La IA no es neutral, sus reglas las fijan unos pocos
SEÑOR DIRECTOR:
El Papa León XIV publicó Magnifica Humanitas, un documento que -más allá de su dimensión religiosa- ofrece un diagnóstico político relevante: la Inteligencia Artificial no es neutral. En este sentido, el Papa es muy claro cuando menciona que los sistemas de IA “reflejan y refuerzan estereotipos o posiciones ideológicas de quienes los han diseñado y programado”.
Hoy, quienes definen la arquitectura de los sistemas de IA son principalmente actores privados con información y recursos muy superiores a los de la mayoría de los gobiernos. Son esos sistemas los que toman decisiones sobre selección de personal, asignación de créditos o entrega de beneficios sociales. El problema no es solo técnico: cuando una decisión la toma un algoritmo, la responsabilidad política se diluye. Como señala la encíclica, el “descarte de los débiles queda revestido de una neutralidad y una objetividad ante las cuales es imposible protestar”.
Esto debería incomodar a quienes diseñan políticas públicas en Chile. Debería incomodar que tanta información y tanto poder esté en manos de tan pocos. Debería incomodar la opacidad de los algoritmos que pueden definir el futuro de miles de personas. Debería incomodar también, que la lógica predominante ante la IA siempre sea reactiva, buscando regular los usos problemáticos y no pensar en los diseños antes de su implementación.
Chile tiene una ventana. El debate regulatorio aún está abierto. Pero la velocidad del cambio tecnológico no juega a favor del Estado. La pregunta es simple: ¿estamos dispuestos a mirar cómo unos pocos fijan las reglas del juego, o vamos a exigir que el avance de la IA no sea a costa de la dignidad de las personas?
Valentina Ilic
Directora Centro de Políticas Públicas UFT
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