Por Josefina Montenegro¿Somos patriotas los chilenos?

Septiembre se siente en el aire y en el ánimo. Nos recuerda que el invierno está en retirada y que pronto celebraremos nuestras Fiestas Patrias. Las banderas aparecen en las casas y edificios, recuperamos tradiciones, nos reunimos en torno a una mesa y volvemos a hablar de Chile desde el afecto. Por algunas semanas, nuestro vínculo con el país se hace más visible.
Este ánimo ofrece el marco justo para preguntarnos si somos realmente patriotas los chilenos y qué entendemos hoy por patriotismo. La respuesta exige mirar más allá de las celebraciones y de las polémicas de la contingencia, para reflexionar no solo sobre cuánto queremos a Chile, sino también sobre la manera en que contribuimos a construirlo.
El Estudio Orgullo Chileno 2026, elaborado por Fundación Imagen de Chile e Ipsos, entrega un buen punto de partida. Un 78% de las personas encuestadas declara sentirse orgullosos de ser chilenos y un 71% manifiesta orgullo por Chile. Ambas cifras son las más altas desde que comenzó esta medición, en 2019.
La diferencia parece pequeña, pero contiene una distinción relevante. Según el estudio, el orgullo por ser chileno nace de una identidad profunda compuesta por nuestra historia y códigos compartidos, como la “chispeza”, la solidaridad y la resiliencia. El orgullo por el país, en cambio, está más relacionado con la manera en que evaluamos su economía, su seguridad, sus instituciones y sus oportunidades.
Podemos, entonces, sentirnos profundamente orgullosos de ser chilenos y mantener una mirada crítica sobre el país que estamos construyendo. No es una contradicción. Al contrario, podría ser una señal de que el afecto por Chile no nos vuelve indiferentes frente a sus problemas.
La encuesta muestra también que aquello que más orgullo nos provoca es nuestra geografía y diversidad natural. Después aparecen la astronomía, la calidad de nuestros productos de exportación y la fortaleza de los chilenos para enfrentar desafíos. Las evaluaciones son menos favorables cuando se pregunta por el desempeño deportivo, la equidad y la confianza en las instituciones.
En otras palabras, nos resulta más fácil sentir orgullo por lo que Chile es que por lo que Chile hace. Y quizás ser patriotas implique también trabajar para acortar esa distancia. El desafío es construir instituciones, empresas, industrias y oportunidades que despierten un orgullo equivalente al que sentimos por nuestra identidad y nuestro patrimonio natural.
Ser patriota, por tanto, no puede reducirse a emocionarse con los símbolos nacionales ni a recordar nuestras tradiciones durante septiembre. Tampoco consiste en afirmar que todo marcha bien o en evitar la crítica. Querer a un país supone reconocer sus problemas, pero también asumir alguna responsabilidad en su solución. Significa apostar por Chile, invertir asumiendo riesgos, innovar y desarrollar proyectos de largo plazo, formar talento y generar empleos de calidad.
Ese compromiso requiere además mirar hacia el futuro. Y en eso el estudio contiene una señal alentadora. Aunque seguimos asociando nuestro orgullo a sectores tradicionales, como el vino, la fruta, el cobre, ha aumentado la valoración de la astronomía, las energías renovables, el litio, el hidrógeno verde y la electromovilidad. Comenzamos a sentir orgullo no solo por aquello que Chile ha producido durante décadas, sino también por las capacidades que podrían definir su futuro.
Transformar ese potencial en desarrollo es una tarea compartida. Exige colaboración entre el sector público y privado, instituciones que generen confianza y ciudadanos comprometidos con el cuidado de lo común. Frente a terremotos, incendios y otras catástrofes, los chilenos hemos demostrado que sabemos suspender nuestras diferencias y actuar como comunidad. La tarea es no esperar una nueva emergencia para recuperar ese sentido de un propósito compartido.
Quizás ser patriota hoy sea algo menos solemne y bastante más cotidiano, hacer bien nuestro trabajo, cuidar aquello que pertenece a todos, respetar las reglas incluso cuando nadie nos observa, construir acuerdos y confiar en las capacidades del país.
Septiembre nos invita a expresar nuestro cariño por Chile. La pregunta es cuánto de ese sentimiento permanece cuando guardamos las banderas. Porque el verdadero desafío no es demostrar que somos patriotas durante un mes, sino convertir ese afecto en una forma de actuar durante todo el año. Tal vez ahí se juegue, finalmente, la diferencia entre celebrar a Chile y contribuir verdaderamente a construirlo.
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