Culto

El flechazo de Linda Eastman y Paul McCartney: cómo el Beatle conoció al amor de su vida entre el caos y la psicodelia

A 85 años del nacimiento de la fotógrafa norteamericana, repasamos la historia de idas y vueltas, llamadas y reencuentros entre Londres y Nueva York que terminaron por ordenar la convulsionada vida del Beatle.

El flechazo de Linda Eastman y Paul McCartney: cómo el Beatle conoció al amor de su vida entre el caos y la psicodelia

I

Para ese 17 de mayo de 1967, faltaban pocos días para que el nuevo álbum de The Beatles, titulado Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band se publicara en el Reino Unido. Mientras eso ocurría, Paul McCartney decidió salir a divertirse, mientras su entonces novia, la actriz Jane Asher se encontraba en el extranjero el zurdo acudió al Bag O’Nails, de Londres. Ese día, apunta Philip Norman en su grueso volumen dedicado al músico (Paul McCartney. La biografía, Malpaso, 2017), iba a presenciar un show de Georgie Fame and the Blue Flames.

El tugurio era un habitual centro de reunión de la camarilla de los músicos pop más importantes del momento, por lo que a Paul no debió haberle resultado extraño toparse con los miembros de The Animals, pero los hombres de The House of the Rising Sun no andaban solos. “Estaban mostrándole Londres a una amiga que acababa de llegar de Nueva York, una fotógrafa freelance de veinticinco años llamada Linda Eastman”.

Por entonces, su nombre de soltera era Linda Louise Eastman, hija de un reputado abogado de Nueva York, Lee Eastman. Estaba dando sus promisorios pasos como fotógrafa y pese a sus jóvenes 26 años (era unos meses mayor que Paul) ya tenía un divorcio (y una hija -Heather-) a cuestas.

Y aunque parezca increíble, Paul casi no se fijó en ella durante la fiesta. “Sin embargo, una vez allí, él pareció más interesado en un nuevo sencillo que el pinchadiscos estaba poniendo, A Whiter Shade of Pale, de Procol Harum, y en debatir el significado que podría tener su enigmática letra”.

The Beatles en las fotos de Sgt.Pepper's Lonely Hearts Club Band (1967)

Sin embargo, Linda tuvo un pequeño adelanto de lo que estaría por venir cuando una limusina la fue a dejar a su alojamiento, pero antes pasó por la casa de Paul, en el barrio de Cavendish. “Linda vislumbró de manera fugaz el interior de Cavendish y, como recordaría, quedó ‘impresionada por todos los Magritte que había en las paredes’”.

Si bien, en un primer momento su objetivo inicial para fotografiar no eran los Beatles, Norman indica que la joven no tardó en darse cuenta que haberse topado con Paul era una gran oportunidad. Así que decidió pedir una cita con su manager, Brian Epstein.

“Como este tenía otros compromisos, la atendió su asistente, Peter Brown, quien justo en ese momento se encontraba sumido en los preparativos del lanzamiento de Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band que iba a tener lugar el 1 de junio, Los Beatles iban a hacer solo una sesión fotográfica para una docena de fotógrafos escogidos cuidadosamente en la casa de Brian en Chapel Street, en Belgravia. Impresionado por el trabajo de Linda y todavía más por sus contactos, Brown la añadió a la lista”.

Foto: Linda McCartney

Así, el día de la sesión, Linda registró a los Beatles en los lisérgicos y sicodélicos días del Pepper. “Linda, como siempre, obtuvo un acceso especial: agrupó a los Beatles delante de una chimenea de mármol con un ejemplar del álbum y luego consiguió que John le estrechara la mano a Paul mientras hacían al mismo tiempo el gesto de levantar los pulgares. Un rival la retrató a ella fotografiando a Paul a solas, arrodillada frente a él mientras McCartney se recostaba en un sillón, y acurrucada ante la chimenea, en actitud íntima y mirándolo profundamente a los ojos”, relata Norman.

Terminada la sesión, Linda también aprovechó de pedir un pequeño favor. “Consiguió a fuerza de encanto que alguien le diera el número ultrasecreto de la casa de Paul y lo llamó la noche siguiente, que era viernes”. Pero su intento de hablar por teléfono con el zurdo no fructificó. “Se encontró con que él se había ido a pasar el fin de semana a Cheshire con su padre”. Pero un par de días después, Linda tomó el avión. “Regresó a Nueva York sin haber vuelto a ver a Paul y dio la impresión de que la historia terminaba allí”. Pero la historia tomaría otros ribetes.

II

En mayo de 1968, ya en los días en que los Beatles volvían de su viaje a la India (que marcó el inicio de fin del grupo), Paul se reencontró con Linda. Fue en el marco de una rueda de prensa en que presentaban su compañía Apple Records, en Nueva York, en su intento de gestionarse ellos mismos tras el fallecimiento de Epstein (algo que todos los artistas hace hoy).

Paul estaba apagado, su relación con Jane Asher se había terminado al volver de la India y por entonces salía con Francie Schwartz, aunque nada muy en serio. Por ello, volver a ver a Linda lo hizo sentir luminoso, pues su carrera como fotógrafa iba en ascenso. “Desde la última vez que había visto a Linda Eastman, la carrera fotoperiodistica de ella había seguido floreciendo; aquella misma semana se había convertido en la primera mujer a quien se le había asignado la fotografía de portada de la revista Rolling Stone, un retrato de Eric Clapton”, dice Norman.

Jane Asher y Paul McCartney

Tras la rueda de prensa, Paul se acercó a Linda. “Reanudaron la conversación que habían iniciado once meses antes junto a la chimenea de la casa de Brian Epstein. Cuando Neil hizo la señal de que había llegado el momento de marcharse, Paul le pidió su número de teléfono. Como no tenía nada más a mano, ella lo garabateó en la parte de atrás de un cheque en blanco”.

Pero Paul pronto tendría que regresar a Londres, sin embargo, le pidió a Linda que lo acompañara en la limusina hasta el aeropuerto. Así lo hicieron. Luego, en junio del 68, Paul volvió a Estados Unidos, esta vez a California, para una convención del sello Capitol, que manufacturaba y distribuía los discos de Apple en Estados Unidos. Paul llamó a Linda desde el aeropuerto JFK de Nueva York para preguntarle si podría encontrarse con él en Los Ángles. Ella aceptó.

Ahí ambos compartieron conversaciones, porros de marihuana, una visita al bar Whisky A Go-Go, pero a los pocos días debieron volver a separarse. Él, de vuelta a Londres, ella, a Nueva York.

Pero aún faltaba para que esa pareja se encontrase por completo, pues Paul seguía viendo en Londres a Francie Schwartz. “El transformador encuentro que había tenido con Linda Eastman en Los Ángeles poco tiempo antes no le impidió iniciar un romance con Francie Schwartz, y después de que las cosas con Jane llegaran a su fin, le pidió a Francie que se mudara a Cavendish con él. Tampoco en este caso se tomó la molestia de ocultarles la situación a sus colegas de Apple. La secretaria de Peter Asher, Chris O’Dell, se trasladó al apartamento que ocupaba Francie en Chelsea”.

Por entonces, The Beatles ya estaban en la difícil vorágine de la grabación del White album, y cuarteto comenzaba a acostumbrarse a la continua presencia de la japonesa Yoko Ono en las sesiones, la nueva pareja de John Lennon. Paul, por su lado, prefería la discreción, tanto así que Francie Schwartz y Linda Eastman, no eran las únicas mujeres que frecuentaba. Así lo cuenta Philip Norman: “Seguía viendo a su poco exigente y ‘secreta’ novia, Maggie McGivern. ‘Un día que habíamos salido a pasear en su coche, de pronto le vino la inspiración para una canción y necesitó un piano para probarla -recuerda ella-. De modo que nos detuvimos en Kensington, ante el apartamento de Alma Cogan. Para entonces, ella ya había muerto [de cáncer, en 1966], pero su hermana Sandra también conocía a Paul y nos recibió cálidamente. Así fue cómo llegué a ser la primera persona que oyó The Long and Winding Road”.

McGivern siguió viendo a Paul, incluso viajaron juntos a la isla de Cerdeña, en Italia, pero con tan mala suerte que fueron fotografiados por unos papparazzis que publicaron la foto en el Sunday’s People y llamando a la mujer como “la nueva novia de Paul McCartney”. Ella quedó consternada. “Lo llamé por teléfono y le dije: ‘Si alguien me pregunta si es cierto, ¿qué debo responder?’ -recuerda Maggie-. Él respondió: ‘Di la verdad’. Con esas palabras, Paul volvió a desaparecer de su vida", apunta Norman.

the-beatles-1968-6

Paul seguía confuso y golpeado, aunque como señala Norman, el zurdo trataba de no descentrarse del trabajo. “Chris O’Dell recuerda cómo Paul parecía ‘un poco perdido’ en esa época, algo que compensaba dedicando todavía más energías a Apple. Había lanzado una empresa subsidiaria llamada Zapple, de la que se encargaría su viejo amigo Barry Miles, de la librería Indica, y que se dedicaría a grabar textos leídos y obras de vanguardia”.

Sin embargo, en el plano personal ya estaba sobrepasando el caos. En un momento fue tal que en su casa de Cavendish tenía tres mujeres viviendo consigo, al mismo tiempo, sin terminar de decidirse por ninguna, y por supuesto, tragándose discusiones y malos ratos. “Cuando una de las tres mantuvo una tozuda actitud de sordera ante sus insinuaciones de que su tiempo allí se había acabado, él lanzó su maleta por encima del muro hacia Cavendish Avenue”, relata Norman.

Pero ya en septiembre de 1968, tuvo una epifanía. Un momento en el que pudo encontrar el agua en la sequedad. Fue al recordar las líneas de su propia canción Hey Jude, “La has encontrado, ahora ve y conquístala”, era aplicable a él mismo. Así que decidió dejar de perder el tiempo.

Linda McCartney

“Llamó a Linda Eastman, que estaba en Nueva York, y le pidió que volviera a Londres sin demora. Ella aceptó de inmediato”, apunta Norman. Presta, Linda aterrizó, pero lo que encontró en la encopetada casa de Cavendish era más digno de un universitario soltero que de un hombre que tiene el control de su vida.

“Linda se quedó un poco desconcertada ante el desorden y la suciedad en que se había hundido la casa desde la última vez que ella había estado allí. Antes, la habían impresionado los cuadros que colgaban de las paredes; pero en ese momento era el hecho de que, entre todos aquellos artilugios de última tecnología, ‘nada funcionaba’. Lo único que encontró en la nevera fue una botella de leche llena de moho y una antiquísima cuña de queso”.

Cuando Paul apareció, le mostró la maqueta de una canción de Lennon en la que habían estado faenando, Happiness Is a Warm Gun, luego, tomó su guitarra y se puso a cantarle a su nueva compañera. “Las fans que montaban guardia las veinticuatro horas ante la puerta principal habían notado esas idas y venidas. En aquella bochornosa noche de septiembre, su paciencia les trajo una recompensa poco común: el sonido de Paul cantando Blackbird a través de la ventana abierta de la sala de música”, anota Norman. “Estaba dandole la bienvenida a Linda en su mundo de canción perpetua”. No se separarían más hasta la muerte de Linda, en 1998, a los 56 años. Un romance había nacido.

Lee también:

Más sobre:MúsicaLinda McCartneyPaul McCartneyThe BeatlesJohn LennonYoko OnoMúsica Culto

COMENTARIOS

Para comentar este artículo debes ser suscriptor.

La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.

Plan Digital+$6.990 al mes, por los 3 primeros meses SUSCRÍBETE