Brad Pitt confesó que volvió a beber alcohol. ¿Es posible retomar el consumo moderado tras recuperarse de una adicción?
El actor Brad Pitt volvió a beber alcohol tras siete años de sobriedad y un proceso de rehabilitación. Un psiquiatra explica si es posible retomar un consumo moderado tras la adicción, y cuáles son los riesgos de recaída.
En una reciente entrevista con Esquire, el actor Brad Pitt reveló que, tras haber pasado siete años sin tomar una sola gota de alcohol y haberse sometido a un proceso de rehabilitación en Alcohólicos Anónimos que lo ayudó a mantenerse sobrio, nuevamente volvió a consumir bebidas alcohólicas.
Sin la intención de ser un ejemplo, Pitt mencionó que “volvió a caer”. Sin embargo, dijo que ahora bebe “de manera más contenida”, no en grandes cantidades. “Uno puede perderse una mañana encantadora si bebe demasiado la noche anterior, y simplemente no es tan interesante”.
Aunque parece una confesión casual, el tema encendió un debate médico: ¿una persona que superó su adicción al alcohol puede retomar la ingesta de manera “moderada”, sin volver a desarrollar una dependencia?
¿Se puede volver a tomar alcohol tras recuperarse de una adicción?
En conversación con La Tercera, el Dr. Juan José Trebilcock, psiquiatra de la Clínica Universidad de los Andes, reconoce que el retorno al consumo “moderado” de alcohol es uno de los temas más debatidos en la psiquiatría de las adicciones.
“La respuesta corta es que depende fundamentalmente de la gravedad del trastorno original”, dice.
El especialista señala que algunas personas que tuvieron un trastorno por consumo de alcohol leve —lo que anteriormente se conocía como consumo problemático— pueden eventualmente conseguir modificar su patrón de ingesta mediante terapias específicas. Esto, particularmente si no presentan determinadas vulnerabilidades genéticas marcadas.
Pero la situación es diferente cuando existió una dependencia severa. En esos casos, según Trebilcock, intentar volver a beber de manera controlada suele terminar en un fracaso.
Según el méxico, hay factores clínicos que pueden hacer que el consumo de alcohol sea riesgoso:
- Gravedad histórica: la presencia previa de tolerancia física y síndrome de abstinencia es un predictor de fracaso para el consumo controlado.
- Comorbilidades psiquiátricas: pacientes con condiciones subyacentes, como el trastorno bipolar o cuadros depresivos mayores, tienen contraindicado el consumo, ya que el alcohol desestabiliza rápidamente el ánimo y la medicación.
- Factores médicos quirúrgicos: por ejemplo, pacientes que se han sometido a cirugías bariátricas experimentan una alteración drástica en la farmacocinética del alcohol, alcanzando niveles de toxicidad en sangre mucho más rápido, lo que invalida cualquier intento de consumo “seguro”.
¿Qué pasa cuando alguien en recuperación vuelve a beber?
El riesgo de recaída no se explica solamente por una eventual pérdida de voluntad frente al alcohol. El especialista plantea que la adicción implica cambios profundos en los mecanismos cerebrales.
“La adicción es, en esencia, una enfermedad del aprendizaje y la memoria que altera la estructura del cerebro”, explica.
Durante la dependencia activa, el alcohol modifica el sistema de recompensa mesolímbico y genera una sensibilización neuronal. Por eso, después de un período prolongado de abstinencia, volver a consumir puede reactivar mecanismos asociados al consumo anterior.
Según el psiquiatra, ese nuevo estímulo puede despertar el craving, es decir, un deseo intenso y compulsivo de volver a consumir. En esta línea, “el riesgo de recaída se dispara dramáticamente porque los circuitos de control de impulsos alojados en la corteza prefrontal siguen siendo vulnerables”.
Así, lo que inicialmente se había planteado como “una sola copa”, puede transformarse en un aumento progresivo del consumo.
No es lo mismo un consumo problemático que una dependencia severa
Para Trebilcock, una de las claves para entender el debate está en identificar los distintos niveles de gravedad del trastorno por consumo de alcohol: la psiquiatría actual clasifica estos cuadros en un espectro continuo (leve, moderado y severo).
Una persona que tuvo un consumo problemático puede haber utilizado el alcohol como una estrategia inadecuada para enfrentar situaciones de estrés, pero sin desarrollar una dependencia fisiológica. En estos casos, dado que el cerebro no llegó a depender fisiológicamente de la sustancia, el riesgo de recaída es menor.
En cambio, quienes desarrollaron una dependencia severa enfrentan un escenario radicalmente distinto.
“Alguien con dependencia severa sufrió un secuestro total de sus sistemas de recompensa y motivación”, dice el médico. En estos pacientes, la posibilidad de mantener un consumo moderado es considerablemente menor.
“En la práctica clínica y desde la perspectiva de las unidades de hospitalización psiquiátrica, observamos continuamente que para el paciente con historial severo, la moderación es un espejismo” y la pérdida de control es prácticamente la regla.
¿Hay personas que logran beber de forma controlada?
El especialista reconoce que existen estrategias terapéuticas orientadas a la reducción de daños y que la literatura científica contempla alternativas para determinados subgrupos de pacientes.
Entre ellas menciona programas como Moderation Management e intervenciones farmacológicas, como el denominado Método Sinclair, que utiliza naltrexona para bloquear la recompensa asociada al alcohol.
Según explica, estas estrategias han mostrado eficacia en reducir los días de consumo excesivo en personas con consumo problemático.
Sin embargo, no aplican cuando se trata de un historial de dependencia grave.
“Extensos estudios longitudinales demuestran que mantener un consumo controlado a largo plazo en pacientes con historial de dependencia grave es estadísticamente excepcional”. Por eso, en estos casos, la abstinencia completa continúa siendo la alternativa más segura y el “estándar de oro” desde el punto de vista terapéutico.
Las señales que pueden advertir una recaída en el alcohol
De acuerdo con el psiquiatra, existen algunas señales que pueden indicar que el consumo está comenzando a recuperar un patrón problemático y riesgoso.
- Ruptura de límites autoimpuestos: prometerse beber solo dos copas en un evento y terminar bebiendo el doble, o extender el consumo a días no planificados de la semana.
- Consumo como herramienta: beber para aliviar la ansiedad, el estrés laboral o inducir el sueño, desplazando el motivo desde lo social hacia la “automedicación”.
- Pensamientos intrusivos: destinar cada vez más tiempo mental a planificar, anticipar u ocultar cuándo y cómo será la próxima instancia de consumo.
- Aumento de la tolerancia: notar que se requiere un volumen mayor de alcohol para alcanzar el mismo efecto de relajación o euforia que antes se lograba con poco.
- Impacto en el funcionamiento diario: presentar fallas o descuidos menores (y luego mayores) en las responsabilidades académicas, el rendimiento laboral o la presencia familiar debido a la ingesta o a los síntomas de la resaca.
Trebilcock enfatiza la importancia de no minimizar lo que está ocurriendo: “Ante la aparición de cualquiera de estos indicadores, es fundamental no minimizar el cuadro y consultar oportunamente con un equipo de salud mental especializado”.
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