Columna de Óscar Thiers E.: “Árboles del futuro para nuestras ciudades”

Deporte en el Parque Forestal

Foto: Agencia Uno


La población mundial alcanzó recientemente los ocho mil millones de habitantes, lo cual ha conllevado un aumento de demanda por bienes y servicios por parte de la sociedad.

En paralelo, los efectos del cambio climático -en particular el aumento de la temperatura- cada vez están más presentes en nuestro diario vivir, particularmente en áreas altamente pobladas y en constante crecimiento, como son las ciudades.

Las ciudades concentran las diferentes formas de interacción de una sociedad, y su funcionamiento depende de la organización de sus estructuras, donde por cierto se incluyen los parques, jardines o áreas verdes; siendo ellos relevantes por su existencia, acceso, ubicación, extensión, conexión, funcionalidad y gobernanza. Importantes elementos en estas áreas son los árboles, conocidos como arbolado urbano.

La dinámica es ya conocida, ante los efectos de un ambiente cambiante hacia temperaturas más altas, existe un aumento en el uso de estas áreas. Por ello, se requerirá analizar la viabilidad de las actuales especies arbóreas para un futuro diferente en nuestras ciudades, donde las necesidades o demandas serán muy variadas, no solo estéticas sino que también funcionales.

Es conocido que solo árboles vigorosos son capaces de crecer apropiadamente, fijar C02, producir oxígeno, regular la calidad del aire; muy valorado es su aporte en el ahorro energético (regular temperatura, humedad y viento), en definitiva, su existencia permite modificar o atenuar algunos efectos de un ambiente urbano cada vez más extremo.

Plantación de 10 hectáreas de flora nativa en Parque Metropolitano
Foto: Agencia Uno

Un necesario análisis de la actual infraestructura de ecosistemas urbanos de áreas verdes, será una revisión de las especies actualmente utilizadas, en su mayoría exóticas, en comparación con la oportunidad y viabilidad para especies nativas. Un listado de especies apropiadas para calles, parques o jardines, que puedan resistir altas temperaturas, disminución de precipitaciones y crecimiento radical y aéreo restringido, estará entre los desafíos de una futura gestión del arbolado urbano.

Solo por medio de un enfoque adaptativo podremos seguir experimentando lo conocido popularmente: “quien a buen árbol se arrima, buena sombra lo cobija”, aunque en nuestro caso actual deberemos agregar un listado de otros beneficios, no opcionales, sino que vitales, imprescindibles para nuestra viabilidad como sociedad moderna y con estrategias de adaptación para un mejor futuro en nuestras ciudades.

*Académico de la Facultad de Ciencias Forestales y Recursos Naturales de la Universidad Austral de Chile.

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