Opinión

Sinceramiento fiscal

9 JUNIO 2026 MINISTRO DE HACIENDA, JORGE QUIROZ, EN EL CONGRESO NACIONAL. FOTO: DEDVI MISSENE Dedvi Missene

Una sana práctica para ordenar el manejo de las finanzas personales consiste en no gastar más allá de lo que los ingresos permanentes que recibimos. Ello no obsta a que eventualmente podamos recurrir a endeudamiento para, por ejemplo, comprarnos una vivienda, pero ello implica tomar en consideración que los intereses y dividendos a que ello dará origen deberán ser posteriormente financiados con cargo a nuestros ingresos permanentes, y así ajustamos el gasto total. Este principio básico al que nos vemos afectados en forma cotidiana aplica también para los países. La única diferencia es que en caso de producirse un desequilibrio, los gobiernos -en general- tienen mayor capacidad para endeudarse y cubrir la diferencia, pero la mayoría de las veces ello da origen a una bola de nieve que con el transcurso de los años se torna insostenible. Esto es lo que está pasando en Chile.

A pesar de que la regla fiscal que se institucionalizó en Chile hace ya muchos años, basada en el principio básico ya mencionado, ha otorgado grandes frutos al país en términos de estabilidad macroeconómica, por una u otra razón durante 16 de los últimos 18 ejercicios presupuestarios anuales ese sano equilibrio no se ha cumplido. ¿Y cuál es la raya para la suma? A partir de un punto en que prácticamente no teníamos deuda pública, ahora estamos bordeando el 45 por ciento del PIB -considerado un límite prudencial-, con una tendencia que no ha dejado de subir.

En el marco de la ley de responsabilidad fiscal vigente, a los 90 días de asumir un nuevo gobierno se debe publicar un decreto en el que se establecen las metas fiscales consideradas para el período presidencial. Durante el período de campaña el candidato Kast -y su jefe económico Quiroz- ofrecieron alcanzar un equilibrio estructural hacia 2030, pero la realidad fiscal que se ha conocido impide cumplir con esa meta, y por eso lo establecido en el decreto recién anunciado es solo llegar a un déficit estructural de 1,5 por ciento del PIB, a partir del 2,6 por ciento estimado para este año. Pero junto con ello se ha manifestado el compromiso de mantener como ancla el ya mencionado límite de deuda, sin perjuicio de desviaciones puntuales que podrían producirse. El ministro ya ha jugado sus cartas, de manera que lo fundamental ahora va a ser cumplir con la trayectoria comprometida, revirtiendo así el incumplimiento que se ha producido durante los últimos tres años. La recuperación del crecimiento económico contemplada en el proyecto de reconstrucción será un requisito fundamental para poder lograrlo, pero no será suficiente. Estando en juego la credibilidad fiscal y la clasificación de riesgo de Chile, la magnitud del desafío requerirá de ajustes adicionales en el gasto y de modificaciones en la manera de gestionar los activos del Estado, lo que permitirá dar inicio a una más profunda y bienvenida reforma al aparato estatal. En buena hora.

Por Hernán Cheyre, Centro de Investigación Empresa y Sociedad (CIES), UDD

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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.

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