Por Rolf LüdersLo importante y lo urgente

La economía chilena está pasando por un período muy complejo, de bajo crecimiento, con una tasa de inflación que está fuera del rango objetivo del Banco Central, y con una alta tasa de desempleo. Hay casi un millón de personas buscando empleo, unas 150 mil de ellas por más de un año, lo que constituye un problema mayor.
A mediano y largo plazo podemos reducir la alta tasa de desempleo si aumentamos la tasa de crecimiento económico y flexibilizamos el mercado laboral. En ese sentido, los problemas que estamos experimentando en materia de empleo tienen su origen en la falta de dinamismo de nuestra economía en los últimos lustros, y en los recientes aumentos desmedidos de los costos laborales. Es por ello importante hacer las reformas necesarias para que la economía salga de la trampa de los países de ingreso medio en que se encuentra. Es en esta última dirección que se están implementando el megaproyecto de reconstrucción y la anunciada reforma al mercado de capitales, entre otras medidas.
Sin embargo, es altamente probable que las reformas estructurales que el gobierno está ejecutando con la finalidad de aumentar la tasa de crecimiento económico no tendrán su efecto inmediato. Es más, mientras no se reduzca la incertidumbre institucional existente, esas reformas difícilmente tendrán un efecto duradero sobre la tasa de inversión y por ende, sobre aquella de crecimiento económico y empleo.
La buena noticia es que el gobierno tiene en carpeta varias propuestas que tienen por objeto flexibilizar el mercado laboral y, como consecuencia de ello, aumentar el empleo tan pronto ellas se implementen. Entre estas cabe destacar el contrato por horas, la flexibilidad en la implementación de las 40 horas semanales, la sala de cuna universal, la polifuncionalidad, las bandas horarias, la indemnización a todo evento, etc. La mala noticia es que, si bien estas reformas pueden tener un efecto a más corto plazo, ellas requieren de aprobación legislativa y eso puede ser lento.
Es decir, las reformas estructurales que está impulsando el gobierno van en la dirección correcta, pero no resolverán el problema de desempleo con la urgencia requerida. La combinación del estancamiento económico, de una situación económica internacional complicada, de un déficit fiscal que hay que disminuir, y de una tasa de inflación más alta que el objetivo, dificulta enormemente el manejo macroeconómico. En este contexto, se debe continuar el proceso reformador al mismo tiempo que se hacen esfuerzos para reducir significativamente -y en el corto plazo- el desempleo. Esto último se puede hacer -sin duda una tarea hercúlea, pero indispensable- reasignando recursos públicos a nuevos programas de construcción de viviendas y de infraestructura, y acelerando la ejecución de los proyectos concesionados.
Por Rolf Lüders, economista
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