Educación

El rector poeta que a los 19 años creó el himno de la universidad estatal que hoy dirige

La máxima autoridad de la UFRO, que además es autor de las estrofas vigentes de las universidades de La Serena y de Talca, analiza los desafíos y la pertinencia de la formación universitaria: “Soy un convencido de que la universidad seguirá siendo pertinente, necesaria y adecuada para acompañar a la sociedad a través del tiempo”, afirma. 

Juan Manuel Fierro, rector de la Universidad de la Frontera. FOTO: PEDRO RODRIGUEZ. PEDRO RODRIGUEZ

Juan Manuel Fierro Bustos asumió como “rector de emergencia” por ocho meses a fines de 2024 de la Universidad de la Frontera, la UFRO, en Temuco, con la misión de sacar a la institución de una grave crisis económica tras detectarse un déficit de $38.000 millones, lo que provocó la renuncia de su antecesor. Luego de ese breve período, fue ratificado en el cargo por amplia mayoría hasta 2029.

Una de las consecuencias más graves de este episodio fue la rebaja en la acreditación de seis a cinco años, que instruyó la Comisión Nacional de Acreditación (CNA). Esto implicó bajar desde el codiciado nivel de excelencia al avanzado.

Fierro se tituló de profesor de Castellano cuando la UFRO era la sede Temuco de la Universidad de Chile. Luego obtuvo un magíster en Filología Hispánica y un doctorado en Ciencias Humanas, ambos de la Universidad Austral, pero nunca dejó de estar vinculado a su alma mater: fue decano de la Facultad de Educación, Ciencias Sociales y Humanidades, y vicerrector Académico.

Un episodio que confirma su ADN 100% UFRO ocurrió cuando tenía solo 19 años, al ganar el concurso para escribir la letra del himno de la naciente institución (que además integró las dependencias de U. Técnica del Estado en La Araucanía), el mismo que se entona hasta el día de hoy. De su autoría, además, son las estrofas vigentes de las universidades de La Serena y de Talca.

A un año y medio desde que tomó el mando de la UFRO, ¿cuál es la situación de la universidad?

En un trabajo conjunto con la Superintendencia de Educación se diseñó un plan de ajuste económico focalizado en el ordenamiento institucional desde el punto de vista administrativo de la gestión de los recursos, incluyendo la elaboración de un presupuesto ajustado a la realidad que teníamos, con un estricto sistema de ahorro y austeridad. Eso nos permitió ir viabilizando paulatinamente las finanzas. Y hoy estamos con una condición que nos ha permitido ir acotando el déficit. A fines de este año, creemos que terminaremos con números azules. Este plan ha significado un tremendo compromiso institucional de toda la comunidad, que sufrió esta inmerecida experiencia.

Incluso bajaron un nivel de acreditación, de excelencia al avanzado. ¿Pretende revertir esta situación?

Hemos pagado un alto costo por esta crisis. Nosotros habíamos desarrollado un proyecto para ser una universidad de excelencia y lo éramos. Estamos en proceso de apelación ante la CNA, porque quedamos en un nivel (de cinco años) donde nuestro desarrollo prácticamente demuestra que no tenemos mucho que hacer ahí. Pertenecemos a otro nivel (el de excelencia). Ya hicimos el plan de ajuste. La universidad ha respondido a ese sacrificio tomando la decisión de que ninguna medida económica afecte la viabilidad de lo fundamental de la universidad, como su quehacer formativo, investigativo, su compromiso con el desarrollo con la innovación, la tecnología y el emprendimiento, apoyando a entidades regionales. Y eso se ha logrado: mantenemos los mejores indicadores en resultados de investigación, de publicaciones, de proyectos de formación posgradual, contribución a la política pública como, por ejemplo, en salud. Entonces, nos mantenemos en muy buen nivel como institución de excelencia.

“Muchos estudiantes se preguntan si vale la pena hoy día ir a la universidad”

Desde el punto de vista de los estudiantes, ¿cómo observa lo que está pasando en general en el mercado laboral, con desafíos que son muy importantes por los cambios tecnológicos?

Estamos abiertos a un diálogo contribuyente con las empresas, con industrias de la región, con nuevos emprendimientos y con universidades internacionales que miran nuestras capacidades, con quienes somos socios muy activos. También estamos vinculados a las grandes problemáticas de la región, trabajamos mucho con los municipios, con los planes de desarrollo de los los gobiernos locales, con la provisión de capacidad de gestión tecnológica, administrativa, que se traducen en oportunidades de empleo, en emprendimientos. Y ahora estamos pensando en dar un paso, para situarnos en los desafíos de una universidad de tercera generación, para afrontar los desafíos de la tecnología, de la digitalización, de la inteligencia artificial, de las complejidades que está representando el mundo laboral, los desempeños laborales en concordancia con las formaciones tradicionales. Nos preguntamos cuánto de nuestras formaciones tradicionales tendrán vigencia en 10 o 15 años más. Lo que nos lleva en esta etapa a plantearnos un proceso de análisis, de estudio de todas nuestras formaciones, en toda la gama, en medicina, odontología, agronomía, recursos naturales, en ingeniería, en ciencia, en formación de profesores, en salud mental. En definitiva, cuáles van a ser los desafíos que vamos a tener y en qué medida nuestras formaciones van a responder a los cambios.

En este mismo sentido formativo se está dando el debate por el acortamiento de la duración de las carreras. ¿Cuál es su posición?

La primera parte de esta discusión es si las formaciones están acorde a los tiempos que corren, si son pertinentes para el mundo inmediato o de mañana. Tenemos que darnos esa tarea, y luego ver si el tiempo de formación es el adecuado o no. Esto también está relacionado con el perfil que hoy día tienen los estudiantes, porque muchos de ellos se preguntan y se plantean el tema de si vale la pena hoy día ir a la universidad o es mejor prepararse para ingresar inmediatamente a un mundo laboral, en donde a lo mejor las profesiones pudieran no tener vigencia. En mi opinión, soy un convencido de que la universidad seguirá siendo pertinente, necesaria y adecuada para acompañar a la sociedad a través del tiempo. Como rectores, hemos convenido con la Subsecretaría de Educación Superior trabajar en una comisión muy técnica para discutir la duración de las carreras. Y allí planteamos que una cosa es el tiempo de formación, otra es la pertinencia de la misma y otro caso es la regulación de lo que se enseña. Creo que en este último punto, el país debe darse un plan de cualificación del proceso formativo; por ejemplo, establecer lo que debe cumplir un ingeniero en Chile, ya sea que se forme en Arica o se forme en Magallanes, de acuerdo al desarrollo país y a los factores que va a configurar su contribución a la sociedad. La idea es tener una franja común de habilitaciones, de potenciaciones, de pertinencias transversales el ingeniero que se forma allá o acá.

¿Cómo les afecta el recorte en el financiamiento que está impulsando el gobierno?

Nosotros como institución hemos tenido que tomar decisiones parecidas; pero como dije al principio, no podemos afectar lo esencial, lo trascendente, no podemos abortar lo que le da real sentido a las universidades. No se deben afectar las características fundamentales de lo que significa la gran misión de la formación universitaria y la gran contribución que la universidad debe dar a través de sus procesos formativos y de todos sus quehaceres complejos a la configuración de un mundo mejor.

“Jugamos un rol fundamental en la Región de la Araucanía”

¿Cuál es la contribución que hace la Universidad de la Frontera en una región tan compleja como La Araucanía, que posee altos índices de pobreza y de ruralidad?

Jugamos un rol fundamental, trascendente, muy significativo, especialmente la Universidad de la Frontera en la Región de la Araucanía, que es compleja, en la cual existe, sin duda, un problema histórico que todavía nos afecta. Los factores de ruralidad y de características socioculturales y humanas de la región están muy vinculados a los componentes productivos tradicionales que la zona ha tenido, siempre muy vinculados al tema agropecuario. La región durante un tiempo fue considerada el granero de Chile. Luego ya salía muy caro sembrar trigo y más barato comprarlo en el extranjero, lo que significó un cambio fundamental y se empezó un proceso de reconversión agroalimentaria. La producción agrícola genera trabajo, pero estacional, especialmente en los tiempos de cosecha, que son distintos al de mantención y de siembra.

¿Cómo ve el desarrollo industrial en La Araucanía?

El otro factor importante de la economía son los negocios, el mercado, el retail, atender las lógicas de consumo, pero no tenemos grandes desarrollos industriales en ese orden, ni tenemos la capacidad de agregar valor a los productos que generamos en la región. La universidad juega un gran rol en aquello. Contamos con incubadoras de negocios, emprendimientos de innovación y transferencia tecnológica de nuestras capacidades. Estamos invirtiendo todos nuestros esfuerzos en formación de capital humano avanzado, y muchos de ellos provienen de la región y se quedan trabajando y estimulando el trabajo en la región, impulsando la capacidad de masa crítica.

¿Y cómo se traduce eso en hechos concretos?

Tenemos hoy día una cantidad de publicaciones de nivel nacional e internacional con muy buena catalogación en los rankings, un conocimiento que va creciendo producto del trabajo de nuestros investigadores y de los laboratorios que hemos creado. Eso ha permitido el nacimiento de instituciones internas que son palancas de contribución al desarrollo humano y al desarrollo económico de la región. Me refiero a centros de investigación, núcleos de investigación en el área de la salud, en biorrecursos y en ciencias sociales. Tenemos un gran centro de investigación con tecnología de primer nivel, que solamente tres o cuatro universidades en Chile tienen, producto de la capacidad humana. El impulso que se le ha dado a la producción agroalimentaria, a las capacidades de la tierra, al uso adecuado y al cuidado de los productos, de las potencialidades hídricas, al pensamiento y a la evidencia de cómo aprovechar nuevas oportunidades energéticas. Estamos trabajando con agricultores, con industriales y con pequeñas empresas.

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