Bernard Keiser cumple 20 años buscando el tesoro de Juan Fernández

Autor: Carlos Montes

Una carta de Luis Cousiño, sumado a investigaciones en España e Inglaterra alimentaron la ilusión del empresario, que está listo para iniciar su vigésima campaña en la isla, en las que ya ha gastado más de US $5 millones.


Mel Fisher demoró 16 años en encontrar el tesoro del galéon español Nuestra Señora de Atocha, un barco hundido en las costas de Florida en 1622 repleto de monedas de oro.

Por eso no es extraño el empeño del empresario textil nacido en Holanda y criado en Chicago, Bernard Keiser, quien emprenderá su vigésima campaña en la isla Robison Crusoe (Juan Fernández) en búsqueda de un supuesto tesoro español.

La leyenda en la que se ha basado el norteamericano para dedicar buena parte de su vida a la búsqueda  señala que se trata de una fortuna con origen español, compuesto por cerca de 1.000 barriles con monedas de oro, joyas y piedras preciosas de distintos tipos, que datan del siglo XVIII. El valor total del tesoro sería de US$ 10 mil millones.

Antonio Márquez, historiador y académico de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad Central, conoce bien la historia. “Un comandante de la flota española en México, Juan Esteban Ubilla y Echeverría, salió de esa colonia con un tesoro a bordo de Nuestra Señora de Montecarmelo y comentó que lo llevaría al archipiélago de Juan Fernández, pero desapareció en el camino”.

Según Márquez, el barco podría haber sido interceptado por el almirante inglés, Lord Anson, quien resolvió enterrarlo en Juan Fernández. “Tiempo después envió la nave Unicorn al mando del navegante Cornelius Webb, a buscar el tesoro”.

Márquez agrega que la correspondencia entre Webb y Anson llegó a manos de Luis Cousiño (empresario y político chileno), y fueron los documentos que despertaron la imaginación de Keiser y lo motivó a iniciar sus expediciones. “El documento que el tesoro fue dejado por Anson en la bahía de Cumberland, que luego el capitán Webb subió a su nave, que sin embrago, debido a una tormenta, tuvo que regresar. Lo enterró definitivamente en Puerto Inglés”, indica el historiador.

Keiser supo de esta historia y se contactó con María Eugenia Beéche Brum, nuera de Cousiño, quien tenía los documentos y mapas del tesoro, entregados por el mismo Cousiño en 1952. El norteamericano complementó estos escritos con múltiples viajes a museos en España e Inglaterra para investigar y averiguar más sobre la leyenda.

Todo tomó forma en 1998 cuando realizó su primera expedición con la ayuda de la consultora SGA Gestión Ambiental.  Jaime Solari, gerente general de la compañía, y quien a principio de los 90 fue jefe de la Unidad Ambiental del Ministerio de Minería, trabaja desde el principio con el norteamericano. “Bernard me explicó lo que estaba haciendo y le ayudamos a sacar el permiso, además de la declaración de impacto ambiental, que en un principio era solo por cinco años. Luego firmó un convenio con el Consejo de Monumentos Nacionales, el cual está vigente hasta hoy. Al presidente de esa época, Ángel Cabeza, le entusiasmó mucho la idea”.

Solari agrega que entre los documentos que obtuvo Keiser para realizar la excavación, “destaca en particular una carta que escribió un marinero inglés en 1764 que fue encontrada por Luis Cousiño, que fue el primero en buscar el tesoro en Chile. Según recortes de la época, el presidente Juan Antonio Ríos y los marinos lo apoyaron en la búsqueda. Estuvo dos años excavando hasta que un día se aburrió”.

A la fecha anotan 20 expediciones y la próxima está agendada para este mes, pero aún esperan los permisos correspondientes. “Hemos encontrado cosas que se suponía que no iban a estar ahí, como lozas o algunos objetos. Nada de valor todavía. Últimamente Bernard ha utilizado una máquina que emite ondas electromagnéticas que reacciona con metales. En el sector donde estamos excavando hay una fuerte anomalía electromagnética y la máquina da buenas señales. A la fecha la inversión ha sido por lo menos de US$ 5 millones, cada campaña cuesta unos US$ 300 mil. Ha ido bajando los costos eso sí, al principio era mayor la inversión. La búsqueda sigue intacta y seguirá hasta que lo encuentre, él está como el día uno, con la misma ansiedad, pese a que tiene 67 años y su salud se ha debilitado. La búsqueda es en un radio de 500 metros a un kilómetro”, señala Solari.

El equipo de trabajo ha tenido que enfrentarse a múltiples dificultades en estos 20 años. “Lo más difícil es la complejidad para excavar. En los permisos que hemos obtenido con el Parque Nacional, hay que trabajar solo con pala y durante seis meses en el año. Los otros seis meses no hay autorización por las lluvias y riesgos de erosión. Además, en el sector que trabajamos (Puerto Inglés), solo puedes acceder por vía marítima, tienes que tomar todos los días un bote a motor en el puerto principal de la isla (Juan Bautista) e ir 20 minutos hacia el sur, para luego desembarcar y poder trabajar. Como hay mal tiempo, muchas veces no te dejan salir”, señala Solari.

Emilio de la Cerda, subsecretario del Patrimonio Cultural y presidente del Consejo Monumentos Nacionales, dice que Keiser mantiene un acuerdo con el Estado Chileno: solo un 25% de lo que encuentre es de su propiedad, el resto es para Monumentos Nacionales. “En caso de comprobada misión científica extranjera, autorizada por el CMN, existe la posibilidad de ser cedido un determinado porcentaje del hallazgo, hasta en un 25%, reservándose el Consejo el derecho a la primera selección (artículo 25 de la Ley de Monumentos Nacionales). Los bienes están protegidos por la Ley 17.288 de Monumentos Nacionales y son propiedad del Estado chileno. De acuerdo con nuestra legislación, las personas naturales o jurídicas que deseen efectuar excavaciones de tipo arqueológico deben contar con autorización previa del CMN”, explica De la Cerda

Consultado por Qué Pasa, Bernard Keiser prefirió no hablar para este artículo.



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