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Luis Vargas Rosas renace en el Bellas Artes: la exposición que muestra una era clave del museo

A través de 70 obras -algunas no exhibidas en 40 años-, el Museo Nacional de Bellas Artes revisa los 24 años de gestión del pintor al frente de la institución, destacando la incorporación de artistas mujeres, el trabajo con infancias y las tensiones del Chile del siglo XX.

Mientras investigaban de cara a la exposición 145 años: Historias de una Colección, que recorre la historia del Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA), el equipo del organismo se encontró con documentos sobre la gestión de uno de sus directores durante el siglo XX, el pintor Luis Vargas Rosas, quien estuvo al frente de la institución entre 1946 y 1970. Se trata, además, de un nombre capital del arte chileno, pues fundó el influyente grupo Montparnasse, muy atento al postimpresionismo europeo.

“Estos antecedentes sobre la gestión de Luis Vargas Rosas, abrían un campo de investigación muy interesante y que, por las características de la exposición permanente, solo podíamos abordar de manera acotada”, cuenta a Culto la actual directora del MNBA, Varinia Brodsky.

Luis Vargas Rosas y Henriette Petit en París, 1927. Colección: Biblioteca Nacional de Chile.

En base a ese material, se montó la exposición Luis Vargas Rosas. Un museo al ritmo de lo contemporáneo (1946 - 1970), en la que se revisan obras que fueron incorporadas a la colección del museo durante su gestión, en una época en que Chile cambiaba, salía de las duras consecuencias de la Gran Depresión y miraba hacia una mayor industrialización. En ese período pasaron gobiernos de diferentes signos: los radicales Juan Antonio Ríos Morales y Gabriel González Videla, el exgeneral Carlos Ibáñez del Campo y el independiente de derecha Jorge Alessandri Rodríguez. La gestión de Vargas Rosas dialogó con su contexto, con las transformaciones de su tiempo.

“Nos pareció relevante profundizar en uno de los capítulos que abría 145 años, a través de una de las direcciones más extensas de la historia del museo, como son los 24 años en que Vargas Rosas estuvo al frente de la institución -añade Brodsky-. Particularmente, nos interesaba esa capacidad que tuvo de conectar el museo con la modernidad y con la creación contemporánea de su tiempo. Esta exposición permite detenernos en un período específico y, a través de él, comprender no solo cómo se fue construyendo la colección, sino también cómo se pensaba y se gestionaba el museo”.

Museo de Bellas Artes, 1940. Colección: Archivo Fotográfico / Carlos Cornejo. Biblioteca Nacional Digital.

Para Brodsky, esa mirada de Vargas Rosas, atenta a su tiempo, es lo que guía esta exposición: “Estar ‘al ritmo de lo contemporáneo’ no significa simplemente exhibir arte reciente, sino mantener una institución permeable a las discusiones de su época, capaz de revisar críticamente su historia y omisiones, sus colecciones y sus ausencias, y sus formas de representación y de invisibilización, conservando siempre su vocación pública. Lo contemporáneo tiene que ver con una forma de entender el museo y su relación con el contexto. En ese sentido, Vargas Rosas nos resulta especialmente interesante porque en un momento complejo como la posguerra y sus respectivas crisis, plantea un museo activo y conectado con lo que estaba ocurriendo en el campo artístico, pero también con la sociedad”.

“Vargas Rosas interpela al museo como una institución que no puede permanecer ajena a las transformaciones de su época. Eso se expresa en la manera en que incorporó nuevos artistas y lenguajes a la colección, pero también en su preocupación por la educación, por los públicos y por la relación del museo con la ciudad. La exposición intenta precisamente mostrar esa dimensión de su gestión. En ese sentido, ‘al ritmo de lo contemporáneo’ es también una invitación a preguntarnos qué significa hoy que un museo esté al ritmo de su tiempo, cómo una institución pública puede leer las transformaciones de su sociedad y asumir un papel activo frente a ellas”.

Entre las obras inéditas y la donación Hochschild

En total, en esta exposición se presentan alrededor de 70 obras, de diversos formatos, técnicas, temáticas y períodos, que permiten comprender cómo se fue armando la colección del Museo bajo la gestión de Luis Vargas Rosas. Entre otros, hay obras de los chilenos Tótila Albert Schneider, María Fuentealba Oliveros, Luis Herrera Guevara, Manuel Ortiz de Zárate, Julio Ortiz de Zárate Pinto, José Perotti Ronzzoni, Juan Downey, Guillermo Núñez y Eugenio Téllez; además de artistas del extranjero como Benito Quinquela, José Antonio Terry, Raúl Millán, Héctor Poleo, François Arnal o Elizabeth Guggenheim.

Algunas de estas obras no han exhibido al menos en 40 años, por lo que de alguna manera es un rescate. Así lo comenta a Culto la curadora del MNBA, Gloria Cortés: “No hay obras que nunca hayan sido exhibidas públicamente, pero sí obras que hoy pueden resultarnos inéditas porque no habían sido exhibidas durante los últimos 40 años. Entre ellas destacan las adquiridas en Francia, proceso liderado por Vargas Rosas a través de una comisión conformada por artistas chilenos residentes en París como Roberto Matta, la pintora Graciela (Chela) Aranís, Enrique Zañartu y la escultora María Teresa Pinto, junto con funcionarios del Museo del Louvre”.

“Estas adquisiciones fueron posibles gracias a una donación realizada al MNBA por el empresario minero Mauricio Hochschild, radicado en Bolivia. La donación, consistente en una importante suma de francos, fue efectuada en 1948 y su ejecución se extendió hasta 1957, durante casi una década”.

Guillermo Núñez Henríquez Las lágrimas de Bizerta, 1962, parte de la exposición. Carolina Correa Orozco

“En ese proceso se adquirieron obras de Wifredo Lam, Victor Brauner e Yves Tanguy, actualmente exhibidas en 145 años: Historias de una colección, pero también de André Beaudin, Jean Piaubert, François Arnal, Bernard Saby y Francis Etienne Montanier, todos artistas de importante circulación en la escena europea de ese momento. Algunas de estas obras, además, tuvieron una historia de ingreso particularmente compleja, ya que permanecieron detenidas en la Aduana de Valparaíso y solo ingresaron al museo en 1959″.

En este sentido, la exposición también se hace cargo de las dificultades que vivió Vargas Rosas durante su gestión, esto a través de obras y recursos gráficos y uno audiovisual, la exposición propone una mirada al pasado que no lo idealiza. “Los principales obstáculos fueron los presupuestos insuficientes y las trabas burocráticas para ejecutar sus proyectos. Son dos problemas que aparecen de manera recurrente en sus Memorias administrativas y que permiten comprender las tensiones entre el proyecto museo llevado a cabo por las distintas direcciones y las condiciones institucionales que enfrentaron. Esto resulta especialmente evidente en las adquisiciones de obras”.

Francis Etienne Montanier Le pin devant la montagne. Colección MNBA Carolina Correa Orozco

Y agrega: “A la falta de presupuesto se sumaba la dificultad permanente de dialogar con el Consejo de Aprovisionamiento del Estado, un organismo técnico-administrativo que, en distintas ocasiones, dificultó o frenó la compra de obras. Las limitaciones del edificio fueron otro desafío constante. Inundaciones, fallas eléctricas, terremotos y el desgaste de las instalaciones dificultaron la concreción de nuevas mejoras y prolongaron problemas que ya habían sido denunciados por direcciones anteriores”.

Además, la exposición rescata dos cuadros del mismo Vargas Rosas, en su faceta como artista visual. La primera, una pintura sin título de 1932, correspondiente a un período del autor que hasta ahora no estaba presente en la colección; y el óleo Algas marinas, de 1945.

“La obra recién adquirida data de 1932, un momento particularmente significativo de su trayectoria, cuando formó parte de Abstraction-Création, colectivo que reunió a artistas tan diversos como Piet Mondrian, Wassily Kandinsky, Robert y Sonia Delaunay y Alexander Calder, entre muchos otros. También tuvo contacto con Hans Arp, cuya obra incluso se intentó adquirir para el museo durante las gestiones realizadas en Francia”, señala Cortés.

Luis Vargas Rosas, Algas marinas, 1945. Museo Nacional de Bellas Artes

Los niños y las mujeres

Entre otros elementos, la gestión de Luis Vargas Rosas al frente del MNBA impulsó nuevas salas y se renovaron los depósitos, con la instalación de nuevos sistemas para resguardar las obras del Museo. Pero no se quedó ahí, pues fue pionero en acercar el museo a los niños, a través de actividades pensadas para ellos. Así lo comenta Gloria Cortés.

“Cuando Luis Vargas Rosas realizó, junto a sus compañeros del grupo Montparnasse, el Salón de Junio en 1925 ya se incorporaba una muestra de arte infantil. Y en entrevistas realizadas antes de asumir la dirección aparece también su interés por fortalecer el vínculo entre el museo y la educación artística, entendiéndolo como un espacio de aprendizaje”, y acá hubo un nombre clave: “Las exposiciones infantiles se desarrollaban en el museo desde 1937, gracias a la gestión de Laura Rodig, y se inscribían en un contexto internacional que comenzaba a reconocer a las infancias como sujetos creadores, capaces de expresar y aportar una mirada propia sobre el mundo, especialmente en los contextos de conflictos internacionales”.

De este modo, Vargas Rosas profundizó aún más la mirada del museo hacia el público infantil: “Cuando Vargas Rosas asume la dirección, este interés adquiere una nueva dimensión en el contexto internacional marcado por la creación del ICOM en 1946 y por una concepción del museo que comenzaba a poner mayor énfasis en su función social y educativa. En Chile, tanto la antigua DIBAM como el Ministerio de Educación impulsaron iniciativas en esta dirección, entre ellas la incorporación de educadoras y guías vinculadas al museo. Una figura fundamental en este proceso fue la antropóloga Grete Mostny”.

Héctor Poleo, Campesina italiana, 1951. Colección MNBA.

Fue en ese contexto en que Vargas Rosas incorporó al Museo a las primeras funcionarias mujeres: “Vargas Rosas potenció la incorporación de funcionarias del Ministerio de Educación que se trasladan al museo para desarrollar programas de visitas y guías escolares. Entre ellas estuvo la propia Laura Rodig, quien continuó desempeñando funciones en el museo hasta su muerte, en 1972″.

Y agrega Cortés: “La incorporación de las primeras mujeres funcionarias al museo refleja la ampliación de los espacios de participación laboral y profesional de las mujeres y las profundas transformaciones sociales y culturales que atravesaba el país. Al mismo tiempo, este proceso permite preguntarnos por los roles que las mujeres ocuparon dentro de la institución, por las tareas que les fueron asignadas y por las posibilidades que tuvieron de participar en la construcción de sus políticas, sus colecciones y sus programas. Es decir, qué lugares podían ocupar las mujeres dentro del museo, al alero de una sociedad que todavía estaba marcada por roles de género muy definidos. Pero también se convirtió en un espacio donde las mujeres generaron prácticas transformadoras, contribuyendo a modificar las formas de trabajo, la visión de museo y su relación con sus públicos, entre otras cuestiones, aportando a la construcción del museo que conocemos hoy”.

Mariano Fortuny y Marsal, Fantasía árabe ante la puerta de Tánger, sin fechar (detalle). Colección MNBA.

Para finalizar, Varinia Brodsky reflexiona sobre la importancia de rescatar el legado de quienes estuvieron al frente del museo en tiempos pretéritos. “Reconocer los legados es también una forma de fortalecer la propia institucionalidad. Cada gestión aporta una mirada, propone transformaciones y abre caminos que pueden ser continuados, revisados o incluso discutidos por quienes vienen después. Las instituciones culturales públicas no se construyen de un día para otro ni pertenecen a una administración particular. Son el resultado de muchas generaciones, de distintas direcciones, equipos y comunidades que van dejando una huella”.

“Por eso, y en ese sentido, la historia de Vargas Rosas es muy elocuente, fue una dirección que dejó transformaciones profundas, pero que hoy podemos mirar críticamente desde nuestro presente. Creo que esa posibilidad de construir sobre lo que otros hicieron es justamente una de las fortalezas de una institución pública”.

La exposición Luis Vargas Rosas. Un museo al ritmo de lo contemporáneo (1946 - 1970), se inaugura este jueves 10 de septiembre, a las 18:00 horas. La exposición se mantendrá hasta el 28 de Febrero de 2027.

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