“Fue la peor noche de mi vida como músico”: el concierto que Paul McCartney prefiere olvidar
A fines de 1979, "Macca" encabezó una serie de conciertos benéficos para Kampuchea junto a Queen, The Who y The Clash. El evento estuvo marcado por las especulaciones sobre un regreso de The Beatles y por una de las peores experiencias de McCartney sobre un escenario. "Nuestra actuación fue pésima", dijo, categórico.
Apenas acababa de sacudirse del cansancio tras la gira promocional de Back to the Egg, el nuevo disco que publicaba junto a Wings, cuando Paul McCartney recibió una inesperada llamada.
Al otro lado de la línea, el ex Beatle escuchó a nada menos que Kurt Waldheim, el entonces secretario general de las Naciones Unidas. Paul nunca había tenido un perfil demasiado humanista, pero su estatura en el negocio musical era innegable.
Por entonces se acercaba la temporada navideña y en los medios se hablaba de la grave crisis de refugiados en Kampuchea, donde miles de personas intentaban escapar del régimen de Pol Pot. De ese asunto le habló Waldheim a McCartney.
El político le comentó que la situación era crítica y le preguntó si estaba dispuesto a ofrecer un concierto de beneficencia para colaborar con las labores de socorro que la ONU estaba desplegando en Kampuchea. Idealmente, lo antes posible. Pese a que había muy poco tiempo, McCartney aceptó.
Y la idea creció. Lo que originalmente sería solo un show de Wings se extendió hasta formarse un festival que reunía nombres nuevos y consagrados; allí estaban Queen y The Who, pero también The Specials, The Pretenders, Elvis Costello y la nueva sensación británica, The Clash.
En Wings: La historia de una banda a la fuga, la reciente historia oral de la banda, McCartney rememora la decisión de sacar adelante el show. “Estuvo bien hacer algo por la causa y reunirme con otros músicos. Son conciertos interesantes porque no tocas solo tú, sino que hay un montón de gente más. George [Harrison] había dado el concierto de Bangladesh y ahora estábamos haciendo lo de Kampuchea. Creo que lo que más me preocupaba era qué pasaba con el dinero: ¿llega de verdad a la gente? Siempre acabo pensando en eso".
Para McCartney era una buena oportunidad de seguir dandole rodaje a la nueva formación de Wings y de tocar con viejos amigos. Se agendaron cuatro shows entre el 26 y el 29 de diciembre en el Hammersmith Odeon, cada día con un artista diferente; en el primero se presentaba el grupo de Freddy Mercury, mientras que Wings se reservó el último día.
Además eso le permitía a McCartney hacer un número final, reuniendo a varios músicos amigos, bajo el nombre de la Rockestra: confirmaron Pete Townshend de The Who; Kenney Jones; David Gilmour de Pink Floyd, Gary Brooker de Procol Harum, Ronnie Lane de The Faces, Bruce Thomas de The Attractions; y desde la filas de Led Zeppelin, su poderosa base rítmica, John Paul Jones y John Bonham.
En medio del apuro, un rumor se disparó como un puñado de pólvora seca; ya que en la última noche se presentaba Wings, se concretaría, por fin, la anhelada reunión de The Beatles. Una idea que no era descabellada porque, efectivamente, hubo gestiones para invitar a cada uno de ellos.
Así lo cuenta Philip Norman en su notable biografía de McCartney. “George y Ringo accedieron a participar con la condición de tocar con otros músicos, además de con Paul. Pero aunque John ya era libre de interrumpir su exilio en Nueva York, se negó a implicarse en lo más mínimo en el proyecto y no cambió de idea incluso después de un ruego personal de Kurt Waldheim. Luego, cuando los medios se enteraron de la participación de George y Ringo, ambos dejaron el proyecto”.
Por tal razón, los shows estuvieron cruzados por la tensión de un posible reencuentro Beatle en el escenario. Pero McCartney no lo pasó bien. La prisa con la que se hizo todo, pasó factura. “Fue la peor noche de mi vida como músico -sentencia en la historia oral de Wings-. No salían los graves del bajo, los monitores eran increíblemente malos y empecé a sudar como un loco y no era capaz de controlarlo. Sabía que estaba siendo un desastre”.
Según contó en el libro Glass Onion: The Beatles In Their Own Words (1990), de Geoffrey Giuliano, esa noche tuvo una consecuencia. “Lo que provocó la separación de Wings fue un concierto desastroso que dimos en Kampuchea. Pensamos que nuestra actuación fue pésima. Después escuché el disco y me di cuenta de que no era tan malo, pero en ese momento lo odiamos tanto que nos quitó las ganas de estar en una banda durante un par de años. Eso fue lo que llevó a la separación”.
La verdad es que por entonces, McCartney comenzaba a sentirse harto de las giras, ya no lo movía el mismo entusiasmo inicial. “Y entonces dijimos ‘¿Que más vamos a hacer?¿dar la vuelta al mundo otras 10 veces? Quizás hemos tenido suficiente de tanta gira -rememora en el mismo libro-. Ya no teníamos tanto entusiasmo".
Para Wings todo terminó en Japón tras el arresto de McCartney por posesión de marihuana, apenas semanas después, en enero de 1980. El que iba a ser el primer show de la banda en el país del sol naciente y una nueva gira, fue la palada final. Pero esa es otra historia.
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