Política

Javier Macaya: “La oposición tiene que decidir si va a estar en la receta del crecimiento o en la receta del bloqueo y la pobreza”

El presidente de la Comisión de Hacienda del Senado defiende el proyecto de Ley de Reconstrucción que ingresará el gobierno esta semana y fustiga a quienes -desde la oposición- ya amenazan con rechazarlo. Pero también advierte que sería una “mala señal” que esta se apruebe por pocos votos.

22 Marzo 2024 Entrevista a Javier Macaya, Presidente de la Union Democrata Independiente UDI. Foto: Andres Perez Andres Perez

“Decirle no a todo, no es una propuesta seria”, dice el senador UDI Javier Macaya, marcando el tono con que el oficialismo enfrentará la dura recepción que tuvo parte de la oposición a la megarreforma que la próxima semana el gobierno ingresará al Congreso. En su tramitación, el expresidente de la UDI tiene un rol clave como presidente de la Comisión de Hacienda del Senado, donde la iniciativa debería recalar una vez que salga de la Cámara de Diputados. Entre sus integrantes –la mayoría del oficialismo– están dos senadoras socialistas, Paulina Vodanovic y Daniella Cicardini, que han marcado el pulso de una oposición que eligió endurecer su postura.

“Es lo más parecido a la política, de que saben que le hacen daño al adversario político, pero acá lo que se espera es una oposición que explique cuál es su plan concreto para crear empleo ahora”, replica Macaya.

El senador dice que está optimista respecto del futuro de la Ley de Reconstrucción, pero plantea un punto: “No me gustaría que este proyecto se apruebe por 76 votos en la Cámara o por 27 en el Senado. Esto requiere convocar a más actores, hay que entregar una certeza más potente respecto al apoyo político que puede tener esta reforma, que espero que sea mucho más amplia”.

¿Cómo evalúa el primer mes de gobierno y su instalación? ¿Se ha ido enrielando?

Veo una instalación no muy diferente a lo que se espera para el primer mes. El gobierno se ha tomado un tiempo para tomar algunas decisiones difíciles, incluso quedan nominaciones pendientes. La instalación ha estado en sintonía con la gran agenda del gobierno y sus promesas de campaña, que apuntan a hacerse cargo de las dos problemáticas más importantes que tiene nuestro país en materia de crecimiento económico y seguridad. La instalación ha estado tratando de poner el foco en esas dos prioridades.

¿Le preocupa que el gobierno esté con las encuestas en contra ahora que ingresa este proyecto que es tan relevante?

Es una realidad que se tiene que asumir, pensando siempre que son encuestas que muestran una cuestión que es bastante evidente que iba a ocurrir y que el gobierno asumió al decir, incluso, que estaba dispuesto a pagar costos en popularidad. Pero tengo esperanzas en lo que viene.

¿Qué se juega el gobierno con la megarreforma? ¿Comparte que su aprobación es clave para el éxito del gobierno?

Es una de las reformas más importantes. No me gusta poner en términos binarios de que acá se juega el éxito o fracaso del gobierno. Lo que acá se necesita es ser capaces de ver cuál es la receta que queremos aprobar para sacar adelante a Chile. Porque Chile ya ha recorrido este camino. Lo recorrió desde el retorno a la democracia hasta el año 2014 y esa receta es la del crecimiento, la del país de las oportunidades, que generaba empleo. Y la receta que la izquierda lleva aplicando desde Bachelet 2, que se trata de más impuestos, más Estado, más trabas para la inversión, más burocracia, ha dado como resultado un país más pobre, que crece menos y que hoy no tiene plata para las necesidades de la gente. Ese es un modelo que ha fracasado y hay que tener la honestidad, al menos, de reconocerlo. Por eso, cuando la izquierda habla de justicia social, después de 12 años destruyéndola por una mala reforma, la consecuencia ha sido que Chile crece menos, recauda menos, tiene menos plata para beneficios sociales, y es cosa de mirar el gráfico de cómo se ha movido el crecimiento del país desde el año 2014 a la fecha. Hay un camino, que es la receta del crecimiento. Y hay otro camino, que es la receta de la pobreza. Y la oposición tiene que decidir si va a estar en la receta del crecimiento o en la receta del bloqueo y la pobreza.

¿Este proyecto entonces apunta a desarmar las bases de lo que fueron las reformas de Bachelet?

Este proyecto lo que busca es recorrer un camino que Chile ya recorrió, que es la receta del éxito, del crecimiento y no de la pobreza.

¿Las reformas de Bachelet fueron parte de una receta para la pobreza?

Miro la evolución del crecimiento económico de Chile en los últimos 35 años y es muy ilustrativo. Desde el año 2014, el resultado de la reforma tributaria, de la reforma educacional, es un país que ha perdido competitividad, que crece menos, que no es tan atractivo para el inversionista extranjero y que, por ende, tiene menos recursos para las necesidades de las personas. Ese modelo fracasó y espero que tengan la honestidad de reconocerlo.

El gobierno se juega, al menos, el cumplimiento de su programa económico al incluir en esta ley dos puntos fundamentales de la campaña: la rebaja tributaria y la eliminación de las contribuciones a los mayores de 65 años…

Lo que pasa es que este proyecto mezcla muchas cosas, y es una realidad que es bastante misceláneo. Pero mezcla reconstrucción, que es algo importante para miles de familias que están sufriendo el drama de la pérdida de sus casas, con crecimiento. Las familias no viven por separado sus problemas, y el país no vive por separado sus problemas, y esa es la gran virtud de este proyecto. Las familias necesitan reconstruir sus casas, necesitan trabajo, necesitan certezas. Y creo que lo más importante es la conversación con la oposición. No para generar peleas ni una lógica binaria, porque las personas que están al medio de esta discusión, la clase media, no necesita más discursos, necesita que el país vuelva a moverse. La oposición tiene todo el derecho a criticar. Lo que no tienen derecho es a bloquear el proyecto, amenazar con ir al Tribunal Constitucional anticipadamente y decir que lo van a votar en contra sin ni siquiera haberlo visto. Y, al mismo tiempo, no ofrecer una alternativa seria sobre el punto. Decir no a todo no es una propuesta seria, es administrar un estancamiento.

Una de las cosas que pide la oposición es separar el proyecto. ¿La estrategia de que ingrese como un todo es la adecuada?

Los problemas en la vida real de los chilenos y de la clase media no se viven por separado. Hay familias que necesitan reconstrucción, pero también necesitan trabajo, acceso a la vivienda y un país que vuelva a crecer. Y separar artificialmente las discusiones probablemente sería más cómodo políticamente, pensando en darle un gusto a un jefe de bancada para que tenga una buena cuña en los medios. Pero eso no es útil para Chile. Acá no estamos discutiendo una planilla Excel de medidas.

Pero también es cierto que en términos legislativos y políticos hay veces en que conviene separar el proyecto para poder garantizar que ciertas cosas avancen.

Sí, pero de nuevo, yo creo que la pregunta de fondo es si la crítica que ellos hacen tiene puesta arriba de la mesa una alternativa de fondo, una alternativa real, con un diagnóstico que es concreto de que Chile se estancó. Si partimos de la base de que Chile quiere volver a crecer, pongan sus herramientas arriba de la mesa. Eso es algo legítimo en política y se discutirá en el Congreso y se recogerán algunas iniciativas y se rechazarán otras. Esto tiene que ver con ver si ellos están en esa disposición de aportarle al proyecto o simplemente bloquearlo. Y la oposición tiene que tomar esa decisión si está con el empleo y el crecimiento o con el bloqueo puro y simple.

La megarreforma implica una prueba política para el gobierno de lograr acuerdos con sectores que no son afines. ¿Cómo ve ese cambio respecto de ser oposición a ser gobierno?

Se ha criticado mucho que el gobierno se ha tomado mucho tiempo, que este proyecto originalmente se quería presentar hace tres semanas, pero tomar un tiempo también muestra disposición a dialogar. Ese tiempo ha permitido tener conversaciones con los propios parlamentarios oficialistas; se nos han entregado detalles del mismo, ha habido reuniones con el Partido Nacional Libertario, con el PDG, que ha puesto arriba de la mesa el tema del FUT y medidas de apoyo a la clase media.

Pero desde el punto de vista del oficialismo, ¿cree que el tono que el Partido Republicano tuvo como oposición les puede dificultar el llegar a acuerdos ahora?

Yo creo que ellos entienden la importancia de ser gobierno. Veo a los ministros Quiroz, Alvarado y García, que son los que están más bien a cargo de sacar adelante esta iniciativa en términos políticos, de dialogar, convocar, tratar de convencer. Lo único que tengo en signo de interrogación es la postura que va a tomar la oposición.

¿Y cómo ve este tránsito de quienes hoy gobiernan, que fueron muy duros respecto de llegar a acuerdos o entablar diálogos? Usted mismo fue un articulador en el gobierno de Boric y recibió duras críticas por parte de esa derecha.

Sí. Yo veo a esa derecha, particularmente los republicanos, hoy en sintonía con un diagnóstico común y sobre todo con las herramientas para sacar adelante este, que es uno de los dos desafíos más importantes que tiene Chile, que es una pregunta bien simple: ¿ponemos el pie en el acelerador o nos vamos a quedar discutiendo la lógica polarizante con el freno de mano? Nosotros, desde Chile Vamos, elegimos acelerar y vemos al gobierno que también eligió acelerar. Esperamos que eso encuentre eco y conversación con la parte de la oposición que esté disponible para sacar este proyecto. Acá ya le pusieron play al discurso de ricos contra pobres, y ese no es tema, sino cómo hacemos más competitivo a Chile.

¿Ve que en los republicanos ha habido un cambio, de darse cuenta de que es necesario conversar con otras fuerzas que están fuera del gobierno?

Yo veo que hay un llamado por parte de los ministros Quiroz, Alvarado y García a una conversación con distintos mundos. Se asume que este proyecto no entra como sale. Pero también se asume que cada día que se retrasa este proyecto es un día más con peores indicadores de cesantía y estancamiento.

¿Se afiató el comité político con un ministro de Hacienda que entró pisando fuerte con este gobierno?

Es un modelo que está en desarrollo, que está con ajustes de lo que significa la etapa inicial. Llevamos cinco semanas y algunos piensan que llevamos dos años, por el nivel de las críticas que se escuchan. Por eso creo que es un modelo que está bien encaminado, y obviamente una evaluación más objetiva de su éxito va a estar dada en cómo saquemos adelante esta reforma. Para ese rol de conversación política no solamente está el ministro de Hacienda, sino que también están los ministros Alvarado y García Ruminot. Nunca los ministros de Hacienda han sido todo lo políticamente correctos que uno espera.

¿Qué ocurre si este proyecto se gana por pocos votos en la Cámara y en el Senado?

No es el mejor escenario. No me gustaría que este proyecto se apruebe por 76 votos en la Cámara de Diputados o por 27 en el Senado. Esto requiere un ejercicio de convocar a más actores. Yo soy más optimista de que acá, teniendo disposición a conversar y a convocar a distintos sectores, incluyo a la izquierda que no esté solamente en la lógica del bloqueo, se pueda construir algo importante.

El Presidente hizo un llamado a la unidad en Cerro Castillo esta semana, justo cuando está en discusión si es necesario crear una coalición entre las fuerzas que lo apoyan. ¿Cómo ve esa discusión?

No me quita el sueño la discusión de nombres y estructuras políticas. Me quita el sueño, sí, el éxito de lo que realmente estamos discutiendo en Chile, que si es que volvemos a crecer o si nos estancamos.

La pregunta que tú me haces tiene una importancia estratégica a partir del 2028, cuando hay elecciones en Chile y donde no tengo duda de que el oficialismo tendrá que ser capaz de ordenarse para enfrentar con la mayor estrategia y optimización los potenciales resultados electorales en ese momento en las municipales y después en las presidenciales. Pero primero tenemos que asegurar que este país haya tenido dos años muy buenos de administración en las dos principales promesas del gobierno, que son seguridad y crecimiento económico.

Pero me imagino que en 2028 espera que no vayan divididos otra vez, como fueron en la última elección….

Espero que seamos capaces de romper el paradigma de que cada cuatro años cambie el signo político. Yo creo que ese es uno de los principales desafíos del actual gobierno, de ser capaces de proyectarse. Y para eso es fundamental el orden y la estrategia electoral de no ir divididos.

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