Padre Madre Hermana Hermano: Las melancólicas familias de Jarmusch
Ganadora del último Festival de Venecia, Padre Madre Hermana Hermano, de Jim Jarmusch, propone una agridulce historia de lazos familiares protagonizada por Cate Blanchett, Adam Driver, Tom Waits y Charlotte Rampling.
Vuelve el inefable Jim Jarmusch con una película en capítulos, formato que lo acompaña desde sus inicios y que ya le ha servido para realizar filmes como Mystery Train (1989), Una Noche en la Tierra (1991) y Coffee & Cigarettes (2003), éste último también con Tom Waits, el gran músico y ocasional actor que forma parte de su clásica troupe de colaboradores y amigos. Todos estos rasgos le dan a Padre Madre Hermana Hermano (2025) una curiosa pátina a regreso a los orígenes. Al modelo ochentero, para ponerlo en términos más simples.
Sin el magnetismo y poder evocador de Paterson (2016) o El Camino del Samurái (1999), este ejercicio en tres partes es bastante digno y saludable, un recordatorio de que el director de Ohio no ha perdido la puntería ni el pulso de antaño.
El primer segmento se llama Father y quien se luce en todo su raro esplendor es Tom Waits, el padre del título. El hombre ya pasó los 70 años hace rato y sus dos hijos, Jeff (Adam Driver) y Emily (Mayim Bialik) están relativamente preocupados de su bienestar. No son muy cercanos a él ni tampoco expresan demasiado afecto fraterno entre sí, pero atendiendo a que no han visto al padre hace un tiempo deciden visitarlo en su alejada y desvencijada casa en algún rincón perdido del estado de Nueva Jersey.
El tono es todo nieve y frio, un poco como la gélida amabilidad y cortesía de Jeff y Emily, quienes sólo muestran algo de emotividad al recordar a la fallecida madre. Papá los recibe en una habitación que antes se ha encargado de afear deliberadamente, como para demostrar que vive peor de lo que creen. Es o ha sido un alcohólico empedernido y la costumbre de pedirle dinero a sus hijos nunca deja de entorpecer las relaciones.
En este episodio, el personaje de Waits da lástima y uno se pregunta si los hijos no podrían demostrar tal vez un poco más de gratitud y quedarse más tiempo con él en esta corta tarde de visita. Pero no, nada de eso parece que va a pasar. Los silencios incómodos y tragicómicos característicos de Jarmusch son el acorde dominante.
La segunda parte tiene los mismos tonos de ocasional incomodidad, aunque el paisaje geográfico y socioeconómico es bastante diferente, esta vez en Dublín. La madre del título es interpretada por Charlotte Rampling, una mujer bastante bien mantenida para su edad y que recibe en su cómoda a casa a sus dos hijas, Timothea (Cate Blanchett) y Lilith (Vicki Krieps). La primera es la mayor, algo ansiosa y aproblemada. La segunda es la menor, y va por la vida en modo relajado y poco convencional. Son polos opuestos que se juntan una vez al año con la madre y que parecen saber tan poco de ellas mismas como de su progenitora.
Finalmente, Jarmusch nos regala algo de esperanza en los lazos familiares a través de Hermana Hermano, un segmento protagonizado sólo por Skye (Indya Moore) y Billy (Luka Sabbat) y que transcurre en París. Ambos muchachos deben afrontar la ausencia repentina de sus padres debido a un trágico accidente y poco a poco comienzan a rememorar la infancia y los mejores años de sus vidas a través de viejas fotos.
El hermano se ha encargado de ordenar en cajas todas las pertenencias de sus padres. Visitan por última vez el ahora vacío departamento de París dónde crecieron con ellos y experimentan una especie de epifanía sobre la fraternidad. Skye y Billy ya no tienen a sus progenitores al alcance de la mano, pero al menos poseen el mejor recuerdo de ellos.
Los protagonistas de los otros episodios probablemente nunca podrán decir lo mismo.
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