Opinión

11 de septiembre

Sobre lo ocurrido jamás nos vamos a poner de acuerdo. Ni respecto a sus causas y culpables, ni en sus efectos y alcances. Hace tres años, cuando el golpe de Estado cumplió medio siglo, el sólo insinuar que lo ocurrido ese día tuvo un “contexto” ya te hacía culpable de querer relativizar las violaciones a los DD.HH. ocurridas después. El gobierno actual prefirió entonces hacer como si ese día simplemente no hubiera existido. “De lo que no se puede hablar es mejor callar” escribió Wittgenstein.

A 53 años de un hito histórico trascendental, un hecho que sigue teniendo impacto en nuestra vida política, todavía no podemos hablar. Hablar en el sentido profundo, ponernos de verdad en contacto con lo que piensa el otro, con lo que siente y quiere expresar. Ha corrido mucha agua bajo el puente, se han dicho muchas cosas de un lado y del otro. Hubo momentos en que pareció que lográbamos encontrarnos en nuestras diferencias, pero al final siempre terminó por imponerse la necesidad de no empatizar con lo que el otro vivió y sintió.

¿Cuál es el verdadero 11 de septiembre? ¿El que vivieron los partidarios de la UP o el que vivieron sus opositores? ¿Fue real sólo el horror que a partir de ese día sufrió la gente de izquierda o también el alivio que sintieron sus adversarios? ¿Se puede hablar de lo que vivieron y sintieron distintos sectores de la sociedad chilena antes y después del golpe, o la magnitud de la tragedia de unos hace que lo vivido por los otros simplemente no deba ser consignado? ¿Se puede siquiera plantear estas preguntas o sólo formularlas ya te pone en el bando de los victimarios?

Seamos sinceros: no se puede y nunca se ha podido. Por mucho menos hace tres años Pato Fernández tuvo que abandonar su puesto en la conmemoración oficial de los 50 años del golpe de Estado. Sólo insinuar que ese hecho histórico tuvo un “contexto” fue considerado un acto de traición moral. ¿Qué queda para el resto? Simplemente no queda nada y eso fue lo que La Moneda decidió hacer este año: nada, callar o hablar a través de su silencio. De alguno modo, el deterioro político vivido desde que la derecha volvió a ganar elecciones tiene aquí una de sus claves. Así como la derecha no puede hablar de los crímenes de la dictadura, la izquierda no puede ni verbalizar su intolerancia a ver a la derecha en el poder. Lo que ambas ocultan es exactamente lo que no pueden dejar de exhibir.

En síntesis, hay algunos que cree que la magnitud de su tragedia anula y deslegitima lo vivido por sus adversarios. Otros, desde la culpa pretenden convencernos de que el 11 de septiembre no existió. Ninguno quiere hablar con el adversario, con quien vivió la historia desde la otra vereda y esa es la razón por la cual estamos condenados a la repetición interminable de este diálogo de sordomudos. No podemos hablar del futuro porque estamos atrapados en un pasado del que no podemos hablar.

Por Max Colodro, filósofo y analista político

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