Argentino, penquista y emprendedor diversificado: El accionista desconocido de Sky Airline
Alberto Scuncio (60 años) ha hecho empresa en Chile. Dueño de una embotelladora, una escudería de autos de rally y una pequeña mina de cobre, tiene hoy el 1,36% de la aerolínea que será absorbida por Abra Group.
Nació en Buenos Aires, pero vive en San Pedro de la Paz, en el Gran Concepción. Es contador, pero su principal actividad es una embotelladora. Tiene su propia escudería de autos de rally, pero también es pequeño accionista de la segunda línea aérea del país.
Así, diversificado, es Alberto Juan Scuncio Umana (60), el desconocido accionista minoritario de Sky Airline, que probablemente deje de ser socio de la familia Paulmann Mast para tener que decidir si lo será del grupo Abra, el futuro controlador de la aerolínea fundada en Chile.
El 5 de junio, la Fiscalía Nacional Económica chilena autorizó la absorción de Sky por parte de Abra Group, matriz de Avianca, Gol y Wamos. Ya lo había hecho la autoridad regulatoria de Brasil y aún se espera que el Instituto Nacional de Defensa de la Competencia (Indecopi) de Perú haga lo mismo.
Scuncio posee el 1,36% de Sky, fruto del traspaso de acciones que le hizo el fundador de la aerolínea, el fallecido Jürgen Paulmann, allá por los inicios de la década del 2000, cuando la compañía levantaba sus primeros vuelos.
“Alberto era muy amigo de Jürgen, lo consideraba como su hermano mayor. Jürgen se alojaba en su casa cuando iba a Concepción y entre sus fotos familiares está la de Jürgen”, cuenta un cercano.
Paulmann y Scuncio se conocieron en 2001, cuando el emprendedor argentino fue a las oficinas de la distribuidora de abarrotes Adelco, de propiedad de Paulmann, en calle Santa Elena, en el centro de Santiago, a ofrecer su bebida alternativa Point Cola, que producía su incipiente Embotelladora Llacolén en una planta en Coronel.
Un cercano a Scuncio cuenta que él quería vender su gaseosa -“igual que la Coca-Cola, pero más barata”, como la presenta su dueño- y lo habían citado un día viernes a las 11 de la mañana. Lo tuvieron sentado tres horas, hasta que el mismo Jürgen le consultó qué hacía ahí y lo invitó a un café. Después de hablar mucho rato, Paulmann lo invitó a un asado a su casa en La Reina al día siguiente. Scuncio aceptó y se hicieron amigos.
Adelco se transformó en la principal clienta de la embotelladora.
Fruto de esa relación, ambos se invitaron a compartir sus respectivos negocios: Paulmann compró el 25% de la embotelladora y Scuncio adquirió el 15% de la aerolínea. Un miembro del entorno de Scuncio cuenta que él participó activamente en los inicios de la aerolínea, donde recorrió todo Chile en los aviones y trabajó hasta atendiendo en los counters. Más tarde, Scuncio se diluyó al no participar en aumentos de capital que requirió la empresa, hasta descender a su actual 1,36%. A ello se sumó la muerte de Paulmann, en 2014, tras lo cual Scuncio se fue alejando de la compañía.
Consultada una fuente que conoce de sus inversiones dice que está evaluando si vender o no su parte al futuro nuevo dueño de Sky y que esperará a conocer los detalles de la operación con Abra. Scuncio, reveló la FNE, no participó de la notificación de la operación entre Sky y Abra.
La embotelladora que renació
Problemas financieros derivados del terremoto de 2010 llevaron a que la embotelladora cayera en quiebra dos años después del sismo. En 2014, los activos fueron adquiridos por Inversiones MOS Ltda., también de propiedad de Scuncio, que le permitió renacer con otro nombre: Embotelladora Dos Banderas, que opera hasta hoy con marcas de bebidas envasadas alternativas, como la antigua Point Cola, la bebida isotónica Isopower, el néctar Herencia del Valle, la energética Atomic Energy Drink y el agua purificada San Pietro.
“Esa empresa es fruto de un arduo trabajo de un empresario autodidacta (...) Ese empresario ha vivido muchos infortunios y el golpe de gracia lo recibió con el terremoto y consecuente saqueo de sus bienes y más la falta de pago oportuno del seguro”, escribió Paulmann en una carta al DF en febrero de 2012 en defensa de su amigo, en los días en que se criticaba la quiebra de la embotelladora.
La bancarrota de Llacolén tiene repercusiones hasta ahora, dada una supuesta deuda de la embotelladora fallida por patentes comerciales de $1.200 millones que, según el Consejo de Defensa del Estado, fue condonada ilegalmente por la Municipalidad de Coronel en 2020, caso por el cual el exalcalde de esa ciudad Boris Chamorro a punto de ser formalizado por fraude al fisco. Scuncio también demandó a la municipalidad de Coronel por daño moral, por afectar a su reputación al presentar esta condonación como un perdonazo a su nueva embotelladora: según argumenta, las patentes pertenecían a la empresa que quebró y no a las sociedades que la siguieron, por lo que la deuda quedó saldada.
Rally, minería y 250 mil cajas
Scuncio no sólo dedica su tiempo a la embotelladora. Sacó adelante una escudería de autos de rally, Point Cola Racing, que ha competido en Chile y Argentina. De hecho sus dos hijos corren en rally y el mayor, Martín Scuncio Moro (37), fue campeón en el país vecino hace dos años. Tanto él como el menor, Javier (33) son ejecutivos y socios de sus empresas.
Pero tiene otros negocios que le son más rentables que el deporte. A través de una sociedad holding familiar, Inversiones Ramaja, cuenta con una compañía de pequeña minería de cobre, Antawara, con minas en Petorca, donde tiene una planta de tratamiento, y otra en La Serena, cuyo mineral vende a Enami y que, con los actuales precios del metal rojo, le reporta utilidades.
También tiene su lado inmobiliario, con lotes de terrenos en la Región Metropolitana y en Concepción. De hecho, es socio de Valmar, la compañía de los Imchenetesky, en la capital penquista, en la propiedad de un antiguo hotel céntrico llamado Hotel Concepción Viajantes.
Sin embargo, como dicen sus amigos, Scuncio es un negociante de oportunidad, de comprar y vender cosas. Por ejemplo, vende cobre en Argentina; y compra aceite allá y lo vende en Chile. Lo hace también con otros alimentos como tallarines, arroz o legumbres.
Uno de sus negocios controvertidos, eso sí, fue el de las cajas de alimentos, un derivado de sus muchas transacciones con comida. Cuando la segunda administración de Sebastián Piñera ideó la entrega de cajas de 19 kilos de alimentos no perecibles como apoyo a las familias encerradas por la pandemia, llamada “Alimentos para Chile”, su principal proveedor fue la Distribuidora y Comercializadora Llacolén, de propiedad de Scuncio, que ganó contratos por 250 mil cajas, en $8.750 millones. Levantó polvareda debido a que Scuncio había sido acusado de haber realizado este mismo negocio de las cajas de alimentos con el régimen venezolano de Nicolás Maduro, lo que provocó incluso que un banco chileno le congelara sus cuentas. Pulso publicó en 2022 que su empresa Inversiones Ramaja había exportado alimentos por casi US$57 millones a ese país e importado US$25 millones en varios productos, especialmente urea, desde el país caribeño a Chile.
Scuncio respondió en esa oportunidad que sus negocios con Venezuela eran legítimos y que los realizaba con privados. Un conocido del empresario argentino cuenta que en esa oportunidad se le consultó a la Fiscalía si estaba investigando a Scuncio por algún delito sobre el tema de las cajas y tras asegurarse que no fuese así, el caso quedó ahí y no se habló más de él.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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