Opinión

Después de las reformas, volvamos al aula

Imagen de referencia.

Los resultados recientes de PISA vuelven a recordarnos que un número importante de nuestros estudiantes avanza sin alcanzar los aprendizajes pertinentes para desenvolverse adecuadamente, en una sociedad cada vez más compleja.

Durante la última década, una parte importante de la discusión educacional chilena estuvo concentrada en reformas estructurales, como nuevas regulaciones, modificaciones al financiamiento y transformaciones organizacionales. Sin duda, ellas respondieron a problemas concretos, pero, a la luz de los resultados PISA, está claro que esa fórmula no logró los objetivos esperados. Por tanto, esta experiencia debiera dejarnos un aprendizaje respecto de que transformar la estructura del sistema no garantiza impactar positivamente la calidad educativa.

Por eso, necesitamos volver a poner el aprendizaje en el centro, y esto significa concentrarnos en políticas capaces de modificar las oportunidades que tienen los estudiantes de aprender. En este sentido, tres prioridades son especialmente relevantes.

La primera comienza antes de la escuela, en la educación parvularia, que debe ocupar un lugar mucho más importante en nuestra estrategia educativa. No se trata únicamente de ampliar cobertura, sino de asegurar asistencia y experiencias educativas de calidad que fortalezcan tempranamente el lenguaje, el vocabulario, las habilidades socioemocionales y las capacidades cognitivas. Muchas de las brechas que posteriormente intentamos corregir en enseñanza básica comienzan a formarse durante estos primeros años.

La segunda prioridad es garantizar que todos los niños aprendan a leer y, progresivamente, comprendan lo que leen, dado que la lectura es una condición para acceder al resto del currículum. Un niño que no comprende adecuadamente lo que lee tendrá dificultades para resolver un problema matemático, entender ciencias o aprender autónomamente. Por tanto, necesitamos identificar tempranamente los rezagos, monitorear el progreso y entregar apoyos antes de que las dificultades se acumulen.

La tercera prioridad son los profesores y su desarrollo profesional, que debe comenzar incluso antes del primer día de universidad. Necesitamos atraer buenos estudiantes a las pedagogías, desarrollar una formación inicial estrechamente vinculada con la práctica, acompañar la inserción laboral de los profesores novatos y asegurar oportunidades de aprendizaje profesional durante toda su trayectoria. Esto incluye prepararlos para los cambios que ya están llegando a las aulas porque, en tiempos de inteligencia artificial, las competencias tecnológicas deberán formar parte transversal de las capacidades profesionales de todos los docentes.

Estas tres prioridades buscan incidir directamente en lo que ocurre entre profesores y estudiantes, en aquel proceso de enseñanza-aprendizaje que, a ratos, ha sido postergado. Las instituciones importan, las regulaciones importan y los recursos importan, pero finalmente, los aprendizajes se producen en las aulas.

Los resultados de PISA deben ser, entonces, una oportunidad para revisar nuestras prioridades. Si Chile quiere revertir sus resultados, el desafío pasa por fortalecer aquello que determina de manera más directa las oportunidades de aprendizaje. Partir asegurando una educación parvularia de calidad; lograr que todos los niños aprendan a leer y comprendan lo que leen; y contar con profesores que se formen y desarrollen profesionalmente, son tres desafíos que pueden ayudarnos a poner el foco donde finalmente se juega la calidad de la educación: en la sala de clases.

Por Mauricio Bravo, Vicedecano Facultad de Educación

Universidad del Desarrollo

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