Robbie Williams en el Bicentenario de la Florida; bromas, un karaoke con Oasis y un ceacheí
Bromeó con el público, dijo que su película es la mejor de la historia y contó el día que Noel Gallagher se rió de él cuando quiso cantar en Oasis. En su noche en Santiago, la estrella frustrada del britpop mostró que es un muy buen intérprete, pero es un mejor entretenedor en todas sus letras.
Las cuerdas trinantes de La Cabalgata de las Walkirias, la majestuosa pieza de Wagner, funcionan como un recordatorio. Esta noche la celebración de Robbie Williams lo es todo. Como hacía Elvis con Así habló Zaratustra, el tema de 2001, el inglés marca el arranque con aquella majestuosa cortina musical. Adecuada, o al menos rima con la bocaza del personaje.
En su tercera presentación en el país (tras las de 2006 y 2018), Williams -mohicano canoso, sudadera, brazos tatuados- hace una entrada espectacular. Entra algo acelerado a escena y de inmediato saluda. Farmeando aura, dirían. La banda comienza a tocar los acordes de Let me entertain you, como un saludo. El respetable brama. Se demoró 40 segundos en ganarse al público. “SANTIAGO COMO ESTÁ EL CARRETE!”, gritó.
Bromea con un tipo del público como si fuera un viejo conocido. Hace cantar a la gente como Freddy Mercury. Pide a su banda improvisar una canción y, tribunero, sigue con un CEACHEI. El público de vuelta le grita de vuelta MIJITO RICO, MIJITO RICO. “No sé que diablos significa eso”, dice. Y casi de inmediato empalma Rock DJ.
Aunque llega al país con la gira promocional de su álbum Britpop, en realidad Williams celebra su carrera. Y de alguna forma también quiere dejar en claro que su humor y su sentido del espectáculo le daban mérito propio como para haber figurado al lado de los Gallagher, Albarn y Frischmann. Como un guiño, en la música envasada de la previa sonó Suedehead. Para los melómanos fue como cantar el himno.
Además de mantener su voz en una respetable buena forma, Williams es un consumado showman. Maneja los tiempos del show, anima a la gente y sabe cómo exprimir la médula de una historia. Y no se ve complicado con la barrera del idioma. Tampoco se complica en sacarse la polera para ponerse la camiseta de la selección chilena.
Y por momentos, probablemente para reponer algo de energía, Williams interactúa con el público. Habla en un modo personaje muy peculiar, entre un villano de novela y un comediante de viernes por la noche. Luego sigue cantando y se va a las primeras filas para cantar cerca de la gente. Carisma puro.
Williams sabe que está en un buen momento y pregunta a la gente si vieron su película Better Man. “La mejor película que se ha hecho”, asegura. Pero dice que esa historia en el fondo, lo llevó a conocer a su esposa y ser hoy padre. Y que ellos lo salvaron. Por supuesto canta la canción homónima. Y la gente grita, “ROBBIE! ROBBIE!”. Él se ríe y repite el grito.
Sigue el segmento junto a Thom Rylance de la banda The Lottery Winners, los teloneros internacionales que amenizaron la previa además del chileno Pedropiedra. La idea es algo como dos tipos con guitarra en una fiesta. Hace cantar a la gente el estribillo de Angels, y otros pedazos de temas antes de rematar con Wonderwall, por supuesto con Williams recordando el día en que llamó a Noel Gallagher para ofrecerse como cantante de Oasis solo para escucharlo reirse de él. “No necesitamos el permiso de Noel”, aseguró fanfarrón antes de pasar a cantarla junto a la gente. Un karaoke masivo, como los ingleses en el mundial. ¿La canta mejor que Liam? puede ser, pero sin Liam no es igual. Como sea, punto alto de la noche.
Pide a la gente levantar las manos para Millenium, partiendo de inmediato con el estribillo, omitiendo la frase musical clásica. Además le permite lucir a algunas de sus coristas y como para mantener el espíritu lúdico, canta New York, New York como si estuviera en Saturday Night Live. Es un notable intérprete, pero es mejor entretenedor.
Incluso la habitual -y por lo general apurada- introducción de la banda le permite a Williams un momento para explotar su carisma. “Los haré tocar una pieza a cada uno”, dice, es una suerte de aplausómetro de concurso de talentos. En el fondo es un karaoke; pasan Can’t Stop de Red Hot Chili Peppers, Seven Nation Army de The White Stripes, We Will rock you de Queen, lo empuja con YMCA y la siempre pistera Sweet Dreams y remata con Hey Jude, canción de estadio por excelencia.
Para el segmento final, una versión de Feel, bastante fiel a la del disco original, nostalgia absoluta, pero Williams entiende el peso de la canción como palanca para la supervivencia artística. La gente la coreó como el hit dosmilero que es. Y el remate con Angels, su canción bisagra, la que lo hizo estrella y sobrevivir a la salida de una boyband exitosa. El karaoke volvió a ser masivo, tanto como el de Wonderwall. Como diciendo que él también pudo estar en el britpop. El gran entretenedor en todo lo ancho.
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