Sonny Rollins, adiós al coloso del saxofón que definió una era
El último de los grandes exponentes del jazz en el siglo XX falleció con la misma discreción que lo llevó al retiro en 2014. Nacido y formado en Nueva York, se vinculó a la escena del bebop, aunque exploró mucho más allá, con cruces entre el jazz, el calipso y hasta algunas colaboraciones con los Rolling Stones.
El mundo del jazz lamenta la partida de uno de sus nombres más notables, el saxofonista Sonny Rollins. Una de los últimos créditos de entre los célebres cultores del género en el siglo XX, falleció a los 95 años, según informó su familia.
“Con profunda tristeza y un amor inmenso, anunciamos el fallecimiento de Sonny Rollins. El Coloso del Saxofón falleció esta tarde en su casa de Woodstock, Nueva York, a la edad de 95 años”, informaron en un comunicado difundido en sus redes sociales oficiales. No se detallaron las causas del deceso.
Nacido en Harlem, Nueva York, como Walter Theodore Rollins en septiembre de 1930, cuando Estados Unidos sufría los embates de la Gran Depresión, se acercó a la música desde la infancia. En sus inicios fue pianista, pero luego comenzó a desarrollar su lenguaje musical en el instrumento que le daría fama, el saxofón.
Se inició en la bullente escena del jazz a fines de los años cuarenta, tocando con importantes figuras como Miles Davis, Thelonious Monk y Bud Powell. Su talento con el instrumento era notable y pronto se hizo fama de ser un notable improvisador, con un estilo muy peculiar. Según Davis, el “coloso” se volvió “una leyenda, casi un dios para muchos de los músicos más jóvenes… era un intérprete agresivo e innovador que siempre tenía ideas musicales frescas”.
Su nombre fue vinculado al de la generación del bebop, y aunque su estilo se acercó al de ese movimiento, su saxofón de sonido grueso y audaz se expandió por variados territorios musicales. “La música que toco es demasiado amplia como para encasillarla en un solo estilo”, declaró en 2002. “Cada vez que cojo la trompeta, quiero escuchar algo nuevo”.
Como otros contemporáneos, cayó en la adicción a la heroína lo que le llevó a cometer un robo, por el que pasó 10 meses en la prisión de Rikers Island en Nueva York. Logró recuperarse hacia mediados de los 50, cuando publicó algunos de sus trabajos más inspirados. Fue en 1956 que lanzó Tenor Madness, álbum que incluía su única grabación junto a John Coltrane. Ese mismo año publicó Saxophone Colossus (cuyo título hacía referencia tanto a su imponente estatura física como a su creciente talento artístico).
En 1959 sorprendió con una decisión inusual. Estando en la cumbre de sus capacidades dejó de grabar y presentarse en vivo y se dedicó a tiempo completo a tocar el saxofón en el puente de Williamsburg. El lugar tenía buena acústica y no tenía vecinos que se quejaran. Su imagen en el puente, de alguna manera entró en la mitología de la ciudad.
“Tocaba y tocaba para los oficinistas que volvían derrotados, frustrados y borrachos después de unas copas al salir del trabajo”, recordó años después. “Cuando hacía frío de verdad, bajaba a una licorería de chinos del Lower East Side y me subía una botella de brandy... Los oficinistas, el brandy, el rumor del río... ¿Qué más podía pedirse en este mundo? Por lo que a mí respectaba, absolutamente nada”.
Con los años, su nombre sería de los más respetados en el mundo del jazz aunque fue criticado por sumar instrumentación de rock en sus grabaciones. Tuvo alguna cercanía con ese mundo, pues en 1981 grabó algunas pistas sin acreditar para tres temas del álbum Tattoo You de los Rolling Stones, aunque declinó salir de gira con ellos.
“A menudo me critican por mi música de los 70 y 80 porque usaba ritmos marcados, guitarras y demás, pero no entiendo mucho de eso”, dijo en una entrevista de 2001. “Intentaba encontrar formas diferentes de hacer que mi música fuera relevante. Nunca me he considerado en la cima, donde no puedo tocar un calipso o un ritmo marcado”.
En general Rollins se mantuvo trabajando con nuevos valores del jazz e incursionó en fusiones estilísticas entre el jazz, el calipso y el funk. En 2004, recibió un premio Grammy a la trayectoria artística, años después en 2010 fue elegido miembro de la Academia Estadounidense de las Artes y las Ciencias y en 2014 se retiró discretamente de los escenarios al ser diagnosticado con fibrosis pulmonar.
“La razón por la que me retiré discretamente fue porque mis problemas de salud fueron graduales”, declaró a la revista del New York Times en 2020. “Me llevó un tiempo darme cuenta de que, bueno, eso ya pasó. Cuando tuve que dejar de tocar fue bastante traumático. Pero me di cuenta de que, en lugar de lamentarme y llorar, debía estar agradecido por haber podido dedicarme a la música toda mi vida”.
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