Los enemigos del progreso
Hay una escena notable en la serie Yellowstone, donde una mujer joven se niega a comer carne, en el día donde la hacienda celebraba justamente “El día de la carne”: su principal producción. Termina comiéndose un choclo asado. Es ahí donde John Dutton -el actor Kevin Kostner- le dice: “¿sabes cómo lo hacemos para producir ese maíz? Bueno, matamos todos los insectos que atacan a las plantas. Los exterminamos para que tú puedas comerte ese lindo choclo. Lo que ocurre con ustedes es que solo protegen a los mamíferos ‘queribles’, pero no a las langostas ni a las pulgas”.
Las ONG animalistas y ambientalistas tienen una visión sesgada -y extrema- del progreso. Si hubieran existido (con el actual grado de influencia) durante la Revolución Industrial, seguiríamos en la Edad Media. Si sus actuales consejos se hubieran seguido en los años 50 y 60 tampoco habría surgido la revolución agrícola, que gracias a la genética subió el rendimiento del trigo como en 50 veces, la producción de leche casi 10 veces, y lo que nos permitió que hoy el mundo -salvo en situaciones de guerra- esté alimentado como nunca, y vestido decentemente. Tampoco -si fuera por ellos- habrían tendidos eléctricos, ni pozos de petróleo. Para qué decir de la minería.
Los ambientalistas, se oponen al progreso, pero tampoco proponen soluciones al mundo. Como animalistas pretenden que solo comamos verduras; que dejemos tranquilos a los perros asilvestrados, pero la lista es mucho más larga. En realidad, ven en toda la naturaleza a sus mascotas, pero no ven que el mundo debe alimentarse, vestirse, movilizarse y comunicarse. Y para eso debe crecer la agricultura, la producción y distribución de electricidad, la minería y la industria. Eso, obviamente tiene efectos en la naturaleza. Si de verdad se preocuparan de nuestros peores problemas, estarían no en el Parlamento y la judicatura trancando el progreso, sino ayudando de verdad en Gaza (donde solo hacen shows mediáticos), poniendo escudos humanos en Ucrania, y trabajando sobre los gobiernos de las grandes potencias que son los que producen la mayor cantidad de muertes en la tierra.
En Chile han tenido una labor nefasta, trancando proyectos e industrias importantes para el país: riego, transmisión eléctrica, plantas desaladoras, industria acuícola. Sería bueno que respondieran como suplirían ellos las exportaciones de salmones, madera y cobre. Como darían empleo a quienes viven de ello. Y que haría el país sin sus principales industrias exportadoras.
Hoy se debate en el Congreso algo mucho más importante que los impuestos: la “permisología” burocrática y ambientalista. No nos equivoquemos: los proyectos detenidos, no lo están por invariabilidades tributarias ni por el impuesto a la renta: están parados porque ni siquiera pueden producir. Porque no tienen permiso. Gracias al esfuerzo e influencia de las ONG y de sus organizaciones afines. Y a una burocracia que arrastra los pies sin control alguno.
Por César Barros, economista
Lo último
Lo más leído
La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
50% Plan Digital+$5.150 al mes SUSCRÍBETE