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Mi mascota y yo: él me ayudó a vivir

Loreto rescató a Octavio cuando era un pichón indefenso y decidió criarlo en su casa. En medio de pérdidas familiares y duelos, la pequeña paloma se convirtió en su compañero inseparable y en el protagonista de una comunidad que busca cambiar la forma en que miramos a estas aves.

05.03.2026 Entrevista Mi Mascota y Yo. Foto Pablo Vásquez R. |PAULA Pablo Vásquez R.

Cuando lo encontró era apenas un pichón, pequeño y sin plumaje. Estaba a la salida de la casa donde entonces cuidaba a su padre. Lo recogió sin saber mucho sobre aves y sin pensar en que sería el comienzo de una historia de amor y compañía. “Te voy a ayudar a vivir”, le dijo Loreto al polluelo asustado.

Era enero de 2024, el pequeño pájaro cabía en la palma de su mano y Loreto temía noche tras noche que no sobreviviera a la mañana siguiente. Sin embargo, el pichón comenzó a fortalecerse cada vez más y a vincularse con ella. La seguía a todos lados como un fiel compañero, por lo que se decidió a adoptarlo como mascota. Lo llamó Octavio.

05.03.2026 Entrevista Mi Mascota y Yo. Dirección: Ciudad de México 383 dpto 303, Cerrillos Foto Pablo Vásquez R. |PAULA Pablo Vásquez R.

Hoy viven juntos en un departamento, donde el palomo vuela libremente sin necesidad de utilizar jaulas. En la noche duerme en uno de esos bolsos para transportar mascotas, que en su interior tiene una manta que usa como cama. Y se comporta como cualquier otra mascota: demuestra afecto y proporciona compañía.

Ambos ya tienen una rutina armada: Loreto se levanta a las siete de la mañana para despertarlo y limpiar su espacio. “Corre detrás mío, vuela para allá y para acá”, cuenta.

En la tarde salen a caminar, Octavio usa su arnés y pasea por la plaza. “Camina por la sombra, tomamos aire, sol. La gente se acerca, conversa, le toma fotos. Él suele viajar sobre su hombro mientras ella lleva una botella de agua y semillas para darle de comer. Por la noche, Octavio se posa encima de su cabeza mientras ella ve televisión. Así permanece horas hasta que ambos se van a dormir.

05.03.2026 Entrevista Mi Mascota y Yo. Dirección: Ciudad de México 383 dpto 303, Cerrillos Foto Pablo Vásquez R. |PAULA Pablo Vásquez R.

La llegada de Octavio coincidió con un periodo difícil para Loreto. Su madre había fallecido durante la pandemia y ella se había ido a vivir con su padre para cuidarlo en medio de una compleja enfermedad. “Dejé de lado mi casa, mi vida, mi relación”, cuenta.

En julio de 2024 tuvo que ingresar a su papá a un hogar de adultos mayores. Seis meses después murió. La pérdida no terminó ahí, apenas unas semanas después, el 11 de enero de 2025, su pareja falleció de un infarto en la casa. “Ha sido súper fuerte lo que he tenido que vivir en este último tiempo”, dice.

En medio de ese duelo, Octavio se volvió un apoyo. “Si no fuera por él, yo simplemente no estaría aquí. Yo le ofrecí ayuda para vivir, sin embargo, él me ayudó a vivir a mí”.

05.03.2026 Entrevista Mi Mascota y Yo. Dirección: Ciudad de México 383 dpto 303, Cerrillos Foto Pablo Vásquez R. |PAULA Pablo Vásquez R.

El Instagram que creó comunidad

Las primeras fotos aparecieron casi por casualidad. Mientras cuidaba a su padre pasaba largas horas sentada, mirando el teléfono, y Octavio estaba siempre cerca. Así nació la cuenta de Instagram @octavio_elpalomo. Lo que partió como una forma de guardar recuerdos pronto empezó a crecer y hoy reúne a más de 13 mil seguidores con quienes comparte el día a día de Octavio.

Para ella, sin embargo, la cuenta tiene un propósito más profundo: cambiar la manera en que miramos a las palomas. “Lamentablemente son mal vistas, mal habladas, discriminadas”, dice. A su juicio, esa imagen tiene mucho que ver con la historia: “Las palomas antes fueron muy provechosas para el ser humano, cuando trabajaban con la mensajería, después apareció la tecnología y las dejamos de lado”, reflexiona.

05.03.2026 Entrevista Mi Mascota y Yo. Dirección: Ciudad de México 383 dpto 303, Cerrillos Foto Pablo Vásquez R. |PAULA Pablo Vásquez R.

Hoy muchas sobreviven en condiciones precarias, no tienen dónde tomar agua fresca ni dónde comer comida limpia, por eso, a través de su cuenta intenta transmitir otro mensaje: “Que la gente aprenda a respetarlas, que no le enseñe a sus hijos a patearlas, que no las discriminen”.

Y es que para ella son animales sensibles. Octavio, por ejemplo, puede ser extremadamente cariñoso, pero también tiene carácter. “Me da besitos, piquitos suavecitos, dedo por dedo”, cuenta. Otras veces, si se molesta, su reacción es muy distinta: puede picotear con fuerza.

Le encanta bañarse, salir a caminar y dormir cerca de ella, pero hay cosas que lo inquietan. Los ladridos de los perros o la presencia de otras aves lo alteran de inmediato.

05.03.2026 Entrevista Mi Mascota y Yo. Dirección: Ciudad de México 383 dpto 303, Cerrillos Foto Pablo Vásquez R. |PAULA Pablo Vásquez R.

Cuando su pareja falleció el palomo comenzó a comportarse de una forma distinta frente a una foto del fallecido que ella tenía sobre la mesa. “Se acercaba y la miraba detenidamente. Hacía un ruido que nunca había escuchado”.

En esos días también cambió una pequeña rutina que tenían los tres al tomar once. “Él venía, comía galletitas de soda y las mojaba en el agua. Después de que él murió, dejó de venir al comedor”, recuerda.

Octavio dejó de ser hace mucho tiempo solo un animal rescatado. “Prácticamente, aunque suene extraño, es como una pareja”, dice entre risas. “Estamos acostumbrados solitos los dos: mañana, tarde y noche”.

Ese vínculo también se conecta con su propia historia. Loreto perdió la audición a los 18 años y décadas después recibió un implante coclear: “Eso me ayudó a volver a escuchar las aves”, dice. Gracias a ese implante hoy puede reconocer los distintos sonidos de Octavio y entender sus estados de ánimo. “Sé cuando está molesto, cuando está angustiado”.

Después de todo lo que ha vivido en los últimos años, dice que su palomo le dejó una lección simple pero profunda: “Aprendí del amor que entrega a cambio de nada”.

Octavio tiene hoy dos años, y si la vida lo permite, podrían acompañarse durante mucho tiempo más. “Una paloma bien cuidada puede durar hasta 25 años”, dice. Y cuando piensa en eso, sonríe con esperanza: “Dios quiera que me dure lo más que pueda. Con todo lo que he perdido de mi familia, sería bastante doloroso que él también se fuera”.

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