Cambio climático hace subir la temperatura hasta en cinco grados en los bosques de Aysén

Bosques de Lenga. FOTO Alvaro Gutiérrez

Con el incremento de las temperaturas mínimas se afecta el crecimiento de los árboles, pero además aumenta la presencia de una polilla nativa que come sus hojas.


Los bosques de la Región de Aysén cubren aproximadamente 4,8 millones de hectáreas, una de las áreas más grandes de bosques subantárticos en el hemisferio sur. Como todo en el planeta, esta zona no está ajena a los efectos del cambio climático. De acuerdo a un estudio publicado recientemente, la temperatura mínima de algunos de estos bosques ha aumentado hasta casi 5 °C en la última década.

El trabajo realizado por investigadores de la Universidad de Chile y de la Universidad de Aysén, muestra esa tendencia al calentamiento de los bosques a través de imágenes. Según el estudio, este incremento de la temperatura puede traer como consecuencias un alza en el número de defoliadores (insectos o plagas que causan caída de las hojas), un aumento de la vulnerabilidad frente a eventos climáticos extremos y hasta generar una pérdida de los servicios ecosistémicos que entregan los bosques.

Cristián Mattar, ingeniero en Recursos Naturales, investigador de la U. de Aysén y parte de del estudio, explica que utilizaron imágenes satelitales para medir el índice de vegetación de diferencia normalizada (NDVI), la temperatura de la superficie terrestre (LST) y la precipitación sobre los bosques de Aysén. “Queríamos estimar cómo afectaba el cambio climático en Aysén. En los últimos 16 años, hay una tendencia al aumento progresivo de las temperaturas. El bosque siempre verde y los bosques caducifolios (de hoja caduca) como la lenga, son los que se están calentando más rápido. Hace menos frío y nieva menos”, dice Mattar.

Ahora falta obtener datos in situ para compararlos con los satelitales. “Con las imágenes del satélite vimos que hay períodos en los que se observa menos vegetación y eso se puede deber a varios factores, entre ellos el aumento de la temperatura. También vimos que la nieve cubre menos”, señala Mattar.

Álvaro Gutiérrez, es académico del Depto. de Ciencias Ambientales y Recursos Naturales Renovables de la Facultad Cs. Agronómicas de la U. de Chile, y también participó de este estudio. “Nuestro trabajo fue guiar la interpretación de los resultados sobre los distintos bosques de Aysén y seleccionar algunos puntos para mayor detalle. Los mínimos de las temperaturas de invierno están aumentando en casi toda la región, pero más hacia el este, donde están los bosques caducifolios”, indica.

Hay dos tipos de bosques caducifolios (que pierden sus hojas) en la Región de Aysén: el de lenga (Nothofagus pumilio) que está hacia el este de la Región que es más seca, y los bosques siempre verde que están hacia el oeste son más húmedos y en los que viven coihues de Magallanes (Nothofagus betuloides) y algunos cipreses de las Guaitecas (Pilgerodendron uviferum). Los que más se han estudiado son los bosques de lenga, porque en su madera se registra muy bien el ancho de sus anillos y permite hacer construcciones de la historia del crecimiento de los árboles, dice Gutiérrez.

En la investigación sobre las temperaturas del bosque de Aysén participaron los investigadores Cristián Mattar (U. de Aysén), Víctor Alfredo Olivares-Contreras (U. de Chile), Alvaro Guillermo Gutiérrez (U. de Chile y Juan Carlos Jiménez, (U. de Valencia).

Defoliación

Según Gutiérrez, desde mediados de los 90 se han hecho estudios en la región, datos que su equipo ha actualizar en los últimos 15 años. ¿Los resultados? No solo el calentamiento global está afectando el crecimiento de los bosques de lenga. Imágenes satelitales comprueban a su vez, que el aumento de la temperatura afecta el verdor, probablemente están creciendo más, aunque en algunos años también crecieron menos. “Cuando tiene más temperatura, la lenga crece más rápido y puede estar más verde”, dice Gutiérrez.

“Estudiando las foliaciones (pérdida de hojas) de la lenga, vimos que a partir de 2015 ha habido explosiones de una polilla nativa cuyo ciclo de vida está asociado a los ciclos de naturales de foliación de lenga. El problema es que se comporta como una plaga y come las hojas de este árbol (cuando está en etapa de cuncuna). Como está aumentando la temperatura, estas polillas tienen ciclos más cortos, pudiendo tener dos o tres ciclos de vida en un año”, señala Gutiérrez.

Se trata de Ormiscodes amphimone. Cuando explota su crecimiento, dice Gutiérrez, se come las hojas del bosque, pero también de otras plantas como el calafate, el pasto y contamina las aguas generando problemas de diverso tipo. En esta temporada, adelanta el investigador, ya se está viendo un aumento de su presencia.

El estudio sobre el impacto de Ormiscodes se ha realizado a través de un proyecto Fondecyt dirigido por Sergio Estay (U. Austral de Chile) y la colaboración de Roberto Chávez (U. Católica de Valparaíso).

Bosque de lenga defoliado. Alvaro Gutiérrez

El aumento de las temperaturas y la explosión de esta polilla pueden hacer que la pérdida de hojas de la lenga afecte varios kilómetros cuadrados. Una lenga desfoliada durante el verano tiene un drástico crecimiento el año que sigue.



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