Opinión

¿Era Allende de ultraizquierda?

Salvador Allende, Chile, 1971. Fotografía de Michael Mauney. Michael Mauney

La izquierda académica y la izquierda política tienen un producto colaborativo: los estudios sobre ultraderecha (ver “Qué (no) es la ultraderecha” de Pablo Valderrama). Según ellos, el radicalismo se puede estudiar en un solo bando del espectro político básicamente porque así se hace en Europa y EE.UU.

¿Qué sería la ultraderecha? Cas Mudde, el gurú de esta tribu, la define como todo aquello a la derecha de la derecha democrática. Su manifestación más dura sería la “extrema derecha”, abierta y directamente contraria al sistema democrático. Luego estaría la “derecha radical”, que acepta el sistema democrático en lo electoral, pero degrada pilares fundamentales de la democracia liberal, como los derechos de las minorías, el Estado de derecho y la separación de poderes. El nativismo (etnonacionalismo), el autoritarismo y el populismo serían sus características de base. Uno de sus objetivos comunes, plantea Mudde, es concentrar capacidades en el ejecutivo, degradando a los demás poderes con la excusa de encarnar la voluntad popular.

Mudde y sus discípulos locales, como Cristóbal Rovira, nos plantean que Kast sería de ultraderecha, de la vertiente populista radical. También nos advierten que dejarla crecer es peligroso, pues es una pendiente resbaladiza. Esta derecha iría, muy de a poco, socavando la democracia, hasta destruirla. Habría que cercarla lo antes posible, uniendo a los demócratas liberales de todos los partidos en su contra.

Como ya dijimos, una de las características extrañas de estos “estudios de ultraderecha” es que no consideran relevante estudiar a la ultraizquierda para comprender mejor las dinámicas políticas que llevan a la radicalización. Simplemente la omiten. Cuando Paula Escobar le pregunta sobre esto a Cas Mudde en una muy ilustrativa entrevista en la Revista Santiago, Mudde se complica y le responde que fuera de Chile, donde el Partido Comunista es parte de gobiernos de izquierda que se pretenden moderados, la ultraizquierda no es muy relevante. Luego plantea que, en el mundo, “por cada Maduro hay diez Trumps”. Y también señala que su propia postura es la de alguien “de izquierda anticomunista”.

Siguiendo a Mudde, y aplicando su modelo hacia el otro lado del espectro, es absolutamente obvio que el Partido Comunista de Chile sería un partido de ultraizquierda. Su concepción de la democracia es abiertamente instrumental y todavía reivindican la dictadura del proletariado, que tiene como eje el poder ejecutivo, como paso necesario para llegar al comunismo. Sus amigos internacionales, por lo demás, dejan al Foro de Madrid como club de padel: las dictaduras de Cuba, Nicaragua, Venezuela y Rusia.

Pero más allá de esta obviedad, las categorías y advertencias de Mudde y sus amigos, al ser aplicadas sobre la izquierda, ponen en peligro a una de las figuras tutelares de la Nueva Mayoría y del Frente Amplio: el Presidente Salvador Allende. Y es que Allende era, a todas luces, un populista (ver “Populismo y radicalismo político durante la Unidad Popular” de Carlos Cousiño y “La experiencia nacional popular” de Eduardo Valenzuela). Y un populista que, dicen sus analistas, usaba la retórica de la revolución y se movía en los clubes revolucionarios –con Fidel Castro, el Ché Guevara o el Mariscal Tito-, pero no actuaba directamente como uno. Daniel Mansuy, en su libro sobre Allende, nos dice que en él “la revolución funciona más como horizonte que como acción inmediata”. Por eso a Regis Debray le afirma que había firmado las garantías constitucionales como táctica, para transformar desde adentro la legalidad burguesa en legalidad revolucionaria. Es decir, Allende buscaba acercarse a la revolución, pero de a poco y respetando formalmente las reglas del juego democrático.

Un elemento clave de toda la crítica a la derecha radical desplegada por Mudde y Rovira, como vimos, es que utiliza el argumento de pendiente resbaladiza para advertirnos en contra de líderes como Kast (quien nunca ha siquiera insinuado algo como lo que Allende le dice a Debray). Lógica que la izquierda chilena siempre censuró para evaluar el proyecto de Allende y la Unidad Popular. No pueden, ahora, usarla contra Kast sin dejar caer a Allende.

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