¿Fin al boom? El ajuste que vive la cereza tras mala temporada en China
La decisión de Hortifrut de salir del negocio abrió la interrogante sobre el futuro de la industria. Empresarios del rubro, que recuerdan lo que ocurrió con manzanas, uva y kiwi, coinciden en que se vienen cambios: menos hectáreas, menos exportadoras, algunas regiones saldrán del mercado y se exigirá una productividad mínima.
Algunos exportadores hablaron hasta de desastre. Lo que ocurrió en la temporada pasada de exportación de cerezas a China fue un golpe importante a las expectativas de una industria que no sabía más que de crecimiento en ese gigantesco mercado asiático.
Pero una mezcla de factores, entre errores de los chilenos y una respuesta poco esperada de los chinos, generó que muchos de los productores y exportadores sufrieran pérdidas en su incursión, tras años en que se veían sólo ganancias.
Aunque no lo relacionó abiertamente con esta contingencia, esta semana Hortifrut, el principal productor de berries del mundo, tomó la decisión de salir del negocio de las cerezas, por lo que traspasó sus campos plantados a uno de sus socios, la familia Moller, que desarrollará su propio negocio aparte.
La determinación de este gran actor frutícola abrió la interrogante sobre el futuro de la industria y si otros tomarán esta misma decisión. Porque efectivamente hay quienes no lo están pasando bien.
“El negocio y su futuro está realmente complicado. Los parámetros que nos dieron la virtud de tener un buen negocio hoy día son otros y no podemos predecir cuál será el final”, advierte Luis Chadwick, dueño del grupo San Clemente. Chadwick exporta principalmente manzanas, pero entró en 2005 a las cerezas, lo que le ha permitido consolidar su mercado en China, pero advierte que lo ocurrido traerá lecciones y cambios.
Como Chadwick, empresarios y dirigentes gremiales admiten que el sector está viviendo un periodo de ajuste, que es lógico después de un boom tan acelerado, que recuerda otras explosiones exportadoras previas, como las de las manzanas y los kiwis en los años ‘80 o la uva de mesa en los ‘90.
Chile, el mayor exportador de cerezas del mundo, envió 113,8 millones de cajas al exterior en la temporada pasada 2025-26. El 87% fue a China. Si hasta hace dos años, el promedio que pagaba una exportadora al productor por un kilo era de 4 dólares, esta vez fue una media de 1,8 a 2 dólares. Para explotar un huerto, que produce alrededor de 10 toneladas por hectárea (há), se requieren alrededor de US$20 mil por há, sin considerar la tierra ni la cosecha. Con el precio pagado entonces, muchos no cubrieron siquiera los costos.
Lo ocurrido en China fue multifactorial, aunque algunos lo resumen así: se adelantó la cosecha, lo que ajustó los tiempos del peak comercial; hubo una sobreoferta de cereza chilena en ese mercado; cayó el consumo chino por una desaceleración económica, el comprador también más maduro se inclinó por ciertas variedades y hubo un desfase de calendario del Año Nuevo chino, que fue más tardío y, por tanto la mejor fruta, que debe entregarse en ese momento, pues la cereza se regala como un presente de alto interés, no llegó tan bien.
En la temporada anterior también había ocurrido una situación similar y en la industria alertaron que podría volver a suceder. Y así pasó. Muchas exportadoras de menor tamaño, sin expertise en ese mercado, con variedades antiguas y sin espaldas financieras, creyeron que “se harían la América” en China. Y se equivocaron. “Hemos tenido un producto heterogéneo y China quiere un producto más homogéneo”, resume Antonio Walker, presidente de la SNA y empresario de la cereza.
Dónde se apretará la industria
Actualmente, en Chile existen más de 350 empresas exportadoras de cerezas, más de la mitad de ellas pequeñas. Pero sólo las 20 más grandes representan más de la mitad de las ventas al extranjero.
“Va a haber un ajuste en la cantidad de exportadores”, dice Iván Marambio, presidente de Frutas de Chile, el gremio que agrupa justamente a los exportadores más grandes. Entre los empresarios creen que en un par de años, o incluso antes, debiesen quedar sólo unas 200 empresas.
“La industria está en crisis, pero esta es una oportunidad para que se ordene”, cree Juan Sutil, expresidente de la CPC y empresario frutícola, que incursionó en cerezas asociado al mayor actor del país, Hernán Garcés.
“Yo creo que se producirá una concentración de la industria. Y pienso que será positivo, ya que más de 300 exportadoras, 250 de ellas chicas, destruyen mercado”, agrega Sutil.
Pero Marambio, de Frutas de Chile, cree que habrán ajustes por otros lados también: “En la base de productores, especialmente en zonas menos aptas para la producción de cereza, y en producción de variedades que no han funcionado, y los ajustes también serán por productividad”, agrega.
Las zonas que han alcanzado mejores niveles de productividad y calidad en la cereza son O’Higgins y Maule. Fuentes de la industria creen que regiones como Los Lagos y Aysén, donde se hicieron pruebas de plantación, quedarán fuera de mercado. Ñuble y La Araucanía quedarán en observación, sobre todo por sus plantaciones de variedad regina, que pese a ser de calibre mayor, no resiste más de 35 días, lo que dura el transporte.
Entre las cerezas existe un millar de variedades. Las más exportadas por Chile y que han tenido un desempeño sólido son lapins y santina; las más premium, de mayor valor, son las bicolor (amarillo y rojo) rainier y skylar rae. El resto de variedades probablemente salga de mercado.
“Debieran salir las variedades que no viajan bien, que no tienen las condiciones organolépticas adecuadas y aquellas variedades que no quiere el consumidor”, admite Patricio Walker.
El ajuste del sector vendrá además por el lado de la productividad de los huertos. Una hectárea de plantación debe entregar al menos 10 a 11 toneladas de cerezas; si produce ocho, también es probable que no siga operando.
También auguran una reducción de plantaciones, aunque hasta ahora sólo se han visto arranques en unas 4 mil hectáreas, de las casi 80 mil hectáreas plantadas con cereza que hay en el país.
“Probablemente, salgan entre 25 y 30 mil hectáreas de cerezas”, estima Walker, recordando lo ocurrido con otras frutas: la uva de mesa pasó de 62 mil a 28 mil hás, la manzana de 48 mil a 32 mil hás y el kiwi de 15 mil hás a la mitad.
Otros observadores de la industria no ven una reducción tan profunda. Quizás en un plazo más largo.
Misión: abrir mercados
Al menos este año, en el Cherry Summit chileno el sector proyectó que el país exportará del orden de las 132 millones de cajas en la siguiente temporada 2026-27, de no mediar condiciones climáticas adversas que pudiesen afectar dramáticamente a los huertos. La cifra es 16% más alta que la temporada pasada.
Pero el negocio dependerá menos de China. Ya en la última temporada, el gigante asiático pasó a representar el 87% desde el 92% de la anterior.
El sector está enfocado en abrir mercados. De hecho, Marambio y Walker estaban fuera de Chile estos días con ese objetivo. Estados Unidos -pese a los problemas de la administración Trump-, el sudeste asiático, Europa, Brasil e India aparecen como destinos alternativos que reduzcan el riesgo de una mala temporada en China.
“Chile tiene un gran comercio exterior, pero no se ha diversificado. Y con la cereza tenemos una gran ventaja: Chile tiene el 98% de la oferta de cerezas de todo el Hemisferio Sur”, dice Marambio.
Lo último
Lo más leído
1.
2.
3.
4.
5.
La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
CYBER 50% Plan Digital+$5.990 al mes SUSCRÍBETE