El último Tango en Nueva York de Charly García y Pedro Aznar
Grabado en apenas una semana en Manhattan, el miniálbum de 1986 nació cuando ambos músicos atravesaban momentos de incertidumbre. Entre sintetizadores, new wave y una inusual paridad creativa, construyeron hace 40 años una de las colaboraciones más recordadas del rock argentino.
“Se llama Tango porque es argentino”, sentenció, con su habitual seguridad, Charly García cuando se le preguntó por aquel trabajo en conjunto con Pedro Aznar. Un maxisencillo que fue además el testimonio de la complicidad artística entre ambos.
Un entendimiento que se había macerado a punta de sesiones en el estudio. Desde los días que compartieron como integrantes de Seru Girán, al aporte puntual de Aznar en algunas pistas de bajo que cruzan Clics Modernos, el álbum que convirtió a Charly en un faro generacional, la química entre ambos no parecía menguar.
En diciembre del 85, Charly apareció por Nueva York. No perdió el tiempo y llamó a Pedro Aznar quien vivía en la ciudad. Ambos buscaban un símbolo de paz. Una referencia a la que asirse. Aznar había dejado el grupo de Pat Metheny y García acababa de sacudirse de un complejo entramado con un empresario discográfico.
“En la charla nos pusimos al día con nuestras cosas y vimos que los dos estábamos bastante sacudidos, sintiéndonos un poco como peces fuera del agua -recordó Aznar en charla con Billboard-. Ambos teníamos un gran signo de interrogación por delante. Entonces surgió la idea de algo que nos sacara de ese estado. ‘¡Hagamos un disco!’“.
Creadores inquietos, ambos decidieron echar mano a canciones incompletas, usando cada uno al otro como un excepcional compañero de composición. En una semana, trazaron 6 temas y Charly, siempre incontenible llamó a Joe Blaney, el productor de Clics Modernos, para revivir la sociedad en el estudio.
Por la premura del tiempo, Charly y Aznar funcionaron como una breve orquesta new wave; el disco tenía que ser tocado por completo por ambos. Así, se ocuparon de los teclados, las guitarras, las baterías programadas y lo que tuvieran a mano. “Yo había comprado recientemente una cantidad de equipos de última generación: batería electrónica, secuenciadores y sintetizadores. Así que echamos mano a todo eso para construir el sonido del disco”, acota Aznar en la mentada entrevista con Billboard.
Juntos trazaron un repertorio que mezcló sus intereses; la urgente Ángeles y Predicadores fue la reflexión del momento; la impronta jazzera de Aznar se hace notar en el entramado rítmico de Culpable Etrernamente; el cruce de voces de sintetizador y ritmo maquinal, define a Pasajera en trance; el bajo de Aznar subrraya la melodía de Gramercy Park Hotel; la eterna Hablando a tu corazón, resume la vocación popular de García con un tema totalmente radial; La gente es la misma, es puro Aznar, con Charly respondiendo desde los sintéticos sonidos de brass.
Charly sabía lo que tenía. “Si hay un tema que sintetiza todo es Hablando a tu corazón que dice ‘no puede ser feliz con tanta gente a tu alrededor’“, le dijo a la revista Pelo sobre el tema del que ya había trabajado un demo para el frustrado álbum junto a Luis Alberto Spinetta. Pero con Aznar encontró la pieza que faltaba. ”Con Pedro lo lindo fue que éramos dos monitos pelando todo lo que podíamos en el estudio”.
El álbum se grabó en los estudios Secret Society y Unique Recording Studios. Aunque el material no tiene tanta relación entre sí, más allá del sonido plástico y maquinal sobre el que se asienta, de alguna forma formó una unidad compacta. “El trabajo fue auténtico, tanto que por momentos Pedro estaba grabando algo en un estudio y yo metía las voces en otro”, describió sobre la intensidad de las jornadas de trabajo", comentó Charly en la misma nota.
De los dos, probablemente Aznar fue el que mejor aprovechó el momento. Canta en la mitad de los temas, hace lucir su bajo eléctrico (incluso en Hablando a tu Corazón) y muestra su acercamiento personal al pop. “En Serú Girán, Charly García era la mitad y los otros tres éramos como agregados culturales. Ahora es cincuenta y cincuenta, un mundo después. Yo siento como músico ahora tengo el derecho de tener el cincuenta por ciento de esto”, contó el bajista en la entrevista con Pelo.
Para el nombre, de alguna forma fue la evocación por el terruño y la necesidad de mostrar una música que conectara con la modernidad y la tradición. De allí la elección de la palabra Tango. “Creemos que es un buen nombre para un grupo: es argentino, moderno, internacional y a la vez clásico -explicó Charly-. También tiene que ver con Piano Bar y los temas en los que estaba trabajando. Las canciones que compone Pedro y las que compongo yo tienen algo de tango, aunque no queremos transmitir una vibra melancólica. El álbum tiene un poco de todo. Es psicodélico y se llama Tango porque es argentino”.
Para sorpresa de ambos músicos, el miniálbum logró una repercusión tal que los llevó a presentarlo en la discoteca Paladium y una breve gira por el interior de Argentina. “Sabíamos que habíamos hecho algo potente, que reflejaba muy bien la complicidad y complementariedad artística que siempre tuvimos entre nosotros -recordó Aznar a Billboard-. Pero uno nunca sabe qué alcance va a tener lo que publica hasta verlo años más tarde. El juez final de la longevidad de una obra es, por supuesto, el público”.
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