Una lluvia púrpura y fulminante: cómo Prince inmortalizó Purple Rain en una antigua estación de buses
A 10 años del fallecimiento de uno de los mayores astros musicales del siglo XX, sucedido el 21 de abril de 2016, su gran himno sigue sonando como una melodía tan épica como fenomenal. Eso sí, su origen fue mucho más simple. Hasta pudo haber sonado de otra manera.
No hay mejor sensación que estar a las puertas de un momento volcánico sin ser consciente de lo que se viene. Sorprenderse con un golpe de nocaut no inscrito en el libreto.
Les pasó a las escasas 1.500 personas que el 3 de agosto de 1983 llegaron hasta el club nocturno First Avenue de Minneapolis, en un show benéfico para para el Minnesota Dance Theatre. Pero el encuentro estaba lejos de ser sólo solidario: sería la primera vez que Prince interpretaría en vivo uno de sus himnos fulgurantes, Purple rain. No sólo eso: también lo grabaría para dejar esa versión para la inmortalidad. Aunque, claro, los presentes no tenían idea.
Prince se las había ingeniado para componer una canción que hablara de la “lluvia púrpura” casi como un momento definitivo de recogimiento, una suerte de apocalipsis pero donde el hombre finalmente se habla cara a cara con Dios y con los que más quiere. El fin de los días, pero teñido de amor y entrega.
Su idea inicial era que el tema tuviera una atmósfera country y que la cantara Stevie Nicks, con esa dulzura fantasmagórica propia de su escuela en Fleetwood Mac. De hecho, Prince le envió por correo un demo instrumental de diez minutos, para que se animara a escribir y bosquejar la letra.
Pero Nicks quedó abrumada. No podía creer lo que estaba oyendo. El sólo rugido de las guitarras la sobrepasó. “La escuché y simplemente me asusté. Lo llamé y le dije: ‘No puedo hacerlo. Ojalá pudiera. Es demasiado para mí’”.
El relato coincide con las ambiciones ampulosas del cantante: siempre fue un geniecillo bajo en tamaño pero de aspiraciones monumentales, con temas que debían envolver al planeta completo y convertirse en hits saturados de electricidad, sexualidad y sudor. Por supuesto, con el propósito de ser el número uno (mucho más grande que Michael Jackson).
Que la lluvia siga
Con la negativa de Nicks, el artista no claudicó. En un ensayo, le pidió a su banda de acompañamiento que probaran la canción. “Quiero probar algo antes de irnos a casa. Es suave”, habría dicho.
Prince también habría cambiado la estructura de la canción luego que la guitarrista debutante Wendy Melvoin, de sólo 19 años, comenzara a tocar otros acordes para acompañar la melodía. El hombre de Minneapolis estaba feliz y emocionado de escuchar una pulsión diferente: más épica, menos country. La tocaron durante seis horas seguidas y al final de esa jornada ya la tenían casi toda escrita y arreglada.
Con eso partieron al First Avenue para perpetuarla de forma definitiva. El recinto le traía suerte al músico: siempre lo elegía para probar nuevas composiciones, tomando en cuenta sus dimensiones pequeñas y por tratarse de una antigua estación de autobuses reconvertida en discoteca, un ejercicio típico de esa era.
La noche en que la grabaron, llegó con una guitarra Hohner MADCAT, una copia barata de una Fender Telecaster que había comprado por sólo 200 dólares en una tienda local de guitarras de la ciudad llamada Knut Koupe.
Un camión de grabación móvil de Record Plant estaba fuera del First Avenue, registrando de incógnito todo lo que sucedía en el interior, como una forma de pasar inadvertido ante el gentío. Tanto Prince como los músicos estaban seguros de algo: si Purple rain no salía bien, la grabarían en un estudio formal. O le aplicarían ciertos retoques para que el tema rematara en la perfección. Sin embargo, la canción salió redonda y fue directa (con algunos ajustes en el estudio) al disco.
“Sobre todo salió redonda gracias a la guitarrista Wendy Melvoin, que fue quien le imprimió ese puntito de locura, ese encogimiento de corazón a los acordes de la guitarra. Prince, a diferencia del público y a diferencia de su banda, era de alguna forma consciente de que estaban haciendo historia. Durante el concierto, entre canción y canción, le soltaba a los suyos: ‘Saben, estamos haciendo historia’. Era consciente del momento que estaban viviendo”, escribe la revista Esquire en un reportaje acerca de esa noche.
El periódico local City Pages describió la actuación de 70 minutos como el “concierto más sudoroso y conmovedor que Prince había dado hasta la fecha en su ciudad natal”. En tanto, el baterista Bobby Z, parte de The Revolution -la agrupación de Prince- afirmó: “Sin duda, fue uno de los mejores conciertos que hemos dado”. La lluvia púrpura ya había caído hasta cumplir su objetivo.
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