socialdemócratas como la fuerza más votada, con el 28%, seguidos por los Moderados del primer ministro Ulf Kristersson, con el 18%, y los ultraderechistas Demócratas de Suecia (SD), con el 17%. El resultado implicó una caída de tres puntos para el SD respecto de 2022, el primer retroceso desde que el partido ingresó al Parlamento en 2010.

La formación ultraderechista, con raíces neonazis, había mejorado sus resultados en cada elección parlamentaria desde que Jimmie Akesson se convirtió en 2005 en el líder del partido.

Los cristianodemócratas y los liberales lograrían un resultado mejor al de los últimos comicios, con alrededor del 6% de los sufragios. Hasta la semana pasada, todos los sondeos pronosticaban que el Partido Liberal se quedaría por debajo del umbral del 4% necesario para obtener representación parlamentaria.

El actual primer ministro sueco, Ulf Kristersson, del Partido Moderado. Foto: Archivo Caisa Rasmussen

El retroceso adelantaría el fin de cuatro años de gobierno de la coalición del acuerdo de Tidö, integrada por los Moderados, los cristianodemócratas y los liberales, con el respaldo parlamentario del SD. Esa alianza rompió en 2022 un tabú histórico en la política sueca al sumar a un partido de raíces neonazis al esquema de poder. Andersson enfrentaba ahora el desafío de articular una mayoría junto al Partido del Centro, el Partido Verde y el Partido de la Izquierda, fuerzas con diferencias en impuestos y energía.

El freno a la ultraderecha

La coalición de Kristersson llegó a la jornada por detrás en las encuestas, a pesar de la mejora económica y de los avances en seguridad que el gobierno atribuía a su gestión, según reportó el diario británico The Guardian.

El propio primer ministro había anunciado su intención de sumar formalmente al SD al gabinete si su bloque retenía el poder, lo que habría representado el fin de otro tabú al otorgar carteras ministeriales a un partido con ese origen.

Jimmie Åkesson, líder del partido Demócratas de Suecia. Foto: archivo

Kristersson declaró a los periodistas que esperaba una velada “muy, muy emocionante”, según relató el mismo medio. Insistió en que “el impulso” estaba de su lado, pese a las encuestas adversas a su partido. “Somos líderes de equipo; ese es nuestro papel en la política sueca”, afirmó, y agregó que la clave para lograr resultados era “la capacidad de llegar a acuerdos”.

Horas después de conocerse los sondeos, la diputada del Partido de la Izquierda, Ida Gabrielsson, resumió el ánimo opositor, según consignó el diario español ABC. “Parece que podemos despedirnos de Tidö”, afirmó. “Se siente bien. No soy yo quien reclama la victoria de antemano, pero aun así parece que podemos decir adiós y mucha gente está cansada”, añadió.

El retroceso del SD se produjo pocos días después de que Alternativa para Alemania (AfD) ganara las elecciones regionales en Sajonia-Anhalt, lo que había elevado el interés internacional por un eventual ingreso de la ultraderecha sueca al gobierno. El resultado se sumó además a lo ocurrido en Dinamarca, donde la socialdemócrata Mette Frederiksen se impuso en dos elecciones consecutivas con una de las políticas migratorias más restrictivas de la Unión Europea.

El partido de Akesson había subrayado hace unos meses que, en caso de que las derechas volvieran a sumar una mayoría absoluta, exigirían entrar en el nuevo gobierno sueco. Kristersson se había mostrado dispuesto a ello durante la campaña e incluso les ofreció públicamente la cartera de Inmigración.

El giro migratorio de la izquierda

Parte de la explicación del resultado estuvo en el fenómeno de los llamados “Moderados de Magda”, según describió ABC. Se trata de votantes urbanos de clase media que en elecciones anteriores optaron por alternativas conservadoras y que esta vez se inclinaron por los socialdemócratas, al rechazar la colaboración de la derecha con el SD y buscar una gestión más técnica de la inmigración y la seguridad, sin respaldar la expulsión de jóvenes con pasaporte extranjero criados en Suecia.

El programa de Andersson incluyó reducir la concesión de asilo a los niveles mínimos permitidos por la Unión Europea, endurecer los requisitos de ciudadanía y reforzar las obligaciones de actividad y formación para quienes reciben ayudas públicas.

“El Estado del bienestar no solo es un modelo económico, sino que también se sostiene por la solidaridad y la confianza entre las personas”, explicó durante la campaña Lawen Redar, portavoz socialdemócrata en política de integración. “Si falta un idioma común y lazos culturales básicos, esta solidaridad se erosiona”, sostuvo.

Magdalena Andersson, la líder del Partido Socialdemócrata de Suecia tras emitir su voto. Foto: Archivo

Andersson, que votó la mañana del domingo en Nacka, a las afueras de Estocolmo, calificó la campaña como “una historia de dos caras”.

“Ha habido muchas mentiras y disputas, pero al mismo tiempo hay muchísima gente sensata en todo el país”, dijo a la televisión pública sueca. “El objetivo es ganar y marcar un nuevo rumbo para Suecia”. A la agencia Reuters agregó que el país se había vuelto “una sociedad más dura, más silenciosa, pero también más pobre”, con salarios que alcanzaban para comprar cada vez menos.

Gran parte del debate de campaña se concentró, de hecho, en las finanzas personales de los suecos, según señaló a Radio Sweden el corresponsal político Fredrik Furtenbach. “Los partidos han intentado superarse mutuamente con promesas de más dinero. Ha sido una especie de subasta”, dijo.

En un país donde las 46 mayores fortunas acumulan tanta riqueza como el 75% de la población, según Oxfam, Andersson centró buena parte de su campaña en subir los impuestos a la banca y a las rentas más altas para reforzar el Estado del bienestar.

Si finalmente el bloque de centroizquierda logra ganar por la mínima, Andersson encarará unas negociaciones para formar gobierno que se prolongarán durante varias semanas, si no meses. La Izquierda ha insistido durante la campaña en que exigirá formar parte del Ejecutivo, mientras que el Partido del Centro ya ha subrayado que no apoyará ninguna coalición que incluya a los poscomunistas.

Los centristas, que en el pasado han formado parte de gobiernos de coalición junto a los conservadores, han defendido también la posibilidad de incluir a los cristianodemócratas en el futuro Ejecutivo. Andersson, por su parte, ha sostenido en las últimas semanas que está dispuesta a colaborar con todas las formaciones salvo con Demócratas Suecos.

Según el diario El País, si Andersson finalmente vuelve a estar al frente del país nórdico (de 10,6 millones de habitantes) supondrá un balón de oxígeno para la socialdemocracia europea, en un momento en que, de entre los 27 miembros de la UE, solo los de España, Dinamarca y Malta tienen un jefe de gobierno de esta familia política.

El resultado será provisional hasta que concluya el recuento definitivo, un proceso que en Suecia toma alrededor de una semana, según detalla el Riksdag, el Parlamento sueco. Con base en las cifras preliminares, el primer ministro en ejercicio puede anunciar en los días siguientes si permanece en el cargo o presenta su renuncia, y el nuevo Riksdag deberá votar sobre la continuidad del gobierno a más tardar el 29 de septiembre. De confirmarse los sondeos, Suecia pondría fin a cuatro años de gobiernos de derecha y el SD sufriría su primer retroceso desde el ingreso al Parlamento.

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