Macarena Palma: “El pasar del conocimiento a la acción es la siguiente etapa que tenemos que lograr en el reciclaje”
El tercer Barómetro de Reciclaje de ReSimple y Cadem muestra avances en el conocimiento de los materiales reciclables y una disminución de las barreras para hacerlo. Sin embargo, a exactamente tres años del inicio de la operación de la Ley REP para envases y embalajes, la confianza, la educación ciudadana y el cambio de hábitos siguen siendo los principales desafíos para consolidar el sistema.
Solo uno de cada tres chilenos sabe qué pasa con sus residuos después de reciclarlos. Ese es uno de los principales hallazgos del tercer Barómetro de Reciclaje de ReSimple y Cadem, que, a tres años del inicio de la operación del reciclaje de envases y embalajes, identifica la confianza, la educación y el cambio de hábitos como desafíos para consolidar el sistema.
Aunque más del 84% de las personas reconoce los principales materiales reciclables y disminuyen las barreras para hacerlo, el desafío sigue estando en pasar de la disposición declarada a una práctica cotidiana. “El pasar del conocimiento a la acción es la siguiente etapa que tenemos que lograr en el reciclaje”, dijo la gerente de marketing y asuntos públicos de ReSimple, Macarena Palma en una nueva entrevista en radio Duna.
La medición muestra que un 50% de las personas declara reciclar de manera quincenal o mensualmente. Sin embargo, desde la organización advierten que existe una diferencia entre la conducta declarada y su realización efectiva, por lo que el siguiente paso es consolidar una práctica sostenida en los hogares. “Hoy día la gente sabe lo que es reciclar, sabe las prácticas, pero ahora hay que hacer la acción y es el siguiente paso que tenemos que tomar en términos del avance del reciclaje”, planteó Palma.
La brecha de confianza
Uno de los nuevos elementos incorporados en esta tercera medición es un índice de confianza en el reciclaje en Chile de un 53,5%. Pero al desagregar el indicador, aparece una diferencia entre la confianza en el propio comportamiento y la percepción sobre el resto de la comunidad.
Mientras las personas manifiestan una confianza superior al 60% en su propia contribución, la confianza en que los demás realizan correctamente el proceso llega al 39%. A esto se suma que solo un 35% declara saber qué pasa con sus residuos después de entregarlos para reciclaje.
Según explicó Palma, esta brecha es relevante porque la participación ciudadana también depende de la certeza de que el esfuerzo realizado efectivamente tiene un destino adecuado. “Tenemos una oportunidad de 65% de personas que no saben lo que pasa. Yo creo que es tremendamente importante el tema de la confianza y saber que lo que estás haciendo, porque es un esfuerzo, sí llega a buen puerto”, afirma.
Facilitar el reciclaje para convertirlo en hábito
La accesibilidad aparece como otro de los factores determinantes del estudio. El barómetro muestra que un 52% considera que reciclar es fácil, mientras que el 48% restante todavía no lo percibe de esa manera.
Aunque disminuyen las barreras vinculadas con la falta de información, tiempo, espacio en el hogar y cercanía de los puntos de reciclaje, Palma plantea que la infraestructura y la comodidad del servicio siguen siendo clave para ampliar la participación. “Una de las cosas claves es que efectivamente tiene que estar muy a la mano el reciclaje para el ciudadano. El pedirle a alguien que vaya a un punto limpio es un acto de preparación, de tiempo, tengo que desviarme quizás del trabajo”, explicó.
En esa línea, la recolección domiciliaria permite reducir las dificultades logísticas y facilitar que el reciclaje se incorpore a las rutinas. Sin embargo, Palma advierte que la expansión del sistema debe ir acompañada de un trabajo educativo permanente. “Esto es consistencia, es a largo plazo. No es ‘voy, educo y me retiro’, sino cómo seguimos educando”, sostuvo.
Educación y revisión regulatoria
La educación ciudadana aparece como una de las principales herramientas para cerrar la brecha entre conocimiento y acción. Palma reconoce que existen discusiones sobre la posibilidad de establecer mayores exigencias o sanciones para quienes no reciclan, pero plantea que estas deben considerar las condiciones de implementación y el aprendizaje de la ciudadanía. “Nos hemos dado cuenta de que una de las palancas que más mueve la participación ciudadana es la educación”.
En esa línea, plantea que incluso quienes empiezan a reciclar sin saber exactamente qué materiales corresponden pueden incorporarse al sistema y aprender progresivamente. “Nosotros preferimos que comiencen con el acto de reciclar y sobre la marcha nos preocupemos de que aprendan y enseñar”, dijo Palma.
El desafío también alcanza a los municipios y al marco regulatorio. Desde ReSimple plantean que actualmente los municipios no están obligados a sumarse a la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor (REP), situación que consideran necesario revisar. “Creemos que hay una oportunidad de no ser menos ambiciosos en lo que queremos con la ley, pero sí tener reglas más eficientes y más claras que permitan que esto ocurra”, sostiene.
ReSimple apunta también a la revisión del Decreto Supremo N°12, que establece las metas de recolección y valorización de envases y embalajes. Palma asegura que estas conversaciones ya están avanzando con el Ministerio del Medio Ambiente y otros actores del ecosistema REP. “Hoy en día contamos con mucha evidencia, entonces las conversaciones están avanzando, las voluntades están”, agrega.
Un desafío colectivo
Para ReSimple, el proceso requiere involucrar a todos los actores de la cadena: municipios, gobierno, empresas, sistemas de gestión, gestores y recicladores de base. En esa línea, el barómetro muestra que el 88% de las personas considera que una alianza público-privada es la mejor forma de abordar el reciclaje. “Necesitamos de todos efectivamente”, resume Palma.
Así, la educación también puede desplegarse en espacios cotidianos y cercanos. ReSimple trabaja con municipios, juntas de vecinos y centros de salud, además de desarrollar actividades en eventos masivos. Cuenta también con una aplicación que permite consultar los días de recolección según la dirección del usuario, los materiales que se reciben y resolver dudas sobre reciclaje.
El objetivo es que separar los residuos deje de depender de una decisión ocasional y se transforme en una conducta incorporada a la rutina. “Lo más importante es este cambio desde el conocimiento a la acción o el hábito. Sabemos que el cambio de hábito es largo, así que también tenemos que prepararnos pensando que no va a ser algo inmediato”, concluyó Palma.
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