“Nos enamoramos a kilómetros de distancia”

Este mes se cumplen #10AñosDeTinder. Les pedimos a nuestras lectoras que nos compartan sus experiencias en esta aplicación de citas para –a través de sus historias– dar cuenta de cómo Tinder y otras aplicaciones han cambiado nuestra forma de vincularnos. Durante este mes compartiremos algunas de sus historias. Aquí una de ellas.




“En Marzo de 2020, cuando la pandemia del Covid empezó en Chile, decidí descargar Tinder. No estaba en mis planes conocer a alguien, tampoco había muchas opciones de salir o juntarse por las cuarentenas, así que más bien mi idea era conversar. Justo la aplicación había liberado el ‘pasaporte premium’, lo que significa que uno podía ubicarse en cualquier parte del mundo, sin pagar. Recuerdo que por esos días estaba viendo la serie Outlander, y a ratos soñaba con casarme con un escoses. Hablé con varios chicos, pero al final me “fui” con Tinder a Holanda, y ahí fue cuando hice match con un chico. Lo primero que él pensó fue ‘¿qué hace esta latina en mi pequeña village?’. Pero no, yo estaba en mi casa en Santiago de Chile.

Por supuesto se lo comenté altiro. Ambos –cada uno en su país– estábamos en cuarentena por la pandemia. Así comenzamos a hablar todos los días, a conocernos más. Los dos hablamos inglés, así que el idioma al menos no fue un impedimento. Un día recuerdo que le comenté que tenía muchas ganas de hacer puzzles, pero que acá estaban todos agotados porque la gente compró muchos para entretenerse en el encierro. No me dijo nada sobre eso, pero a las tres semanas, tocaron mi timbre y era un paquete que venía de Holanda. Lo abrí y era una caja con puzzles y chocolates que me había enviado.

Quedé muy sorprendida. Me pareció un gesto tan lindo. Ahí por primera vez pensé que esto se estaba transformando en algo así como una relación. De hecho pasaron las semanas y los meses y fuimos presentándonos a nuestras familias a través de videollamada. Hablábamos así todos los días; veíamos series y películas juntos a distancia, como si estuviéramos al lado. La diferencia de horario no nos importaba. Él comenzó a aprender español y uno de esos días me dijo que tenía ganas de viajar a Chile, en septiembre, para mi cumpleaños. No lo podía creer, estaba muy nerviosa. Pero acepté. El problema fue que para esa fecha las fronteras del país seguían cerradas, así que tuvimos que esperar. Nuestra rutina siguió igual en las semanas que vinieron, incluso él otra vez me envió regalos y flores, hasta comida a mi casa.

Finalmente abrieron las fronteras, y él compró su pasaje para llegar a Chile el 3 de febrero. ¡Por fin! Y es que a esas alturas, ya me moría de ganas de verlo. Llevábamos prácticamente un año de ‘relación’. Pero una semana antes de su viaje nos enteramos de algo terrible en mi familia. Yo quedé derrumbada y le dije que no podía venir, que mis prioridades habían cambiado y que no era el momento de conocernos. Él se lo tomó muy bien, me entendió, canceló su viaje y me dijo que me esperaría y apoyaría hasta que yo decidiera cuándo era el momento adecuado.

Mi situación familiar se estabilizó un poco, y nuevamente pusimos fecha de viaje para marzo. En Chile si bien las fronteras estaban abiertas, había un montón de restricciones para los extranjeros. Por ejemplo, tenía que hacer 10 días de cuarentena. Decidimos arrendar un departamento por ese periodo para pasar la cuarentena juntos.

Ese día yo lo esperaría en el departamento. Estaba hecha un nudo de nervios, hasta que sonó el timbre. Pero desde que abrí la puerta todo fue increíble. Tuve la sensación de conocerlo de toda la vida. El día 10, nos hicimos PCR para poder ir a conocer a mi familia. Allí también todo fluyó, él siempre me dijo que se sintió como en casa, pues todos lo recibieron súper bien, tanto que le decían que se quedara más tiempo. Pero yo le había pedido que este primer viaje durara solo dos semanas, porque mi mamá tenía una cirugia pendiente y yo quería estar ciento por ciento para ella.

El día que se fue lloramos al despedirnos. ¡Fue tan triste! Pero nos prometimos volver a vernos, presencialmente, porque seguimos hablando todos los días por videollamada, durante seis meses más, hasta que en Septiembre del 2021, yo viajé a Holanda. Fui a verlo y a conocer a su familia. Me quedé durante un mes allá y fue una experiencia increíble; un hermoso lugar y su familia muy cariñosa y amable.

Y así estuvimos. Manteniendo nuestro amor, a kilómetros de distancia. Hasta que en enero del 2022 se vino a vivir a Chile. Desde entonces vivimos juntos en nuestro departamento. Estamos felices armando nuestra nueva vida. Jamás pensé que ese match pensado para solo conversar, me cambiaría la vida para siempre”.

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