Por Pablo Retamal N.Charly García: la biografía que explora sus inseguridades, la influencia de su madre y su relación con la política
En La indómita luz (Ediciones UDP), el periodista Pablo Plotkin repasa la vida del músico. A partir de testimonios de su círculo cercano y del propio artista, revisa el fenómeno de sus bandas, el doloroso vínculo con su madre y el rescate de Palito Ortega en sus días más oscuros.

Con un sencillo gesto, el pequeño Miguel García Yorio le dio una lección tan inesperada como iluminadora a su padre, Charly García. A sus cortos cinco años, “Migue” estaba escuchando música en el tocadiscos cuando el músico entró al cuarto. Lo que sonaba era una de las canciones de Serú Girán, la banda que por entonces daba sus últimos estertores. A Charly le llamó la atención que, de repente, el muchacho levantaba el brazo del tocadiscos y volvía a ubicar la aguja al inicio de la canción, justo cuando venía un cambio de ritmo, acaso el sello del rock progresivo. ¿Por qué no la escuchás entera?, le preguntó Charly, y Miguel le respondió: “Para mí los temas tienen que tener una sola parte”. La respuesta marcó el rumbo de la carrera solista de Charly, con temas más simples y directos.
Ese costado íntimo del ídolo trasandino y la trastienda de su fructífera carrera musical están presentados en el nuevo libro del periodista argentino Pablo Plotkin La indómita luz. Un retrato de Charly García (Ediciones UDP). A partir de entrevistas con los integrantes del círculo más cercano del artista y con el propio García, Plotkin reconstruye su vida desde la infancia, el fenómeno Sui Generis, La Máquina de Hacer Pájaros, el éxito de Serú Girán, y su carrera solista. Sin dejar de lado la esfera privada detrás de los discos.
“No surgió de una necesidad, sino de una propuesta de Leila Guerriero, editora del libro. Y fue la primera pregunta que me hice: ¿qué se puede escribir sobre Charly que no se haya escrito? -señala Plotkin a Culto-. Al principio, para alivianar el peso, me propuse encararlo como una exploración personal sobre su obra, un recorrido fragmentario que mezclara crónica y ensayo. Pero a medida que avancé en la investigación, todo fue creciendo e integrándose en un mismo impulso: la vida y la música de Charly conforman la gran novela argentina de la segunda mitad del siglo XX. Esta es mi versión de esa historia, un relato que cruza lo mítico y lo humano”.

Lo más complejo, señala Plotkin, fue organizar el copioso material que comenzó a acumular. “Primero fue una inmersión total en su música, algo que en verdad abarcó todo el proceso. Después empezó el reporteo: entrevistas, archivo periodístico, bibliografía. Creo que lo más difícil fue organizar ese océano de material que acopié durante el primer año. Una vez que me metí en la escritura propiamente dicha, las cosas fueron acomodándose. En algún momento, no tan pronto, visualicé una estructura y comencé a deshacerme de las cosas que dispersaban el relato”.
El mismo Plotkin tuvo oportunidad de conversar con Charly a lo largo de su carrera periodística. “Casi siempre te recibía en la cama. Cuando lo entrevisté en 2004 fue igual. Al menos desde mi experiencia, con él no había tal cosa como ‘entrevista formal’. No era alguien que traficaba off the records o que se cuidaba de hablar de ciertos temas delante de un periodista. Siempre ostentó una transparencia temeraria. Lo que ves es lo que hay”.
La biografía muestra a Charly como un hombre vulnerable, inseguro, celoso y necesitado de reconocimiento. “Intuitivamente, siempre supe que no iba a escribir una hagiografía -comenta Plotkin-. Y por supuesto, a medida que conversaba con gente que lo trató mucho y de manera muy íntima, todas esas vulnerabilidades aparecieron de forma natural. El propio Charly expuso sin máscaras su fragilidad. Era capaz de tirarse al agua desde el noveno piso o de escribir Desarma y sangra pero no podía lidiar con cuestiones domésticas rudimentarias, o temía que el mundo lo olvidara de un momento a otro. La fascinación por su obra (que en mí no hizo más que crecer durante toda la escritura del libro) no implicaba convertirlo en un superhéroe. Es una historia irremediablemente humana”.

Uno de los elementos llamativos de esta biografía es el problemático vínculo entre Charly García y su madre, Carmen Moreno. Cuando Charly era pequeño, era muy pegado a ella, y la extrañó muchísimo cuando junto al padre, Carlos Jaime García, emprendieron un largo viaje a Europa, en 1954. A su vuelta, se encontró con que el muchacho había enfermado. “A Carlitos le habían aparecido unas manchas blancas en el lado derecho de la cara. Consultaron con médicos y le diagnosticaron vitiligo, una enfermedad autoinmune que destruye parte de las células que producen el pigmento en la piel y el pelo. Suele originarse por factores genéticos, pero muchas veces el estrés actúa como desencadenante”, relata Plotkin. Es el origen del bigote bicolor más famoso de rock, pero Charly nunca le perdonó ese viaje a su madre.
Si bien Carmen fue clave para empujar a Charly como artista, también pasaron momentos ásperos. “Es una relación compleja, evidentemente. Carmen fue la impulsora de la carrera de Charly, la que creyó en su excepcionalidad desde el comienzo, y después fue para él la castradora, la que lo expulsó de la casa, la que firmó sus internaciones. La vida de Charly está determinada por la relación turbulenta con esa madre poderosa. Mientras que la muerte temprana del padre, del que Charly se había distanciado en sus primeros tiempos de fama, llevó a que lo convirtiera en una figura moral casi heroica”, dice Plotkin.

Una mirada política
Para Plotkin, Charly entendió desde muy temprano el impacto que causó su música, y con la irrupción de Sui Generis se convirtió en una estrella del rock, cuyos siguientes pasos fueron seguidos con atención. “Creo que esa imagen se cristalizó justamente en el Adiós Sui Generis. Charly rompió el cascarón de su personaje en esa doble función en el Luna Park de 1975. No sé si la opinión pública ya lo veía como un ‘artista genial’, pero sí como un músico joven con un gran talento y una personalidad magnética. De todos modos, Charly iba a ser casi siempre contrastado con una versión previa idealizada, y muchas veces la prensa o el público le reclamarían volver a las fuentes. Él entendió que, para seguir siendo él y superarse, tenía que hacer más bien lo contrario”.
Otra veta importante que aborda el libro es la particular relación que Charly García mantuvo con la política. Si bien escribió canciones que mostraban resistencia contra la dictadura (sobre todo con Sui Generis y Serú Girán), también mantuvo encuentros con representantes del poder. “Pasados los años más fulminantes del terrorismo de Estado y debilitada por las crisis, la Junta Militar flexibilizó ciertas medidas restrictivas y su plan de renovación de imagen incluyó un acercamiento a la población joven. Al asumir como presidente de facto en marzo del 81, en reemplazo de Videla, el general Roberto Viola impulsó la creación de un Ministerio de Juventud y se acercó a figuras representativas del rock a través de Ricardo Olivera, un operador con vínculos en la escena”, señala Plotkin. Entre otros, se reunió con Charly.
“Me parecía fundamental mostrar esas ambigüedades no solo para documentar los movimientos de Charly en esos años, sino para desmitificar cierta idea de realidad suspendida que aparece cuando se revisa la dictadura desde el presente. Charly vio esas contradicciones primero que nadie -dice Plotkin-. Nunca fue un militante político, a diferencia de su hermano Enrique, pero captó el estado de ánimo de la época con una nitidez que encandila. Y escribió los versos más memorables sobre la represión en tiempo real. Aun así, sabía que el contraste entre su vida y lo que pasaba del otro lado del espejo era grotesco. Años después diría: ‘Nosotros nos paseábamos en limusina mientras en el país desaparecía gente todos los días’”.

Tanto es así que a decir de Plotkin, los principales críticos de Serú Girán se ubicaban en la izquierda. “El poeta Miguel Grinberg, dijo que la banda no había tocado para el público, sino que para el ego de sus integrantes”. Charly parecía no tener problemas con incomodar a la gente. Incluso, Plotkin documenta la participación de Charly en un polémico evento -el Festival de la Solidaridad Latinoamericana- con el fin de recaudar fondos para las tropas en Malvinas, durante la guerra de 1982. Años después, el mismo Charly reconocería al respecto: “Me agarró una bronca, me sentí tan pelotudo”.
Para Plotkin, la mirada de Charly “es política por naturaleza”, pero a su propia manera. “Desde el comienzo de su carrera habló de los problemas de su tiempo, de la búsqueda de libertad y de romper mandatos. Tuvo algunas canciones de protesta explícitas, pero su mejor versión poética, la más perdurable políticamente, es la que desbloquea imágenes a través de mecanismos más sutiles. Pienso en Eiti Leda y ese ‘quiero verte desnuda el día que desfilen los cuerpos que han sido salvados’ –escrita antes del golpe–, en el río de cabezas de Canción de Alicia en el País o en la claustrofobia de Yendo de la cama al living en plena guerra. Como dice el escritor Martín Rodríguez, la palabra de Charly no es ‘memoria’, que es el término oficial de los derechos humanos, sino ‘inconsciente’. En ese espectro opera su arte”.

Las mujeres, su hijo, los chilenos y Palito
Las parejas de Charly, por supuesto, también forman parte del volumen. En particular las influencias de María Rosa Yorio y la brasileña Marisa Pederneiras, “Zoca”. Lo explica Plotkin: “Charly tuvo pocas parejas formales, unas cuatro tal vez, pero fueron mujeres muy importantes en su vida. Zoca fue tal vez su gran amor, la que le dio una perspectiva de género distinta y que, según él, le hizo romper con algunas estructuras machistas. Con respecto a la invisibilización del rol de las mujeres, sí, el rock no ha sido particularmente vanguardista. Las memorias de Yorio (Asesínenme) son bastante reveladoras en ese sentido”.
Con Miguel, su hijo, Charly se anotó un vínculo que tuvo de todo. “Es una historia con pasajes luminosos y otros muy oscuros, y tuvo un clímax casi shakesperiano a mediados de la década del 2000, cuando Migue lanzó su carrera solista y Charly se sintió amenazado en medio de una crisis personal profunda. Ese miedo a perder libertad o verse domesticado por la paternidad es muy propio de la época, de los dilemas de una generación que había llegado para romper con las estructuras heredadas, incluyendo la familia. Sin embargo, él siempre proyectó en el amor conyugal un horizonte utópico. Hay algo muy hippie en esa idea. Después llegó la cocaína y, como dice el artista Theo Lafleur en el libro, las familias que habían abrazado el flower power se rompieron en cascada. Aunque en el caso de Charly y María Rosa Yorio, la ruptura ocurrió antes”, dice Plotkin.
“Creo que Charly se nutrió de Migue para capturar la energía y la frescura de un recién llegado, una suerte de consultor hogareño para detectar zonas de interés generacional, nuevas formas de escuchar y de mirar, amenazas de aburrimiento”.

Pensado en su etapa solista, en los 90 y en los 2000, Plotkin aborda a quienes trabajaron con él. Charly aparece como un músico capaz de despertar una lealtad extraordinaria, pero también como un compañero de trabajo difícil, cruel o imprevisible. “Adriana San Román, colaboradora de años de Charly, recuerda que él solía decir: ‘Trabajar conmigo es una masterclass’. La mayoría sabía lo que ganaba y perdía trabajando con Charly. Laura López, una secretaria histórica, decía que él tenía una forma especial de invitarte a trabajar, de hacerte sentir parte de algo único. En contraposición hay testimonios que hablan de un desorden insoportable, destrato, abuso de poder. Algunos lo toleraban un tiempo, otros casi toda la vida. En Charly convive todo eso y está a la vista. Como dice él: ‘¿Qué pretenden, que además sea coherente?’”.
En ese aspecto se anota su predilección por tocar junto a la banda conformada por los músicos chilenos Kiuge Hayashida, Antonio “Toño” Silva y Carlos González, a quienes siempre defendió de la mirada despectiva de los argentinos. Es que para Plotkin, la lealtad para Charly es un intransable. “Creo que a Charly le funcionaba, en esa etapa de su carrera, un esquema de banda eficaz, músicos que no tuvieran necesidad de proyectarse por fuera del trabajo con él y que al mismo tiempo no le demandaran una relación laboral estable. También se le hizo cada vez más complicado sostener a colaboradores cotizados en el mercado interno. Tocaba poco y los shows muchas veces terminaban en desastre. Por unos cuantos años Charly no fue negocio para casi nadie. El trío chileno lo bancó y él les mostró su gratitud cuando volvió a los escenarios en 2009, integrándolos a la par de los ex Enfermeros”.

El libro también aborda los últimos años de Charly, su crisis por drogas que lo llevó a una espiral autodestructiva de la que se salvó solo por la intervención del cantante “Palito” Ortega, quien se hizo cargo de él (cuando nadie quería hacerlo) y se lo llevó a su finca. Ahí, a punta de cuidados y mucha paciencia, Charly salió adelante, no sin tener episodios de destrucción que el célebre Ortega se tomó con deportividad.
“El testimonio de Palito apareció al final del proceso de escritura, y me sumó un punto de vista íntimo de esos días en la quinta, que no fueron un lecho de rosas. Esas escenas que relata de Charly levantándose de la cama a los gritos y yendo a buscar un poco de paz al estudio en medio de la noche, tocando música clásica hasta caer dormido, están entre los momentos más dramáticos de esta historia”.
El libro cierra con el último trabajo de Charly, La lógica del escorpión (2024), el intento del músico de seguir haciendo canciones pese a su desgastada voz y su delicada salud. “Creo que ese disco va a ser una parte importante de su legado por lo que representa: la voluntad de seguir grabando canciones como sea. ¿Qué músico puede cantar ‘y aunque no pierdo la esperanza, a veces con vivir no alcanza’ después de volver de la muerte, casi? O de graznar un retrato de época como Yo ya sé: ‘Dios te ha dejado solo, como internet / Hoy que querías de todo, nada tenés’. Alguna vez dijo que su especialidad en la música era el reproche, y está claro que lo va a honrar hasta el último aliento”.

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