Gilsons llega a Chile: “No hacemos música religiosa ni tenemos esa pretensión”
La banda conformada por un hijo y dos nietos de Gilberto Gil desembarca por primera vez en nuestro país con su combinación bailable de herencia africana actualizada con máquinas de ritmo, trayendo una “Bahía moderna” en la gira de presentación de su segundo disco. Aquí, en entrevista con Culto, adelantan su presentación en Sala Metrónomo y las inspiraciones detrás de su apuesta artística. “Habitamos en el medio de una conversación de ritmos ancestrales con aspectos contemporáneos”, definen.
Una banda luminosa llega a la Sala Metrónomo este jueves 25 de junio. Traen un brillo de entrecasa, cultivado en encuentros familiares irradiados a partir de la ineludible figura de Gilberto Gil, pues son su descendencia. Pero su energía tranquila y venturosa fue la que hizo que los Gilsons salieran al mundo con un estilo musical propio, que este año se consolida a partir del segundo álbum de la banda, Eu vejo luz em maior proporção do que eu vejo escuridão (Yo veo luz en mayor proporción de lo que veo oscuridad).
Embarcados en la gira mundial de presentación de su nuevo trabajo discográfico, Francisco Gil y João Gil, nietos de Gilberto, adelantan a Culto lo que ofrecerán en el show con el que debutarán en nuestro país.
“Teníamos dudas de lo que nos íbamos a encontrar el año pasado, cuando vinimos a Argentina y Uruguay por primera vez. Estamos acostumbrados a un público europeo, hicimos dos giras por Estados Unidos y siempre el público es mayoritariamente brasileño. Nos sorprendieron gratamente y llegamos a Chile con una linda expectativa”, comenta Francisco, cantante y guitarrista de Gilsons.
“Estamos felices de mostrar el disco porque aprovechamos para incorporar cosas nuevas al show, nuevas luces, pantalla gigante… y vamos adaptando nuestro repertorio a las presentaciones sudamericanas”, complementa João, también guitarrista de la banda.
Ambos comparten alineación con José Gil, el hijo menor de Gilberto, que está a cargo del bajo. Aunque también es baterista, fanático de los Red Hot Chilli Peppers e integró durante años la banda de su padre, incluso se desempeñó como director musical.
El trío se acompaña de percusión, vientos y bases rítmicas programadas, acaso uno de los sellos contemporáneos impresos por esta nueva generación de músicos bahianos a las tradicionales células rítmicas de origen afro, llevadas al gran público brasileño principalmente por Gilberto Gil, Moraes Moreira y los hermanos Caetano Veloso y Maria Bethânia.
“Tenemos elementos muy fuertes del ijexá, de los afoxés y del samba reggae. Son células rítmicas características de los blocos afro. Al mismo tiempo, incorporamos células de nuestro tiempo, como programaciones de máquinas de ritmo. Gilsons habita en el medio de una conversación de ritmos ancestrales con aspectos contemporáneos, como una Bahía moderna”, explica Francisco.
Una traducción pertinente: ijexá es uno de los ritmos bahianos de raíz afro, surgido de ámbitos religiosos como el candomblé, que se toca en los afoxés o cortejos carnavaleros callejeros habitualmente ligados a colectividades religiosas afro, y también en los blocos afro, especie de comparsas típicas del carnaval de Bahía. Ya el samba reggae es uno de los ritmos bahianos por excelencia, popularizado a nivel internacional por el bloco afro Olodum y definido por el músico pionero bahiano Gerônimo Santana como “el hijo que nació de un amor entre Jamaica y Salvador de Bahía”.
En este punto, preocupado de que no se confunda el carnaval de Bahia, con sus tríos eléctricos e histórica resistencia afrobrasileña, con Río de Janeiro y sus desfiles llenos de personalidades de Globo bailando por la avenida al ritmo de samba-enredo, le pedimos a Francisco y João que ofrezcan algunas señas particulares de Bahía.
-¿Qué dirían que hace a Bahía tan particular a nivel cultural y musical?
JG: Salvador de Bahía está marcada por haber sido la primera capital de Brasil. Por eso fue el primer gran puerto donde llegaron los africanos esclavizados. Hay una herencia muy grande de la cultura africana en Bahía. Río de Janeiro tiene algo de eso, aunque se volvió capital un poco después.
FG: Fuera de África, Salvador es la ciudad del mundo con mayor concentración de personas negras. En su formación, Río de Janeiro pretendía ser más parecida a Portugal.
JG: Cuando la corona portuguesa salió de Europa huyendo de Napoleón en 1808, se instaló en Río de Janeiro, entonces ahí existe una mistura histórica.
FG: Claro, Río tiene esa herencia del imperio portugués. Pero, al mismo tiempo, tiene una construcción de la periferia, por donde se entiende la historia del samba. Ya en Bahía, la religiosidad del candomblé se fue expandiendo a través del sincretismo, y sus células rítmicas fueron invadiendo todo. Si vas a las misas de las iglesias cristianas vas a escuchar música de candomblé y se va a mencionar a los orixás.
JG: Todo en Bahía es una gran mistura regida por la afrobrasilidad.
-La espiritualidad de origen africana también parece atravesar la música bahiana desde su origen y hasta el presente. ¿Ustedes también lo sienten así?
JG: La espiritualidad se mezcla con lo cultural y lo musical. La música de candomblé, por ejemplo, tiene una sonoridad muy característica, como los toques de atabaque, que son tambores de terreiro tocados por entidades espirituales en las ceremonias, pero que al mismo tiempo ya están presentes en la música popular de una forma mucho más extendida y son esenciales en nuestro sonido.
“Eso no quiere decir que la que la religión esté en el centro, sino que viene como una gran influencia dentro de nuestro repertorio musical. No hacemos música religiosa ni tenemos esa pretensión”.
Balada ijexá
El término que surgió como síntesis del estilo musical de Gilsons es balada ijexá, que pone en relieve el mencionado ritmo afro con su cualidad bailable, ya patente en el primer álbum de la banda, Pra gente acordar (2022). De ahí se desprende el hit Várias queixas, versión de la canción original de Olodum y punta de lanza de su popularidad dentro y fuera de fronteras, cuando solo era un single que acumulaba reproducciones en plataformas musicales desde 2018.
Para un disco debut, su primer trabajo tuvo una repercusión tal que los llevó a hacer dos giras por Estados Unidos y concentrarse más en las presentaciones en vivo que en apurarse a seguir grabando. Eso determinó que el segundo álbum se tomara su tiempo, llegando para reforzar la identidad musical de Gilsons y permitiendo algunas exploraciones sutiles.
“Por primera vez usamos el sample, no para extraer el sonido de un instrumento, sino que tomamos una pista de la banda bahiana Rumpilezz para hacer la canción Zumbido. También incluimos en dos canciones la guitarra bahiana como nueva sonoridad, un instrumento de Salvador que es como una mandolina eléctrica. Pero quizás la mayor innovación sea la participación de la artista africana Sona Jobarteh”, indica João.
Sona es oriunda de Gambia y es la primera tocadora profesional de kora, un dulce instrumento de cuerda africano que combina características de arpa y laúd, y cuya ejecución hasta el momento estaba reservada a hombres pertenecientes a familias tradicionales de griots o maestros de la tradición oral de África.
“Ampliamos el universo sonoro trayendo un instrumento tradicionalmente africano a cargo de una de las primeras mujeres en tocarlo. Como señal del cambio de los tiempos, Sona logra bancar este rol con la autonomía que le otorga pertenecer a una familia tradicional africana”, agrega.
Nieta del maestro griot gambiano Amadu Bansang Jobarteh, Sona toca la kora en la última pista del disco, Se a vida pede, pero no es la única invitada. De hecho, las colaboraciones son otro de los aspectos distintivos del disco nuevo, con realce para Arnaldo Antunes y la familia Veloso (Caetano junto a sus hijos Moreno y Tom), pero también artistas contemporáneos como Júlia Mestre y Narcizinho de Olodum.
“Tenemos canciones muy animadas como Beijo na boca, Bem me quer o Nó na cuca. Al mismo tiempo, algunas son más contemplativas, no tan atadas a la guía de la percusión, como Minha flor, donde el beat entra recién en la mitad de la canción, algo que nunca habíamos hecho. Creo que logramos permanecer en nuestro universo y al mismo tiempo expandir la gama sonora que traíamos”, agrega João.
Consultados por algunas influencias de músicos actuales que les han acompañado en sus composiciones, Francisco menciona como intérpretes contemporáneos de la herencia musical afro a artistas de Bahía como Luedji Luna, BaianaSystem o Raquel Reis. Sin embargo, como han fijado domicilio en Río de Janeiro, también se cruzan otras referencias de la escena cultural carioca.
“Bebemos de muchas fuentes. Estamos felices de tener como colaboradora a Julia Mestre y siempre tenemos cerca a Dora Morelenmbaum o las propias Duda Beat y Marina Sena”, dice Francisco.
João, por su parte, no quiere olvidar a Ana Frango Elétrico ni Ana Claudia Lomelino, conocida artísticamente como Mãeana, de quien dicen que su trabajo Mãeana canta JG (álbum que tiende un puente de sesenta años entre la bossa nova de João Gilberto y el forró bailable del pernambucano João Gomes) tiene “la misma matemática” que la que practican los Gilsons.
Así las cosas, resta el último misterio por revelar: yo veo luz en mayor proporción de lo que veo oscuridad. Así reza el título del disco que Gilsons presentará en Santiago, un álbum que trata de apartar la bruma para ver el sol, luego de que la cantante y productora Preta Gil –hermana de José, madre de Francisco e hija menor de Gilberto Gil– muriese de cáncer hace un año.
Evidentemente, la noticia caló hondo en la emblemática familia de artistas, donde Preta también destacó como presentadora de televisión y actriz, además de grabar seis discos de estudio. La familia Gil incluso tiene una serie de televisión con dos temporadas, Em casa com os Gil y Viajando com os Gil, proyectos también impulsados por Preta.
“No es un disco de luto. Las canciones vinieron antes. Pero el disco permeó ese momento: comenzó a grabarse antes de la partida de mi madre y lo terminamos después. Con el tiempo, fuimos cambiando nuestra mirada y nos dimos cuenta de la relación que las canciones fueron creando con la situación. El disco fue nuestro compañero en ese período y todo está condensado en el título. Para tener una cosa no se puede renunciar a la otra. Solo existe luz porque existe el vacío”, concluye Francisco.
Lo último
Lo más leído
La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
50% Plan Digital+$5.150 al mes SUSCRÍBETE